Cuando el discurso nos alcance…

ENRIQUE JUÁREZ C.
Consultor en Comunicación y Relaciones Púbicas

En octubre pasado se mencionó que era importante tener cuidado con el discurso, con la comunicación que estaba usando, en ese entonces, el candidato Donald Trump; pero que aún era más importante que los medios, que los líderes de opinión no le hicieran, como dice el dicho popular “el caldo gordo” pues su mensaje estaba creciendo y lo que parecía y sigue siendo un discurso perverso y radical, logró permear en una sociedad ignorante y cansada de la situación en su propio país, legitimando -a través del proceso electoral- a este personaje como el nuevo presidente del país más poderoso del mundo.

El resultado, es la combinación de muchos factores, pero sin duda, uno de los más importantes es la práctica de una comunicación repetitiva, taladrante y con mensajes provocativos. Consistencia y repetición ante un público que no necesitaba más que una frase permanente cargada de odio hacia las minorías para exaltar los ánimos. Sin duda, otra vez el poder de la comunicación y la propaganda, queda demostrado en todos los niveles.

¿Habrá sido una estrategia bien planeada? Hay quienes ponen en duda esto, ya que la mente de un líder ignorante podría sugerir la carencia de una estrategia, pero lo cierto es que, lamentablemente para muchos, su equipo se dio cuenta del enorme impacto que tenían los mensajes de un candidato carente de conocimientos, de cultura, de carisma, de diplomacia… carente de todos estos valores, pero consistente en el mensaje. Para su fortuna, se trató de un mensaje directo que encontró la resonancia necesaria entre millones de estadounidenses que carecían también de estos atributos como lo hacía su líder, situación muy peligrosa.

Se trató de una campaña muy inusual, muy peculiar, pero con una comunicación eficaz como pocas. Fue una campaña política centrada en un solo mensaje: un discurso de odio, que tristemente representó un banquete para los medios de comunicación que llenaron sus espacios con el único mensaje que dio a conocer Trump, todos y cada uno de los días de su campaña. No podemos negar que es el caso de una campaña exitosa, una muestra del poder de la propaganda en su sentido más elemental.

El poder de la comunicación, el poder de los medios, el poder de la venta, el poder del morbo, el poder de una sociedad que ya se conforma con poco en materia de información y que cada vez más se aleja de la disertación, del análisis inteligente y argumentado es un triste reflejo de nuestra actualidad.

¿Por qué una campaña política consistente en su mensaje de odio, pudo más que una campaña un poco más argumentada, con propuestas más desarrolladas e incluso con el apoyo de la gran mayoría de los medios masivos? ¿Qué le falló o le faltó a Hilary, cuando incluso las encuestas días antes decían que el resultado sería indiscutiblemente a favor? Hasta ahora nadie ha podido contestar de forma contundente.

El deseo del mundo y de millones de mexicanos y de estadounidenses que no votaron por Donald Trump es que el inicio del 2017 traiga más certezas que dudas, pues el candidato electo no cuenta con propuestas desarrolladas en campaña… poco se habló de estrategias comerciales, internacionales, sociales, culturales, políticas, etc. Ganó quien menos propuso, pero más encendió los ánimos. Son muchas dudas del futuro, para México, pero también para el mundo y para el propio Estados Unidos en una elección que seguirá siendo un autentico caso de estudio para los profesionales de los medios, de la comunicación y de la política.

Extraño caso que nos enseña el enorme poder que hoy más que nunca tiene la comunicación. Por fortuna, mensajes como el del próximo presidente de Estados Unidos, funcionan muy pocas veces y suele imponerse más una buena estrategia con propuestas. Sin embargo, la propaganda en su estilo más puro, la comunicación en su sentido más básico y emocional, aún pueden conquistar el mundo.

En Twitter: @enriquejuarezc