Acoso sexual, crimen invisible

Teófilo Benítez Granados, Rector del Centro de Estudios Superiores en Ciencias Jurídicas y Criminológicas (CESCIJUC).

Aunque una de cada tres mujeres sufre acoso sexual en el trabajo, es un problema que se pasa por alto en más del 98%. Se trata de un fenómeno que genera en la víctima baja autoestima, descenso de al menos 33% de la productividad, accidentes laborales y enfermedades psicosomáticas.

Repercute en mal clima de trabajo y desánimo generalizado por favoritismo y falta de ética en el lugar de trabajo. Aunque hay más casos de violencia contra las mujeres, en proporción 90 a 10, también existen víctimas masculinas.

Prevalece a nivel mundial, no sólo en nuestro país. En Estados Unidos, por ejemplo, se comenzaron a divulgar casos que señalaron como perpetrador al ahora presidente del país, Donald Trump, y después aparecieron múltiples historias en el ámbito cinematográfico.

Es un problema antiguo. En la historia encontramos un caso de acoso sexual ejercido por el propio Rey David, por ejemplo.

Ahora, el acoso sexual es un problema en el que la víctima se culpa de la conducta inapropiada de su acosador. Asume, erróneamente, que ella propició el problema. Como muchos crímenes sexuales, existe revictimización. La sociedad se encarga de culpar a quien padece acoso.

De alguna manera, esto explica que sólo se denuncie en México uno de cada 100 casos. Sin embargo, la verdadera impunidad del acoso sexual laboral parte de la mimetización del delito. No lo vemos, y por ende, no somos conscientes de él.

Paradójicamente, nuestra cultura está plagada de ejemplos de este crimen. En la película Los Miserables basadas en la novela de Víctor Hugo, atestiguamos diversas escenas de violencia laboral contra hombres y mujeres. Incluso ejercidas por un grupo de mujeres a una compañera de trabajo.

En la vida cotidiana pasamos por alto el acoso sexual laboral, como si fuera parte de una política aceptada y de la que debemos dejar que prevalezca y predomine en la memoria colectiva. Un vicio oculto, peligroso y pertinaz que no enfrentamos.

¿En qué momento nos convertimos en cómplices de este delito, cuándo asumimos que era parte de la cultura empresarial, por qué permitimos que el intercambio de favores sexuales y vejaciones prevaleciera en la cultura laboral?

Es necesario ver y concientizarnos. Si no somos capaces de vislumbrar un fenómeno dañino que nos afecta a todos como sociedad, no podremos emitir un juicio condenatorio que desaliente su práctica.

Durante el primer foro Rumbo a una vida libre de violencia hacia las mujeres y avences en la impartición de justicia, realizados en la Cámara de Diputados, enfaticé la importancia de visualizar este problema, de que reflexionemos sobre un acoso que nos lastima a todos.

El primer paso para erradicar un crimen es verlo, concientizarlo. Si pasa desapercibido, si lo mimetizamos, andaremos a ciegas en un mundo de crimen y violencia. Percatarnos de un problema es el inicio de su erradicación. Ver es sanar.