Violencia de género, ¿cómo erradicarla?

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Podemos encontrar soluciones a la violencia antes de que ésta se produzca

ELOY RODRÍGUEZ ALFONSÍN*

Hace apenas unos días, el 25 de noviembre, se celebró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, declaró: “La violencia contra las mujeres y las niñas sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos más graves –y la más tolerada– en todo el mundo. Esta lacra es tanto causa como consecuencia de la desigualdad y la discriminación de género. Su presencia persistente constituye uno de los indicadores más claros del desequilibrio de las sociedades…”

A pesar de que no existe una solución única para un problema tan complejo, existen pruebas cada vez más numerosas acerca del tipo de acciones que pueden detener la violencia antes de que se produzca, sobre todo si dichas medidas se aplican de forma paralela. Creemos que con los esfuerzos concertados de todas las partes involucradas, desde los gobiernos hasta las personas, seremos capaces de eliminar las relaciones y estructuras de poder desiguales entre hombres y mujeres.”

Lo que afirma la Directora de ONU Mujeres es cierto, podemos encontrar soluciones a la violencia antes de que ésta se produzca, y mi consejo es que –como ejecutivos de empresas y organizaciones humanas- lo veamos a través de la lente de la atención de fallas o desviaciones en un sistema de gestión, a través de un análisis causa-raíz.

La causa-raíz de la violencia hacia las mujeres la encontramos particularmente en dos cosas: en la falta de educación y cultura de género de hombres y mujeres, así como en el escaso empoderamiento femenino.

En el primer caso, me refiero al desconocimiento o falta de entendimiento -tanto de hombres como de mujeres- respecto a la equidad de género, la igualdad de oportunidades entre seres humanos iguales así como la desmitificación de los roles preestablecidos para cada sexo, son una tarea todavía inconclusa para muchas personas aún.

La educación en este sentido debe ser objetiva y sin estereotipos, sin pensar en el fuerte y en el débil, sino pensando en que cualquier ser humano tiene derecho a ser educado, productivo y exitoso. Por ejemplo, aquello de que “a las niñas no se les pega” debe cambiar por “a ninguna persona se le pega” evitar la violencia no por el hecho de ser mujer sino por ser una persona.

En el segundo caso me refiero a la todavía escasa (aunque ya muy importante) participación de las mujeres en la vida económica de gran significancia en México, pues, apenas representan el 16% del sector empresarial, el 31% de los puestos de alta dirección de empresas es ocupado por mujeres, su participación en el mercado laboral es del 48% y, sólo el 2% de las mujeres mexicanas, son empresarias.

Cifras contundentes que reflejan una realidad, las mujeres no están proporcionalmente empoderadas de acuerdo a su total poblacional en México y ello repercute a tener círculos viciosos de dependencia en donde, algunos hombres poco educados o no educados con perspectiva de género, son los que mandan y toman las decisiones de mayor trascendencia.

Depender de alguien a quien la sociedad ha puesto en un escalón superior o de mayor respeto, es ser presa fácil de violencia, maltrato y abuso. Ahí está la causa raíz, ahí es donde tenemos que estar trabajando.

*Socio director de Promotora Acción Social Empresarial (ACCSE)