Los claroscuros de la Reforma Fiscal

ROGELIO VARELA

Una de las peticiones que mantiene el sector privado al gobierno federal es la de revisar el sistema tributario para adecuarlo a un entorno donde la inversión privada sea motor de la economía. Y aunque al inicio de 2015, el presidente Enrique Peña Nieto encargó el tema al secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, los avances han sido nulos y la incertidumbre permanece.

La explicación viene del desplome que han tenido los precios del petróleo, aunque los organismos cúpula del sector privado insisten en que algunas adecuaciones pueden impulsar la economía interna ante un escenario de desaceleración.

A decir de Vicente Yáñez, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), la demanda más consistente en este momento es regresar al esquema de deducibilidad inmediata de las inversiones, el cual permitiría generar empleo, crecimiento y, por ende, empleo en el comercio detallista.

Para Fred Barret, presidente del Comité de Asun-tos Fiscales de American Chamber of Commerce, uno de los cuellos de botella que ha traído la implementación de la reforma fiscal han sido los retrasos, e incluso negativas, en las devoluciones de IVA, lo que se ha vuelto más complejo y, en muchos casos, ha afectado la liquidez de empresas.

Necesario incentivar la inversión privada

El objetivo de la reforma fiscal era poner a México en una situación tributaria similar a la de otros países de la OCDE, es decir, aplicar un impuesto de 10% a dividendos, así como gravámenes a las inversiones en el mercado bursátil, o bien acotar la deducibilidad de personas físicas a un máximo de 94 mil pesos. Medida que resulta razonable en un entorno de competencia global como el de hoy, señala Óscar Ortiz, de la consultora EY.

Sin embargo, Empero, Ortiz reconoce que el marco tributario no tiene mayores incentivos para la inversión privada, ya que el gobierno federal se ha quedado sin recursos por la caída de los ingresos petroleros.

“La autoridad fiscal debe tener claro que se pueden estimular algunos sectores que tendrían efecto inmediato en la economía y el empleo. Algo se ha hecho en lo que se refiere a vivienda, pero se deberían dar pasos adicionales”, dice Ortiz.

Apenas algo positivo

Barret de Amcham, de PwC, señala que otro aspecto que ha significado un retroceso para nuestro sistema tributario es la eliminación de la consolidación fiscal, un concepto común en países desarrollados y que explica la creación de holdings o empresas concentradoras.

Eliminar la consolidación, indica Barret, resta competitividad a nivel internacional para las empresas mexicanas, dado que sus socios comerciales reconocen ese tipo de esquemas.

De la parte positiva del nuevo entorno tributario destaca la eliminación del Impuesto Especial a Tasa Única (IETU), que era visto como una doble tributación para las empresas y aplicaba para los recursos obtenidos por la venta de activos, servicios o renta de inmuebles.
Por el contrario, un sector directamente afectado es la minería, ya que desde este año se aplica un gravamen de 7.5% en función del EBITDA, al que se añade otro de 0.5% de los ingresos por la extracción de oro y plata, explica Ortiz, lo que ha ocasionado que muchas minera retraigan sus inversiones y las dirijan a otros países.

Quizá aún no se puede juzgar a fondo la reforma fiscal, pero sus primeros efectos ya dejan mucho que desear.