La sacudida de México y la sociedad

ENRIQUE PRESBURGER
Director General de Factor Exprés

Y sucedió entonces que nuestro país se sacudió nuevamente un 19 de septiembre, fecha cargada de coincidencias e ironía, un par de horas después del simulacro anual conmemorativo que nadie suele tomar en serio. Vivimos una tragedia que se traduce en más de 280 muertos. Se suman a esta cifra más de 100 desaparecidos y más de 1,000 heridos que emergen entre los de 39 edificios colapsados y más de 1,500 estructuras dañadas.

No obstante, el terremoto sacudió mucho más que la tierra que pisamos, sacudió a la sociedad civil mexicana. Por primera vez es muchos años, decidimos como pueblo tomar un protagonismo absoluto en México. Las redes sociales sustituyeron así a los noticieros, y ni siquiera las crónicas falsas, como el gran show de Frida Sofía, fueron suficientes para desalentarnos y distraer nuestra atención. Esto porque simplemente ya no necesitamos a los grandes medios para informarnos, pues hemos entendido que si actúan sin ética es su problema, y que no nos representan.

Poco nos ha importado también el poco involucramiento de los políticos y sus partidos, pues las brigadas, los canales de distribución de víveres, el control de vialidades, y los centros de recaudación de fondos, son controlados en su abrumadora mayoría por civiles: empresas, asociaciones, colegios y hasta residenciales. Tampoco dependemos de las grandes trasnacionales y corporativos. De hecho, la mayoría de los donativos, en dinero y especie, han venido de personas físicas, de mexicanos de a pie comprometidos con su país.

Las historias individuales nos marcarán por siempre. Nunca olvidaré la noche en que llegué a un supermercado y descubrí gente que no se conocía armando paquetes de ayuda en el piso. De igual manera, fui testigo de la cadena humana más grande que jamás vi en una universidad privada, donde cientos de voluntarios a plena madrugada acomodaban cajas de víveres interminables que no cesaban de llegar.

También pude portar un chaleco en zonas de desastre, en medio de filas de brigadistas con una edad promedio que sin duda no superaba los 28 años de edad, en un desborde de energía que me recordó que México es un país de jóvenes. Los “chats” en el teléfono no han dejado de sonar, en este vaivén de mensajes de solidaridad donde todos tienen algo que dar, donde como colectivo alzamos la voz y la mirada entre cada texto compartido escrito.

México ha despertado. Esta generación de milenials, etiquetada como egoísta e individualista, viene a mostrar al mundo su verdadera identidad: Un colectivo cohesionado, autosuficiente, incansable las 24 horas, hambriento de dar significado a su vida y de hacer una diferencia. La sociedad civil ha tomado las riendas de México.

Ahora, el reto, será no soltarlo, y entender a conciencia que somos nosotros los que decidimos el tipo de líderes y país que queremos. Se acabaron los memes apáticos, la resignación ante los líderes políticos y la desesperanza de lo que “así siempre ha sido”. Hoy más que nunca, sacudidos hasta los huesos, es momento de gritar nuevamente ¡Que Viva México!