Ayuda sólo inunda colonias de alto valor en la CDMX

Víveres y voluntarios se aglomeraban en los centros de acopio de las colonias más acomodadas y accesibles de Ciudad de México tras el brutal terremoto del martes, en una muestra de solidaridad que ha contrastado con los esfuerzos del Gobierno para ayudar a las víctimas más necesitadas.

En Roma y Condesa, dos de los barrios de moda en la capital, cientos de voluntarios están prestos para ayudar a cavar en busca de sobrevivientes que puedan seguir atrapados bajo los escombros. En los últimos días, sin embargo, han estado menos activos.

Otros han llevado agua y comida para los rescatistas y/o para las miles de personas que quedaron sin hogar. Sin embargo, se han encontrado con que ya hay demasiado alimento disponible.

Mientras tanto, en los barrios más pobres de las afueras de la capital, la ayuda era menos abundante y algunas víctimas indican que aún no habían recibido ayuda del Gobierno.

En el dañado vecindario Del Valle, Marcela Sánchez, de 48 años, llegó en busca de ayuda después de que perdió su casa por el sismo en Nezahualcóyotl, en el Estado de México, adyacente a la capital.

“Nosotros no hemos recibido ayuda”, dijo. “Los que trabajamos en la Ciudad de México hemos llevado ayuda al Estado. Ojalá que nos pudieran ayudar”, comentó.

La respuesta del Gobierno al desastre está bajo estrecho escrutinio, previo a las elecciones presidenciales del próximo año, así como también la desigualdad de las operaciones de socorro y la falta de coordinación entre las autoridades.

“Hay bastante (provisiones y ayuda). Lo único que falta aquí es la administración de emergencias”, dijo Roberto Hernández, fundador de “Los Topos”, un escuadrón de rescate civil que surgió espontáneamente en 1985 tras el mortífero sismo.

La respuesta del Gobierno está siendo organizada por la Coordinación Nacional de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación.

DESCOORDINACIÓN

Funcionarios, policías, soldados y marinos, así como rescatistas extranjeros y hordas de voluntarios civiles han participado en la búsqueda de sobrevivientes y cuerpos.

Pero la enorme tarea logística de ordenar esos recursos parece poca. La coordinación entre las diferentes autoridades ha sido complicada y los voluntarios se quejan de que reciben órdenes superpuestas, frustrando los esfuerzos de socorro.

Mientras los rescatistas trabajan 24 horas en los sitios de desastre, decenas de fuerzas policiales y militares se quedan sin ninguna tarea aparente, a veces sólo de pie, inactivos.

Hernández, de Los Topos, se quejó de la lentitud de la limpieza de escombros en un edificio de oficinas colapsado en la Roma. Mientras los rescatistas trabajaban encima de las ruinas, decenas de policías y soldados parecían tener poco que hacer.

“Hay que romper las losas y bajar las losas para encontrar los cuerpos o sobrevivientes. Eso lo hicimos hace 32 años y salvamos a 137 personas”, dijo Hernández. “Mira (a los policías). Cada uno de ellos ahí está dispuesto a llevar por los menos dos piedras”, agregó.

En los estados centrales Morelos y Puebla, cercanos al epicentro del terremoto, en algunos poblados las víctimas dijeron que el Gobierno no había llegado. En su lugar, caravanas de voluntarios viajaban desde la capital transportando ayuda para las poblaciones más remotas.

En vecindarios relativamente cercanos, como San Gregorio, en el sur de la capital, donde muchas de las modestas casas de adobe y ladrillo se desmoronaron o se agrietaron y los daños en las carreteras han impedido el acceso, residentes se quejaron de que la ayuda era lenta y no tan abundante.