Vaivenes del tipo de cambio

FONDOS SURA

Desde el arranque del año 2017, el peso mexicano ha registrado una recuperación sobresaliente. La apreciación empezó a finales de enero, cerca de la toma de posesión de Donald Trump, pasando de casi 21.95 pesos por dólar a 17.85 pesos a finales de julio, una mejora del 18.7% que la coloca como la moneda más fortalecida en lo que va del año.

Las razones detrás de esta mejora son múltiples. La derrota del partido de Andrés Manuel López Obrador en el Estado de México en las elecciones de junio jugó un papel relevante: los inversionistas ven con cautela su probable victoria en las elecciones federales de 2018 dada su agenda anti-reformista y el posible deterioro de la cuenta pública durante su mandato.

Los datos de crecimiento y balanza comercial ayudaron sustancialmente al peso, tras comprobarse que el consumo privado sigue firme y las exportaciones extendieron el dinamismo observado en la segunda mitad de 2016. Esto, junto con la fortaleza de las remesas, ha permitido que el déficit de la cuenta corriente se haya reducido, y que su perfil de financiamiento haya mejorado gracias a la resiliencia de la inversión extranjera en nuestro país. De la mano de lo anterior, al reducirse considerablemente los riesgos asociados con las amenazas proteccionistas y migratorias del presidente electo Trump, el peso retornó a los niveles observados durante la nominación de facto de Trump a la presidencia en mayo de 2016.

También ha importado que la caída del precio del petróleo se ha contenido. Si bien, los precios bajos benefician la balanza comercial petrolera debido a que desde 2014 es deficitaria, su peso en los ingresos públicos no es despreciable, perjudicando la perspectiva financiera del país. A su vez, los precios bajos del crudo hacen menos atractivo al sector, inhibiendo la inversión que la reforma energética ha posibilitado. Estos últimos factores son los que más han pesado en la mente de los inversionistas, por lo que la recuperación del precio de referencia desde los mínimos alcanzados en enero y febrero de 2016 ha sido un elemento constructivo para el peso.

Por último, el alto diferencial de tasas que guarda México con respecto a sus pares emergentes y desarrollados ha consolidado la trayectoria de apreciación. Aunque Banco de México inició el ciclo de alza de tasas en diciembre de 2015, no fue sino hasta la disipación de los riesgos internos y externos arriba mencionados que el diferencial tuvo un impacto discernible en el tipo de cambio, permitiendo una apreciación ágil y ordenada.

Sin embargo, todos estos factores podrían cambiar en la segunda mitad de 2017 e inicios de 2018, impidiendo que la apreciación del peso siga. Es probable que la economía pierda tracción, a cuenta de una desaceleración del consumo doméstico, y los preocupantes declives de la inversión el sector de la construcción y el minero. La aceleración de la demanda global podría detenerse, impactando las exportaciones manufactureras y la corrección del balance comercial, la renegociación del TLCAN de extenderse más tiempo del esperado podría ser negativa para el país; López Obrador podría radicalizar su postura y atraer preferencias, el precio del petróleo renovar sus caídas o Banxico cometer un error de política monetaria.

Por ende, será importante moderar el optimismo que esta recuperación del peso pueda provocar en la toma de decisiones de inversión: el segundo semestre será uno de gran incertidumbre.