Productividad o Autosuficiencia…

Enrique Presburger Cherem
Director general de Factor Exprés

Con el nombramiento de Manuel Bartlett como director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), AMLO ha desatado su primera decisión polémica como presidente electo. Esto dado que se tambalea una de las reformas más profundas en el sexenio de Peña Nieto: la reforma energética. Ante este viraje de política pública, es momento de preguntarse: ¿Cuáles son las implicaciones del cambio de visión?

Los que están a favor. Rescatar la autosuficiencia y la industria nacional
Es verdad que la reforma energética acabó con PEMEX y la CFE. Pemex alcanzó en el segundo trimestre de 2017 utilidades de 32,780 millones de pesos, pero en 2018 registró una pérdida neta de 163,172 millones de pesos. La producción de las refinerías de Pemex disminuyó 30%, entre 2017 y 2018, resultando en la importación de 76% de los barriles diarios de gasolina.

También se incrementaron las importaciones de gas LP y turbosina en 54 y 40% respectivamente. La CFE por su parte registró una pérdida neta de 28, 458 millones de pesos, durante el segundo trimestre, una caída significativamente superior a los 380 millones que se perdieron en 2017. Así, Pemex y la CFE estuvieron lejos de convertirse en “empresas de clase mundial”.

• La propuesta nacionalista de autosuficiencia. La intención de la postura de autosuficiencia energética, es invertir 175 mil millones de pesos para rescatar a PEMEX y a la CFE durante 2019. Con el objetivo de dejar de comprar gasolina, y en teoría desarrollar una infraestructura interna de refinerías capaz de bajar a futuro los precios de combustibles. Se planea perforar pozos petroleros y elevar la producción de los actuales 1.9 millones de barriles diarios a 2.5 millones. Se planean explorar nuevos yacimientos y rescatar infraestructura obsoleta como plantas de energía hidráulica y las 6 refinerías.

Los que están en contra. Un retroceso histórico imperdonable.
• La inviabilidad de la autosuficiencia. Se critica que México depende de Estados Unidos para traer su gasolina. A nivel discursivo, resulta definitivamente tentadora la consigna de “hagamos nuestra propia gasolina”. No obstante, habría que ser claros en que el petróleo que tiene México actualmente es pesado ante la extinción de sus yacimientos (lleno de nitratos y azufre), lo cual dificulta y encarece su refinación en las 6 refinerías mexicanas, a diferencia de la capacidad instalada sobrada y barata de las más de 1,400 refinerías en Estados Unidos.

Es decir, que la importación de gasolina responde a un tema de productividad y rentabilidad, y no a un problema de nacionalismo. Nuestro vecino del norte nos lleva años luz de ventaja en inversión, tecnología y capacidad instalada. Invertir miles de millones de pesos en refinerías viejas, implicaría literalmente un derroche de recursos que de todas maneras no alcanzarán a abastecer la necesidad creciente de México que planea duplicarse en los próximos 20 años.

Detener la innovación del sector privado.Es una realidad que México ha sido aplaudido en esferas políticas y económicas internacionales por su capacidad de sanear su industria energética en tan poco tiempo. Y es que de tener un 3.2% del PIB subsidiando de energía en 2008 y un PEMEX que aportaba el 35% del presupuesto, hoy tenemos eliminación gradual de subsidios, una mayor base fiscal y una reducción de más del 50% de la dependencia presupuestal de PEMEX. México se ha posicionado además como un país de integración de energías renovables eficiente, logrando los precios más baratos del mundo en energías limpias.

El detener este ímpetu de innovación e inversión por la vuelta a los combustóleos, sería un duro golpe al futuro energético de nuestro país, donde la ilusión de autosuficiencia, realmente destruiría la viabilidad del nacimiento de una industria de energías alternativas sustentable para tener en cambio la restitución de una vieja burocracia corrupta.

Ya veremos que ocurre a partir del próximo año con el cambio de estafeta hacia el gobierno de Morena. El hecho de que haya existido una lamentable corrupción en la reforma energética, no significa necesariamente que invertir en revertirla vaya a salvar a México. No hay que mezclar peras con manzanas.

Por lo pronto, la calificadora Standard and Poor´s manifestó que la inversión que se pretende hacer en PEMEX y la CFE, podrían aumentar los pasivos contingentes de manera acelerada, conduciendo a una erosión gradual del perfil financiero de México.