Acapulco, ejemplo de la comunicación "boca a boca"

ENRIQUE JUÁREZ

Durante esta temporada de vacaciones de verano, Acapulco siguió siendo, por mucho, uno de los destinos favoritos del turista nacional, y no hay duda de que seguirá siéndolo por mucho tiempo más.

Si bien se trata de un destino turístico que se ha visto maltratado severamente por la delincuencia, por la corrupción de gobiernos, por la falta de empeño de los tres niveles de gobierno para desarrollar y proporcionarle una infraestructura acorde a la historia del bello puerto y al número de visitantes que llegan fielmente a vivirlo, hay algo que no ha perdido, que es su esencia tan arraigada al mexicano y en particular al chilango.

Además de sus playas, Acapulco tiene muchos elementos a su favor a pesar de todo y de todos quienes se lo han ido acabando. Está cerca de la ciudad más grande del mundo, que lo sigue disfrutando y presumiendo. Cuenta también con una de las mejores vidas nocturnas de México. Pero sobre todo, tiene a su gente, esa que sí sale a trabajar y a vivir del turismo de manera honesta, con un afán de buen servicio que con todo su esfuerzo carga sobre sus hombros al destino evitando que otros pocos y malos terminen por destruirlo.

El destino tiene que luchar todos los días con una mala imagen, con una mala reputación que llega a millones de personas en México y el mundo, con una percepción negativa y alejada de sus años dorados… pero entonces, ¿por qué en vacaciones se sigue viendo lleno y con familias enteras riendo, nadando y siendo feliz, sin querer regresar a su lugares de origen? Si bien hay muchas razones, hay una poderosa, que es la comunicación que esos millones de personas transmiten de boca en boca y que no se compone únicamente por lo que se ve en medios de comunicación y la opinión pública.

Esos turistas que viajan sin miedo sabiendo que van a regresar felices llenos de anécdotas van del brazo con los lugareños trabajadores que a pesar de los golpes recibidos, continúan ofreciendo a diario lo mejor de sí para consentir a sus visitantes y además llevar sustento a casa en un lugar cuya vocación turística no puede negarse a pesar de los embates recientes a su imagen.

Se trata pues de una comunicación mucho más fuerte que cualquier campaña que se pueda realizar, la comunicación que sin proponérselo llevan a cabo turistas y servidores públicos, llámese hotelero, empresario, restaurantero, meseros, edecanes, camaristas. Esa comunicación sigue llevando gente al puerto y es la que no deja que muera esa percepción tan arraigada y ligada a los recuerdos vacacionales de tantos mexicanos.

El tema de si ha perdido glamour o si ya no es lo mismo es otro boleto, pero ahí los culpables no son más que aquellos que han visto solo para su propio bienestar, como siempre pasa en este país con muchos de quienes lo gobiernan y de esos delincuentes que tienen el permiso para actuar, y de aquellos que se han rehusado en reinvertir en su potencial y atractivos.

Acapulco, un ejemplo de fortaleza a pesar de los pesares… y un superviviente a las crisis de comunicación e imagen.

En Twitter @enriquejuarezc