1 de julio, el cambio que viene o que ya se dio

Enrique Presburguer Cherem

Este domingo México vivirá uno de los procesos electorales más importantes en su historia. Hay varios elementos importantes, como el hecho de que quizá, por primera vez gane la presidencia el candidato de un partido que presenta una plataforma abiertamente de izquierda. También el proceso es especial, porque el escenario político ante dicha victoria es incierto y las consecuencias esperadas van desde un México que se limpia de corrupción, hasta un “nuevo" Venezuela.

Las elecciones se dan en medio de un país polarizado, desesperado por cambiar, y hastiado de la corrupción. La raíz del escenario electoral actual no son los candidatos, sino el deterioro propio de México. Las elecciones son la consecuencia de un México que ya cambió, sobre todo en este último sexenio de manera contundente:

Cambios Políticos

Reconfiguración partidista. En México se reconfiguraron los partidos políticos. Desapareció el PRD, el PAN se colapsó internamente y el PRI perdió toda credibilidad. Así, nos enfilamos al futuro de un sistema bipartidista que cambiará a un solo partido de izquierda, y uno de derecha que recogerá los restos del PRI y el PAN de alguna manera.
Cambios Económicos

Deterioro macroeconómico. Peña Nieto llevó la deuda del país de un 22 a un 50% del PIB. Nos llevó el dólar de 14 a 20 pesos, nos llevó a récord de deuda externa, incremento en pago de impuestos, altas tasas de interés, inflación y bajo crecimiento. El país está sumido en gasto y nulo crecimiento; situación que impactará a muchas generaciones antes de revertirse.

Cambios Sociales

Rompimiento del tejido social. A pesar de que México tiene más jóvenes que nunca, con un promedio de edad de 26 años, nos encontramos en nuestro peor momento como sociedad civil. Con récord en homicidios, 60% de informalidad laboral, e instituciones de seguridad social quebradas, nos dirigimos a un país de mayores brechas sociales y salariales que de manera inminente crearán una atmósfera de inseguridad y enfrentamientos.

Así, es importante que entendamos que el escenario de estas elecciones no es el resultado de la personalidad o discurso de los candidatos, sino del daño estructural que vive nuestro país y que es verdaderamente insostenible. Gane quien gane, la conclusión es fuerte y clara: Necesitamos definitivamente un mejor país.