¿Qué hace distinta a esta crisis de las anteriores?

ERNESTO O'FARRILL SANTOSCOY*

Los mercados financieros globales sufrieron un severo ajuste en los precios de los activos en las primeras semanas del año. El peor arranque del año desde 1927, pero ahora el fenómeno fue internacional. Las Bolsas han acumulado una pérdida de casi 10 billones de dólares en su valor de capitalización. De una muestra de las 45 bolsas más importantes, 25 de ellas se han ajustado en más de 20% en relación con sus máximos alcanzados el pasado verano, con lo que ya clasifican como mercados con tendencia a la baja de largo plazo (Bear market).

El petróleo no termina de caer. El crudo WTI rompió su soporte de 30 dólares (26.40 dólares) y como síntoma inequívoco de un fenómeno de flight to quality, el dólar continúa su rally alcista contra la gran mayoría de las monedas, al tiempo que la tasa de los Bonos del Tesoro a 10 años bajó su rendimiento hasta el 1.75% anual. La sobredemanda ha hecho subir el precio de los Bonos, que es la contraparte de su rendimiento. El dinero en el mundo se ha salido de distintos activos y se ha ido a refugiar en los Bonos americanos. También el oro ha observado cierta tendencia alcista.

¿Qué hace distinta a esta crisis de las crisis del pasado? Que en esta ocasión no estamos en presencia de una crisis financiera. No vemos una quiebra masiva en los bancos de los países ricos. No hay evidencia de un problema de sobreendeudamiento de las familias en Estados Unidos, o en Europa o en Japón. No vemos un sobreendeudamiento de los países emergentes. Tampoco hay un sobreendeudamiento generalizado en las empresas que haga temblar al mundo. No hay síntomas de una nueva recesión global. Sí hay excepciones, desde luego. Grecia es una de ellas. Pero esto lleva tres años.

En el caso de México, la devaluación es también de una naturaleza sustancialmente distinta a las tradicionales. No se está dando una fuga de capitales por la desconfianza de los mexicanos. No tenemos un problema de sobreendeudamiento en dólares. Contamos con más reservas en el Banco de México que deuda externa. Tampoco tenemos un problema en las familias y las empresas. Aún cuando se cuenta con una muy importante tenencia de valores gubernamentales en manos de extranjeros, no se ha observado una salida masiva de inversionistas. De hecho, la semana pasada el gobierno mexicano colocó 2,500 millones de dólares a 10 años, y la sobredemanda superó por tres veces el monto ofertado.

De acuerdo con nuestro indicador anticipado de México (IBAM), Bursamétrica estima un incremento del IGAE de 3% anual para el último mes de 2016, con lo que el PIB se situaría en 2.5% anual, ligeramente por arriba del consenso de los analistas gracias a los muy buenos datos del comercio interno, y a la mejoría en el sector automotriz en diciembre pasado. La inflación se reportó en el nivel más bajo de la historia en 2.13% anual, así que tampoco tenemos un problema de hiperinflación pese a la devaluación. Con todo y que el precio de la mezcla mexicana se cayó a 20 dólares, las exportaciones de crudo están cubiertas este año en 50 dólares.

Hoy México es un importador neto de hidrocarburos. Un precio tan bajo nos beneficia, aunque perjudica seriamente al futuro de las finanzas públicas. La banca en México continúa con índices de capitalización sobrados. Las finanzas públicas han entrado a una fase de contención del déficit, así que tampoco hay un problema de irresponsabilidad en su conducción. Sin embargo, la caída del peso es brutal: el dólar llego a subir a cerca de 20 pesos por unidad. El índice de la Bolsa Mexicana de Valores se ha estado ajustando a la baja, hasta los 40 mil puntos. La prima por riesgo ha aumentado notoriamente en las tasas de interés en pesos, a niveles superiores a 425 puntos base.

Todo parece indicar que el principal detonador de este ajuste generalizado son los temores de un menor crecimiento global con un epicentro en la economía de China y su gobierno ha sido incapaz de tomar medidas para reforzar su economía.

Sabemos que dentro de los elementos que Pekín podría anunciar está la creación de un Ministerio de Economía y Finanzas, y que probablemente se implementarán algunas políticas económicas de corte ofertista. Pero a la fecha de este escrito no se ha hecho un anuncio de ese tipo, sino una serie de medidas aisladas tendientes a parar la caída de las acciones y una impresionante inyección de las reservas chinas para apuntalar el yuan.
Cuando se está en medio de una crisis conviene ver qué hay después del parabrisas hacia adelante, en lugar de centrarse en lo que se ve por el espejo retrovisor. Dos consideraciones finales: ¿Cómo se ve Estados Unidos hacia adelante?, y ¿qué podría pasar con las tasas de interés en dólares?

Estados Unidos presenta un buen dinamismo en el mercado laboral y en el mercado interno. La creación de 2.5 millones de empleos en los últimos dos años es uno de sus mejores periodos de su historia. El crecimiento del PIB norteamericano se anunció en 2.5% para 2015. En contra de esto, la industria está en una recesión. La fortaleza del dólar ha golpeado severamente su competitividad y la caída de las inversiones en la industria petrolera y en el gasto de gobierno acentúan la debilidad de todo el sector. Las incógnitas lo siguen siendo todo.

Presidente de Bursamétrica
eofarrills@bursametrica.com
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