Espionaje en empresas, los casos más emblemáticos

El periódico estadounidense The New York Times dio a conocer que periodistas y activistas mexicanos fueron víctimas de espionaje por parte del gobierno en el periodo 2015-2016.

Se asocia de manera inmediata con temas gubernamentales e históricos como la Guerra Fría. Sin embargo, en el mundo corporativo o de negocios también ha sido frecuente.

El espionaje corporativo –definido como la obtención clandestina de información sensible de un competidor a través de medios ilícitos– tiene uno de sus primeros antecedentes en el siglo XIX, cuando la compañía británica East India Co contrató al botánico Robert Fortune para contrabandear plantas, semillas e información sobre el té que se producía en China a efecto de satisfacer la demanda interna de la infusión. Gracias a esto, la producción de té en India –entonces territorio británico– llegó a superar a la de China.

Los casos más sonados

Waymo (división de coches autónomos de Google) acusó a Uber de haberle robado más de 14 mil documentos en los que se describían las tecnologías inteligentes de este innovador vehículo.

Hitachi–IBM

Uno de los casos más paradigmáticos de espionaje industrial fue el que se vivió en los anales de la informática tal y como la conocemos en la actualidad. En 1981 cuando la japonesa Hitachi logró hacerse con varios cuadernos de uso interno en los que se incluían loa diseños de nuevos productos y sistemas de IBM.

Según parece, fueron varios empleados los que facilitaron la documentación a Hitachi a cambio de suculentas sumas de dinero que nunca fueron publicadas. De hecho, el escándalo avergonzó tanto a ambas compañías (por el honor japonés, por un lado, y por la ineptitud de los servicios de contraespionaje de IBM) que llegaron a un acuerdo extrajudicial para evitar darle más visibilidad al tema. Se pagaron más de 330 millones de dólares para enterrar este ejemplo de espionaje en el sector tecnológico.

Gillette

A veces la motivación no es el dinero. En 1997, Steven Louis Davis trabajaba para Wright Industries, empresa norteamericana que fue contratada por Gillette para que trabajara con ellos en el diseño de un nuevo sistema de afeitado. Poco después, envió faxes y correos electrónicos a varias de las empresas rivales con los detalles del nuevo diseño. Una de esas empresas avisó a Gillette, que no tardó en descubrir la identidad del filtrador.

Renault y los coches eléctricos

En 2011, el fabricante de automóviles Renault confesó haber sido víctima de una campaña de espionaje industrial, centrada en varios de sus activos estratégicos y, más en concreto, en su tecnología de coches eléctricos. Nicolas Sarkozy, entonces presidente francés, confirmó este escándalo y fuentes de su gobierno llegaron a englobar este ataque en una “guerra económica” contra las empresas francesas. Y, al igual que en el caso de IBM, fueron tres empleados de Renault los que habrían filtrado información sensible de la compañía, entre ellos un miembro del Comité de Ética del fabricante.

Google vs. China

China y Google nunca se han llevado especialmente bien. En 2010, aquel momento, Google denunció que había sufrido varios ataques informáticos provenientes de China y que habían provocado la fuga de propiedad intelectual y secretos industriales de empresas financieras, tecnológicas, medios de comunicación o plantas químicas de todo el mundo valorada en miles de millones de dólares.

La basura de Unilever

Un caso de espionaje a la antigua. En 2001, Procter & Gamble fue “pillada” tras seis meses rebuscando en los contenedores de basura en Chicago de su máxima rival, Unilever. Las dos marcas de gran consumo estaban envueltas en una espiral de nuevos lanzamientos y cualquier revelación sobre futuros planes de producción o productos revolucionarios valía su peso en oro.

Ferrari–McLaren

Es uno de los casos más conocidos y polémicos de espionaje industrial. En 2007 McLaren se enfrentó con Ferrari. Este caso, denominado “Spygate”, surgió cuando un empleado de la escudería roja (Nigel Stepney) filtró varios documentos de desarrollo de su equipo a McLaren.

Ferrari sospechó de que algo iba mal con su trabajador, pero no fue hasta varios meses después cuando Fernando Alonso informó a Berni Ecclestone (máxima figura de la Fórmula 1 y dueño hasta este pasado curso de los derechos de la competición) de la existencia de varios e-mails comprometidos sobre este espionaje industrial. Finalmente, McLaren acabó admitiendo el escándalo, tras lo que fue sancionada con una multa de 77 millones de euros (rebajada luego a unos 40 millones).