Consumidores mexicanos, más pesimistas que en 2008

FONDOS SURA

En las últimas semanas, la incertidumbre que prevalece en el ambiente nacional, producto de las posibles consecuencias de una nueva relación bilateral México-Estados Unidos, ha permeado en las expectativas de los consumidores mexicanos a niveles sin precedentes; sin embargo, ¿qué tan importante es el rol del consumo privado dentro del futuro económico de nuestro país?

Empecemos por mencionar que el consumo privado representa cerca de la mitad de la demanda agregada; es decir, las familias mexicanas consumen cerca del 50% de la oferta global de artículos disponibles, independientemente de su origen. Y con prácticamente toda la información económica ya divulgada, es casi un hecho que el crecimiento económico de 2016 se mantuvo a flote gracias al consumo privado, pues la inversión privada se encuentra estancada y las exportaciones tuvieron una contracción en el año (a pesar de la mejoría en el déficit comercial).

El impacto del rol del consumidor en la economía cobra mayor relevancia si se toma en consideración que la última lectura del Índice de Confianza del Consumidor, publicado por el Inegi, mostró que el índice general y todos sus componentes tuvieron retrocesos considerables. Si bien la tendencia de deterioro inició desde mediados de 2016, la cifra de enero terminó por validar que el consumidor mexicano se encuentra más pesimista sobre su situación actual y sus expectativas de corto plazo que en la crisis económica de 2008-2009.

En adición, las series complementarias que se recaban con la Encuesta Nacional sobre la Confianza del Consumidor apuntan a que las familias mexicanas podrán ser menos propensas a adquirir bienes como ropa y autos, o servicios, como vacaciones, mientras que su nivel de ahorro se verá mermado por mayores presiones inflacionarias. De seguir así, es posible que, en pocos meses, el pesimismo del consumidor pueda permear en la economía a través de menores ventas en las tiendas departamentales, especializadas y autoservicios, generando un efecto negativo en la actividad económica y mermando su crecimiento.

No obstante lo anterior, el lado positivo proviene de los ingresos por suministros al mayoreo y menudeo, que se han mostrado bastante sólidos a lo largo del año y presentaron crecimientos anuales de doble dígito al cierre de noviembre; en adición, las Ventas Mismas Tiendas de Walmart durante el mes de enero y de los establecimientos afiliados a la ANTAD durante diciembre aún se muestran con crecimientos anuales de más de 5.0%.

Para evitar que el viciado sentimiento del consumidor traspase a la economía real, es necesario contar con indicadores económicos que den certeza a la gente. Es necesario contener las presiones inflacionarias así como propiciar la creación y disponibilidad de empleos lo cual motivará al consumidor a tener planes de consumo y ahorro. Estos factores podrían hacer una diferencia para revertir el pesimismo prevaleciente e, inclusive, potenciar el crecimiento económico en el mediano plazo. Es ahí donde radica la importancia de que las políticas públicas y monetarias busquen estabilizar el ánimo del consumidor.