Empresas familiares, el reto de ser públicas

El futuro de un negocio familiar depende de su institucionalización. Es sabido que el mismo nace de buenas intenciones, pero éstas no lo sostienen, sino la adecuada instrumentalización de cada una de sus operaciones.

Jesús González, socio a cargo de gobierno corporativo y sostenibilidad de la consultora KPMG, explica a Mundo Ejecutivo que las empresas familiares exitosas en México tienen la característica de haber dejado los protagonismos personales por la disciplina en la ejecución administrativa. De no proceder en ese sentido, enfatiza, existe la probabilidad de que en unos cinco años los objetivos se trunquen por completo.

El experto comenta que una organización familiar, luego de permanecer estable durante determinado tiempo, para pisar el siguiente peldaño hacia su crecimiento debe institucionalizarse, “es decir, poner las reglas claras en la sociedad: ¿quién puede hacer qué y hasta dónde?, ¿quién es responsable de qué y cómo se compensa a la gente?, ¿quiénes tomarán las decisiones importantes? y ¿cuáles deben ser las reglas para someter a votación alguna decisión o propuesta?”.

González hace notar que una firma mediana una vez que empieza a generar utilidades y muestra capacidad de continuidad es proclive al desorden y la falta de responsabilidad si no se ponen normas en sus acciones cotidianas y en los mismos logros para que no haya abuso de los recursos.

Las cosas por su nombre

Las empresas deben tener determinados lineamientos, que el analista divide en dos categorías: de alto nivel y las que él define como el día a día del negocio. La primera corresponde al gobierno corporativo, como ya se dijo, a quién toma las decisiones estratégicas y de largo plazo, qué operaciones nuevas habrá, etcétera. En un gobierno corporativo rara vez manda una persona. Si hay cuatro accionistas, cada uno querrá opinar en aspectos críticos, estar de acuerdo en que sí, por ejemplo, se van a invertir 10 millones en algo, se tenga la garantía de un retorno, o de lo contrario podrían empezar los “jaloneos”.

“Las elecciones de jerarquía se deben conectar a lo que pasa en el día a día con el equipo de ventas, con inversiones, controles y ejecución. En la operación transaccional también debe haber reglas, políticas de procedimientos para asegurar que esa instrucción, la expectativa del alto nivel, también se cumpla en el campo con proveedores y clientes”, platica González.

¿Hasta cuándo una empresa es familiar una vez institucionalizada? El especialista de KPMG expone que la definición, estrictamente, corresponde a una entidad donde los accionistas, así como la gerencia o las personas que la manejan, tienen lazos consanguíneos.

“Sin embargo, si se tienen derechos accionarios así como capacidad de toma de decisiones sin ser propiamente de la familia, no quiere decir que ya no lo sea. Un apellido no importa para decidir el mejor camino para operar. El conflicto en las empresas familiares empieza cuando alguien, conociendo las reglas, se las brinca. Eso es no ser institucional. Aunque se trate del dueño mayoritario, por decir algo, ya no puede contratar a quien quiera, sino que debe acatar los procedimientos que para el caso se hayan acordado con antelación”.

La llegada a la Bolsa

Las empresas familiares que ya prosperan y pueden clasificarse como grandes tendrán entre sus opciones de desarrollo participar en la Bolsa de Valores.

Jesús González, de KPMG, determina que hay tres factores primordiales para proceder. Por principio, la ya citada institucionalización, seguida de tener cultura empresarial y, como tercer punto, contar con un tamaño mínimo, esto es, que éste respalde la solvencia de la firma.

“Entrar a la Bolsa significa cumplir con muchas reglas, de tal suerte que si la organización no ha logrado los procesos descritos antes, o sí los tiene pero no los cumple, no está lista para participar. Ahí no es de que quiero porque me conviene, sino de que debo porque se está obligado”, advierte el analista.

El que haya un consejo de administración no quiere decir que ya se es institucional, porque si uno de los dueños grita y dice: “aquí se hace lo que digo yo”, se está ante un consejo sólo de forma, mas no está logrando el fondo, que es pluralidad, gestión de riesgos, anticipación y demás operaciones que debe tener una sola dirección, previamente consensuada.

“Hay organizaciones que les lleva años darse cuenta cómo funciona esto, cuál es el valor de aceptar que ser accionista no quiere decir que se es todo poderoso. Hay quienes no están dispuestos a compartir información, y si se está en la Bolsa, se debe hacer. Entonces la cultura es un factor fundamental”.

Entrar en la Bolsa significa contar con los recursos para invertir en infraestructura, comprender también que como ya no hay un dueño único, otros igual tienen derechos. “La magia de entrar a la Bolsa es que alguien compre las acciones, y para eso la organización debe mostrar crecimiento constante, que ha madurado y es capaz de generar valor a largo plazo”.

¿Apuesta arriesgada?

El consultor dice que tener presencia en la Bolsa trae, entre otros beneficios, la posibilidad de que los dueños ganen más dinero, renombre y a la vez se inyecte capital a la firma sin tener que recurrir al financiamiento, pero hace hincapié en que eso ocurre sólo cuando la administración consigue darle valor a sus productos o servicios al grado de motivar a que haya confianza por la firma y se desee comprar sus acciones, ser parte de ella.

Para que una empresa entre a la Bolsa no sólo se considera su operación interna, sino también lo externo, esto es, aquello que no es controlable por el negocio y puede afectar fuertemente a la acción. La misma Bolsa hace una evaluación de empresas en dos tendencias: análisis técnico y análisis fundamental. El primero ve los datos duros de la sociedad, sus ventas y estadísticas, y los movimientos de la acción, es decir, números puros. El análisis fundamental considera lo que ocurre en su ambiente, si va a lanzar un nuevo producto, cómo está el entorno general de su mercado, entre otros factores.

“Hay empresas que efectúan todos los procesos, pero al momento de buscar presencia en la Bolsa resulta que hay una caída económica mundial, nadie desea comprar y la acción en lugar de salir a 10 pesos se oferta en cinco. Lanzarse a la Bolsa tiene muchas aristas; es una decisión que conlleva un análisis muy complejo y responsable por parte del comité de la organización si quiere tener éxito”, concluye.