¿Cómo enfrentará México la crisis por Trump?

IGNACIO ROMÁN
Economista y profesor del ITESO. Doctor en Estructuras Productivas

No importa la época o el lugar en que se dé, cualquier crisis conllevará ganadores y perdedores. El problema de los factores que se están acumulando este 2017 es el desequilibrio propiciado por las crisis económica y política que atraviesa México, las cuales están dejando muchos más perdedores.

Es tal la incertidumbre en relación con varios ingredientes clave para la economía mexicana (el peso, Pemex, la volatilidad de las tasas de interés, el endeudamiento de millones de ciudadanos, las amenazas de Donald Trump, el aumento del precio de las materias primas importadas y el crecimiento de la desigualdad) que se vislumbra la posibilidad de que estos tiempos sean, a largo plazo, un verdadero parteaguas a escala mundial.

Estamos ante la gran oportunidad de mostrar el fracaso de las políticas de liberalización de los últimos 35 años y de poder, auténticamente, implementar una lógica de pensamiento distinto. Y es que, Trump no es el problema, sino un síntoma.

Los resultados que estamos viendo no son producto del aumento a la gasolina, no son producto de que Trump haya ganado, no son producto de ninguna circunstancia coyuntural inmediata. Tenemos un problema de estructura que lleva muchísimo tiempo. Es una oportunidad de cuestionarlo y enfrentarlo para construir realmente algo diferente.

Esto en lo que se refiera al largo plazo. Sin embargo, el análisis a corto y mediano plazo sí le permite revisar cómo algunos sectores productivos sobrellevarán mejor que otros el actual temporal.

Un primer beneficiario es el productor de bienes nacionales con bajos componentes de importación y que le venda al mercado interno: empresarios pequeños y que no estén seriamente endeudados con los bancos, artesanos, agricultores, productores de alimentos, muebles o textiles.

Otros beneficiarios directos, siempre y cuando no haya deportaciones masivas, son los millones de familiares de mexicanos que envían dinero desde Estados Unidos.

Estamos en un momento récord en la historia de México de envío de remesas [entre enero y septiembre de 2016 se rebasaron los 20 mil millones dólares, el mayor flujo desde 1995], así que puede haber una dinamización de inversión en las comunidades receptoras.

¿Y si pensamos en nuevos productos y servicios?

Estados Unidos ha sido siempre el principal mercado para la industria mexicana, la cual ha concentrado su producción en muy pocos sectores: automotriz, derivados del petróleo, cultivos de exportación y microelectrónica. Esta crisis es un buen momento para echar a andar la creatividad.

Lo anterior genera una economía profundamente vulnerable. La posibilidad de diversificar ojalá pudiera lograrse. Por ejemplo, preferiría un estado de Jalisco más productor de maíz otra vez que productor de berrys o frambuesas.

Otra ruta que valdría la pena que recorrieran autoridades y ciudadanía es la de pensar, antes que en mercados internacionales, en priorizar lo que necesita el país, porque cuando hay una crisis lo primero que se derrumba es el gasto de inversión, lo último que se cae es el consumo de alimentos, esto es una obviedad.

Orientémonos a satisfacer las necesidades nacionales en cualquier tipo de producto, empezando por la producción de aquellos bienes que directa o indirectamente contribuyen a satisfacer la canasta básica: alimentos y bebidas, textiles, maderas o la reestructuración de la industria petrolera en función de las necesidades nacionales en lugar del negocio de colocación internacional, que ha sido desastroso.

Los que sí deben tener mucho cuidado son los tarjetahabientes, subraya el economista, porque la concentración de riqueza en pocas manos que ya sufre el país podría agudizarse.

Unos que van a ganar mucho son los grandes corporativos financieros. Hoy, unos 13 millones de tarjetas de crédito circulan en México, y este es el principal instrumento de crédito a tasa variable. ¿Cuántos mexicanos no estamos endeudados con esas tarjetas? ¿Qué va a ocurrir cuando miles no puedan pagarlas por el aumento de las tasas de interés? Ahora es mucho más fácil que el banco se cobre las garantías y se irán directamente a embargar casas, departamentos, autos, terrenos.

El sector turismo podría verse beneficiado debido a la devaluación del peso y lo barato que resulta el país para los visitantes extranjeros, pero que para que esas ganancias no se queden en los bolsillos de los grandes emporios hoteleros internacionales como RIU, Hyatt, Hilton, etcétera, es indispensable establecer estrategias que fortalezcan al empresario local.

Si se desarrollase un turismo mucho más ligado a pequeños hoteles y restaurantes o al turismo cultural sí podría haber un impacto muy positivo.

¿Compro dólares?

¿Qué recomienda un economista en este sentido? ¿Es esta una medida que beneficie a la economía nacional o únicamente a quien adquiere los billetes verdes?

Normalmente no sugiero compra de dólares, no porque no convenga a nivel individual, sino porque entre más sugiramos comprar divisas, más estamos propiciando niveles mayores de devaluación.

Cuando históricamente los gobernantes en México han dicho que el peso no se va a devaluar más y que tenemos fortaleza, lo peor que pueden hacer es decir que las cosas están tronando, aunque así sea, porque es el aviso para que todos digan “vámonos”. Y para muestra, el “Error de diciembre”.

Jaime Serra Puche, entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, cambió la banda de flotación del peso mexicano de 3.50 a 4 pesos, fue como decir: “Adiós, fuga, ya no hay dinero”, y a los tres días el dólar estaba arriba de los siete pesos.

En este mismo sentido, Román cuestionó el comportamiento de Agustín Carstens en sus últimos días como gobernador del Banco de México, al que renunció el 1 de diciembre, justo después de la victoria de Trump.

Lo que hizo Carstens fue irresponsable y propició una devaluación mayor. Prefiero al Carstens que decía “la crisis de 2008 va a ser un catarrito’”al que dice “con Trump esto va a ser un terremoto, un huracán y un tsunami”. Al decir eso dio el banderazo de salida para que se fuera todo el dinero”.