¿En qué consiste un funeral verde?

Los “funerales verdes” como los practicados en el Cementerio de Rhinebeck, Nueva York, hacen a un lado los ataúdes, los fluidos para embalsamar y las criptas de cemento para que todo se descomponga. En este lugar practican un movimiento que comenzó hace más de una década y que está ganando cada vez más popularidad en Estados Unidos.

Los entierros verdes, o naturales, se remontan a mediados del 1800, cuando se pusieron de moda los embalsamamientos para preservar los cadáveres de los soldados fallecidos lejos de su tierra durante la Guerra Civil estadounidense. Las bóvedas se popularizaron tras la Segunda Guerra Mundial, para evitar que las tumbas se derrumbaran y que se arruinara el césped.

Los partidarios de estos entierros dicen que es mejor evitar las bóvedas de cemento y los fluidos de los embalsamamientos potencialmente tóxicos. Y, a diferencia de lo que ocurre con la cremación, no hacen falta combustibles fósiles para descomponer el cuerpo.

En Estados Unidos existen unos 125 cementerios que ofrecen la opción de un entierro verde, de acuerdo con Suzanne Kelly, presidenta de la comisión del Cementerio de Rhinebeck y autora de "Greening Death”.

En el estado de Vermont, por ejemplo, una nueva ley cambia la profundidad mínima de una tumba, de 1.5 metros a un metro, una medida que facilitaría la descomposición y sería más segura para los animales. Decidir cuál es la mejor manera de usar fosas menos profundas es uno de los interrogantes que deben resolver los administradores de los cementerios que tratan de acomodar los entierros naturales.

“Si lo envuelven en una mortaja, ¿comprenderá la gente que, primero que todo, el cadáver puede oler? Puede haber manchas de los fluidos del cuerpo en la mortaja. No sé”, comentó Patrick Healy, presidente de la Asociación de Cementerios de Vermont.

Los entierros verdes pueden ahorrarle a la gente miles de dólares en una bóveda, un ataúd fino y una lápida de granito. Pero también apuntalan un mercado de productos que no dañan la naturaleza, como urnas funerarias hechas de harina de maíz biodegradable y féretros de mimbre.

Mary Lauren Fraser construye urnas de mimbre de 200 dólares y féretros de 2,800 dólares en su departamento de la región occidental de Massachusetts. El costo es parecido al de las urnas y ataúdes tradicionales, pero sus productos llaman la atención cuando los exhibe en un mercado de productos agrícolas locales.

“Hay todo tipo de reacciones. La gente pregunta si se trata de un féretro, si lo hice yo y si los entierros verdes son legales”, comentó.

Lo son en todo el país, según Kate Kalanick, del Consejo de Entierros Verdes con sede en California. El Consejo, que certifica a las personas involucradas en los funerales verdes, dice que es mejor ver un cadáver no embalsamado antes del entierro y que no contamina la tierra.

Algunas personas optan por un entierro verde no necesariamente para preservar la naturaleza, sino porque les parece lo más apropiado.