Información e Inocencia

Por Keiko Sashida Aranda

Inocencia

1. f. Estado del alma limpia de culpa.
2. f. Exención de culpa en un delito o en una mala acción.
3. f. Candor, sencillez.

Información

1. f. Acción y efecto de informar.
2. f. Oficina donde se informa sobre algo.
3. f. Averiguación jurídica y legal de un hecho o delito.
4. f. Pruebas que se hacen de la calidad y circunstancias necesarias en una persona para un empleo u honor. U. m. en pl.
5. f. Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.
6. f. Conocimientos comunicados o adquiridos mediante una información.
7. f. Biol. Propiedad intrínseca de ciertos biopolímeros, como los ácidos nucleicos, originada por la secuencia de las unidades componentes.
8. f. desus. Educación, instrucción.

Las personas que nos maravillamos con el Internet sabemos que tener un mundo de información al alcance de nuestras manos es una herramienta que satisface nuestra curiosidad de manera casi inmediata. Y esto lo valoramos mucho las personas que fuimos testigos de su creación y crecimiento. Para las generaciones que nacieron con esto ya es un genérico parte de su modo de vida. La curiosidad en ellos se acaba en segundos.

Como cualquier herramienta, el Internet no es bueno ni es malo, sino que depende del uso que se le dé. El alcance de un clic es tan sencillo que se puede caer en una tentación. Y de pronto una persona no preparada para lo que sigue, se puede encontrar con imágenes o textos que pueden dañar su integridad, borrar su candidez o ensuciar el alma con culpas, afectando su inocencia. Existen contenidos que no se olvidan en toda la vida. Y si esa persona tiene la edad de un niño o un adolescente que no procesa adecuadamente la información por no tener la madurez necesaria afectando fuertemente su psique.

Alejandro Solzhenitsyn, escritor e historiador ruso, Premio Nobel de Literatura en 1970 decía: tengo derecho a no saber. Eso es un límite sano para marcar la diferencia entre el yo y el nosotros. Todos podríamos cerrar o abrir la puesta de información a conocer. Los padres se encargan de filtrar los contenidos inapropiados para sus hijos para su salud mental y social. Esta práctica se hace casi imposible debido a los múltiples dispositivos y diversas experiencias que tienen con ellos. Y el filtro se rompe. Entonces la inocencia se pierde. En ocasiones, sin tener siquiera conocimiento de haberlo hecho.

Se entiende que un adulto podría tener la capacidad de auto regularse dentro de la triple doble u, o tiene un callo llamado experiencia que puede suavizar la percepción de lo que pueda encontrarse. No así con adolescentes o niños. Buscando una solución a este problema, se regresa a los principios. No es fácil. La solución es otorgarles a ellos las bases fuertes para que tengan el poder de decidir prescindir de información que ensucie el alma. Y después de eso, confiar. Muchas veces no se logrará el objetivo y entonces ellos deberán clasificar esta experiencia como una de una mala decisión y, de esto, también se aprende, aunque poco a poco se va perdiendo inocencia.