¿El patrimonio está a salvo?

SALVADOR CERÓN AGUILAR*

A lo largo del ciclo emprendedor y posteriormente para el financiamiento del crecimiento o la consolidación de las empresas familiares —la disponibilidad primero y la disposición después de los recursos personales de los emprendedores, o los recursos de las propias empresas— se constituyen en palancas o barreras para la realización de nuevos proyectos.

La buena administración de los recursos y la planeación oportuna, así como la formación de hábitos de ahorro, o la constitución de reservas para el crecimiento, se hacen indispensables para obtener mayor eficiencia en el uso de sus capitales y favorecer el crecimiento de las familias y sus empresas.

Cuando el patrimonio resultante del emprendedor, es suficiente y valioso, se puede hablar del sentido de previsión y habilidad del empresario para impulsar y consolidar proyectos empresariales. Cuando no hay hábitos de ahorro, sentido de previsión, o existe una mala administración de los recursos, la probabilidad de fracaso en los proyectos empresariales aumenta y se limita la capacidad de impulsar nuevos negocios por falta de recursos.

El éxito de los emprendimientos y la consolidación de las empresas familiares que se han sabido administrar correctamente, dan origen a la formación de un patrimonio familiar resultante. Suele estar compuesto por activos de diferente y diversa naturaleza: activos financieros, inmobiliarios, empresariales y otros.

Con frecuencia el patrimonio empresarial se confunde con el patrimonio personal del empresario familiar. La falta de claridad en la distinción de la vocación y el compromiso de los recursos de la empresa y los personales, provoca que se utilicen mal los recursos y se limite aquello que debería ser promovido o cuidado tanto en la empresa como en la familia.

El patrimonio no debería ser sólo la acumulación de activos tanto como la conformación de unos activos con un propósito definido. El patrimonio familiar resultante de la buena gestión empresarial debería ser administrado para conseguir su crecimiento, obtener una mejor rentabilidad, dar seguridad a la familia, cumplir con su visión y proyectos, así como mantener o mejorar su nivel de vida en el tiempo.

El para qué y el cómo

Es prudente que el patrimonio no sólo sea construido y administrado con prudencia y visión de futuro, sino también se estructure de manera que se optimice desde el punto de vista fiscal, se le de certidumbre jurídica y se planee tomando en cuenta la sucesión.

Ahora bien, contar con los recursos patrimoniales para el emprendimiento o el crecimiento de la empresa o de la familia, no es condición suficiente ni será garantía de éxito. Existe evidencia respecto de patrimonios familiares que han sido invertidos o gastados sin conocimiento, fundamento o propósito.

Tener claro el para qué y el cómo de la gestión patrimonial, depende de la claridad de visión y la vocación de la familia empresarial. La creación o gestión de la riqueza siempre implica un riesgo que tiene que ser reconocido y valuado al momento de utilizar recursos patrimoniales, tanto empresariales como familiares.

El riesgo de emprender y la necesidad de conservar o administrar con prudencia, nos debería llevar a definir algunas orientaciones:

  1. Tener claridad respecto de lo que se quiere y estar abierto a invertir en nuevos proyectos.
  2. Constituir reservas para el emprendimiento y el mantenimiento del crecimiento de las empresas.
  3. Tomar conciencia del costo de oportunidad de los recursos familiares.
  4. Asegurar las estructuras de propiedad en el futuro.
  5. Evitar la tragedia del gasto ordenado, que significa gastar bien en lo que no debe ser gastado.
  6. Optimizar las estructuras fiscales y financieras.
  7. Incorporar la perspectiva de sucesión en la planeación y en el uso de los recursos.

Valores, integración y responsabilidad

Los valores y principios de la familia imprimen un poderoso efecto en la forma de actuar y de pensar de sus miembros. La visión patrimonial compartida apalancada en los valores fundacionales es un elemento que lleva a los propietarios a trabajar en equipo por un fin común.

Los valores compartidos, la capacidad para reinventarse, así como una visión a largo plazo, favorecen que el negocio central de la familia pueda gozar de competitividad en el mercado y que el patrimonio tenga un gran potencial para ser perdurable.

Además de los valores compartidos, es conveniente que se elabore un mandato de administración patrimonial claro, que pueda ser ejecutado de forma que se maximice la rentabilidad, se minimice el riesgo y se asegure el crecimiento:

Mandato patrimonial y visión:

  1. La visión patrimonial debe indicar las expectativas de la familia sobre el futuro de su propiedad.
  2. El mandato patrimonial debe establecer lineamientos claros de rentabilidad para brindar estabilidad y tranquilidad a todos los integrantes.
  3. Se debe identificar con certeza el nivel de liquidez óptimo y requerido, cuidando el balance entre riesgo y rentabilidad.

Así como los valores y la claridad respecto de la integración actual y futura del patrimonio, es fundamental que el propietario sea responsable respecto de su posición y sus intereses. Debe de identifica las expectativas de los sucesores pero también sus capacidades y verdaderas necesidades.

Un propietario responsable:

  1. Crea y respeta una cultura de rendición de cuentas con procesos y órganos de gobierno establecidos.
  2. Se asegura que los valores familiares estén en línea con los valores empresariales consistentemente.
  3. Entiende los objetivos económicos de la empresa como la rentabilidad y el crecimiento, y también los objetivos no económicos como la responsabilidad social.
  4. Se actualiza en temas de planificación y gestión empresarial, finanzas y aspectos fiscales, entre otros.
  5. Exige a los órganos de gestión y gobierno y a los equipos directivos un comportamiento responsable, de competencia y confiabilidad.

Un accionista responsable debe sentirse propietario de su proyecto empresarial y no sólo de un dividendo. Sabe poner a disposición de la empresa todas sus capacidades y talentos. Infiere cuándo acudir a los asesores si es necesario.

Lecciones aprendidas

Las empresas familiares que crecen y permanecen:

  1. Persiguen un grupo de objetivos claros y preservan sus valores fundacionales.
  2. Son cautelosas y conservadoras pero no dejan de invertir y comprometerse con nuevos proyectos.
  3. Aprenden de sus aciertos y errores, planifican el futuro y son constantes en el trabajo.
  4. Se construyen sobre el ejemplo y la congruencia de un líder visionario, pero con integridad.
  5. Siempre dedican recursos y tiempo a la formación de competencias; se invierte en el crecimiento de infraestructura y tecnología, pero sobre todo se invierte en las personas.
  6. Son previsoras y controlan su futuro a través de asegurar los recursos del crecimiento, sin depender excesivamente de otros.
  7. Forman las estructuras que le dan continuidad, tanto del punto de vista empresarial como el profesional.
  8. Ponen especial énfasis en la formación de los sucesores en la empresa y en la familia.

*Presidente de STF Consulting Group
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