2018: el castigo que viene

SERGIO TORRES ÁVILA

Es una realidad contundente: la población cuestiona cada vez más a los políticos. Hoy que contamos con más fuentes de información, existe una ciudadanía más despierta. La sociedad, es cierto, es poco participativa, pero sabe que con su voto puede dar un castigo político. Cada elección, además de por un proyecto de gobierno o por un candidato atractivo, se vota por el rechazo ante una mala gestión. Es el voto de castigo.

¿Qué perspectivas tenemos rumbo a las elecciones federal y estatales de 2018, las más grandes y complejas de la historia, en las que estarán en juego más de 3,300 cargos? ¿Habrá una participación mayoritaria de la población en rechazo al régimen priista o el aparato volverá a construir un candidato oficial atractivo que logre los votos suficientes para retener el poder?

La reciente asamblea tricolor dejó en claro que Enrique Peña Nieto, como gran Elector, esperará, fiel a su costumbre, hasta el último minuto para designar a su delfín. No podemos saber tampoco aún cuál será el candidato, o candidata, del PAN. De la única candidatura que estamos seguros es la de Andrés Manuel López Obrador, el aspirante de MORENA.

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Así que, en ausencia de candidato priista o panista con los cuales carear a AMLO, podemos hacer el ejercicio prospectivo de analizar si el que fue voto esperanzado por EPN en 2012 se convertirá en voto de castigo en beneficio de AMLO. Analicemos el voto retrospectivo, veamos quién votó por Peña Nieto, para extraer algunas conclusiones en relación con López Obrador.

En 2006 AMLO obtuvo menos de 15 millones. En 2012 menos de 16 millones. Hoy ha declarado que va por 20 millones de votos. Asumiendo que mantuviera la base de 2012, ¿de dónde vendrán los 4 millones de votos extra que requerirá para lograr su ambicioso objetivo con un alto abstencionismo y el desencanto popular con la política mexicana?

La principal diferencia es que hoy AMLO tiene un gran aliado, que no tuvo en 2006 y 2012: la mal valorada y poco aprobada gestión priista del sexenio. El voto de castigo al PRI, es la gran herramienta con la que no contó antes López Obrador. AMLO tendrá nuevas armas discursivas en búsqueda de los votos necesarios para lograr el triunfo. Además de la mafia del poder, la honestidad valiente, el PRIAN, y muchos otros tópicos de su añejo discurso, tendrá a su disposición un mensaje avalado por las encuestas: la mala administración peñista, el regreso del PRI que solo provocó un nuevo derrumbe de la credibilidad de la institución presidencial. Y nadie como AMLO para criticar al gobierno.

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Pero, ¿quienes pueden ser los nuevos votantes proAMLO, o los antiEPN? Para responder, veamos quién sí votó por EPN en 2012. Quienes creyeron en aquel entonces que la restauración priista era lo mejor para el país.

Según la encuesta de salida del Grupo Reforma el 2 de julio de 2012, las mujeres, los mayores de 30 años y los habitantes rurales fueron los que votaron en su mayoría por Peña Nieto. Mientras que los electores con mayor nivel educativo y los jóvenes, votaron mayoritariamente por López Obrador. Analicemos entonces cómo dos de los sectores pro EPN de aquel entonces, y uno pro AMLO, podrían repetir o cambiar su voto en las nuevas circunstancias: las mujeres y los habitantes del medio rural, por un lado, y los jóvenes por el otro.

En 2012, 41% de las mujeres votó por EPN, mientras que sólo 29% lo hizo por AMLO. Es cierto que el carisma y la fuerte campaña de imagen del candidato priista influyeron en el voto femenino. Nos preguntamos si en 2018, una vez acabada la luna de miel, ellas votarían nuevamente por el PRI. Esto depende del candidato y su plataforma, obviamente, pero también de si las políticas públicas enfocadas a la mujer, y los temas que más les interesan a ellas, se han diferenciado positivamente lo suficiente para lograr que ellas confíen nuevamente o decidan votar en castigo. ¿Se ha destacado este sexenio como benéfico para las mujeres en particular?, es difícil sostenerlo.

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Por otra parte, Peña Nieto obtuvo 44% de los votos rurales, AMLO recibió el 29%. 15 puntos de diferencia explicados por el control de la maquinaria electoral priista en tierra, particularmente efectiva en las regiones rurales, donde las prácticas de compra y coacción del voto es mayoritario. ¿Resultados positivos para el campo este sexenio? Nada relevante. El control del aparato electoral priista se mantiene y no se ve en el horizonte una revuelta campesina ante el status quo político.

En cuanto a los votantes de AMLO, hay un sector muy interesante. Los jóvenes menores a 29 años, que hoy son casi 2 millones más. Si consideramos que entre ellos se encuentra el sector más crítico al régimen priista, es en este segmento poblacional donde podría estar la balanza que necesita AMLO para acercarse a su meta de los 20 millones de votos.

La gran área de oportunidad para López Obrador son los jóvenes y los sectores críticos con el PRI, que hoy son más que antes, unos y otros. Sin embargo, si bien el humor social está de su lado, tendrá que convencer con un nuevo discurso. Implementar una estrategia que lo haga conectar con las aspiraciones de aquellos desilusionados con el actual gobierno federal, particularmente con los jóvenes, los más escépticos de todo lo que huela a política.

AMLO puede ser el gran beneficiario del voto de castigo en 2018, siempre y cuando no repita los mismo errores de las pasadas dos elecciones presidenciales, que podemos resumir en lo siguiente: no se logra ser presidente de México con menos de 20 millones de votos, y para obtenerlos, hay que saber sumar, no restar.