La muerte de último Rinoceronte Blanco del Norte

Por: Enrique Presburger

En una nota que pasó casi desapercibida en medios tradicionales, se dio a conocer la triste noticia de que murió “Sudan”, nombre que se dio al último rinoceronte macho blanco del norte; y que vivía en una reserva en Kenia tras ser rescatado de un zoológico. Sudan era de hecho el último rinoceronte blanco del norte que nació en estado salvaje; en el año de 1973.

Con esto, quedan solamente dos hembras vivas de dicha sub-especie, que espera lentamente su extinción o el milagro de una fecundación in-vitro que en años no pudo ser consumada.
Esta muerte resulta emblemática al revelar cómo es que el ecosistema de nuestro planeta puede ser manipulado cuando gobiernos específicos permiten que se trafique ilegalmente para satisfacer la demanda de su población; aún si esto significa penetrar y saquear ilegalmente a otros países.

Hoy sabemos que fue completamente aniquilada la población de Rinocerontes Blancos del Norte en países enteros como Uganda, República Centroafricana, Sudán y Chad por las siguientes razones:
1. El cuerno de rinoceronte blanco es considerado por la medicina tradicional China como afrodisiaco
2. En Vietnam, se extendió el rumor de que el cuerno de rinoceronte blanco curaba el cáncer.
3. En Yemen, se utilizó el cuerno de rinoceronte blanco como ornamento para hacer cuchillos de caza de colección.

En la actualidad, hay cinco especies de rinocerontes en el mundo que todavía sobreviven. En África viven el rinoceronte blanco del sur y el rinoceronte negro; mientras que en Asia están el rinoceronte de Java, el de la India y el de Sumatra. No obstante, estas especies también están siendo atacadas, y se estima que cada año mueren unos 1.200 de estos animales por la caza furtiva descontrolada, donde se llevan el cuerno y abandonan el cuerpo en el campo.

La extinción irremediable del Rinoceronte Blanco del Norte, nos muestra como la corrupción internacional por el tráfico de mercancías puede tener un efecto contundente. Todo comienza por un gobierno receptor corrupto que acepta dinero a cambio de permitir prácticas ilegales. Le sigue a esta tragedia un consumidor que está dispuesto a pagar en un mercado ilegal la mercancía deseada, y por supuesto un vendedor que antepone su bienestar económico a su moral. Por último, cierra la cadena un gobierno local también complaciente, que tolera el tráfico ilegal en su territorio y se deslinda de responsabilidades.

América Latina también es especialista en tráfico ilegal de especies y minerales a cambio de unos cuantos pesos. Basta echarle un ojo en México a la selva de Chiapas y a los ríos subterráneos en Puebla para darse cuenta de que seguimos exactamente el mismo patrón.
Este tipo de cadenas de corrupción tienen consecuencias irreversibles. Por eso hay que denunciarlas, y concientizar a las siguientes generaciones.