La formación del patrimonio en la empresa familiar

SALVADOR CERÓN AGUILAR*

Como parte del ecosistema de la empresa familiar, según su composición, el patrimonio presentará a lo largo de los años características especiales, de las que resultará clave tomar conciencia y actuar de manera preventiva y con conocimiento para asegurar su administración prudente.

Esta visión, si bien se refiere estrictamente a los bienes materiales o derechos que se reciben de la familia, podría verse enriquecida al considerar la educación, la cultura recibida y otros factores, que a manera de capital humano también fueron formados en el tiempo y entregados individualmente a los sucesores.

Su importancia radica en que este capital humano, intelectual y/o de conocimiento, será el que potencie, haga crecer y/o aproveche mejor el patrimonio financiero, empresarial o material entregado en una sucesión.

Continuidad y patrimonio

Algunos de los retos que enfrentan las familias empresarias en la sucesión respecto del patrimonio, es la pérdida de identidad y valores familiares, un potencial conflicto entre familiares, eventual incapacidad del líder para retirarse o delegar, dilución del capital, dificultades para sostener el nivel de vida e incluso la falta de transparencia.

Por ello, las familias procurarán brindar una educación para formar la inteligencia, el carácter y el liderazgo suficientes para inspirar aspectos como: creatividad y esfuerzo de trabajo, ser una ayuda para encontrar y perseguir su vocación personal, y evitar la dependencia financiera o la pérdida de iniciativa debido a la abundancia en la que se vive o al éxito conseguido por anteriores generaciones.

Los recursos patrimoniales representan un bien material, pero también un medio para ciertos fines y tienen que ser administrados y utilizados como tal. Algunas familias suponen que la formación del patrimonio es un asunto de acumulación y un fin en sí mismo, sin embargo la experiencia muestra que la preservación del patrimonio depende más del capital humano e intelectual de las familias. Por ello, sin un esfuerzo objetivo, disciplinado y consciente, difícilmente se estará preparado para tomar decisiones, administrar y hacer crecer el patrimonio y cumplir así con sus fines y propósito.

Educar para la gestión

Existen diversas razones por las que a menudo a los padres no les parece apropiado hablar de los haberes patrimoniales de la familia, como el miedo a que los hijos conozcan la situación patrimonial, desmotivarlos para que luchen y así destruir su futuro; preocupación por la privacidad de la familia, pero también desconocimiento para abordar el tema. Aunque las razones sean válidas, es conveniente preparar a la sucesión para la administración, el disfrute y crecimiento de los patrimonios construidos con gran trabajo y buena intención, y evitar así su mala utilización e inclusive su destrucción.

La ausencia de la educación patrimonial y la falta de formación de los hijos para gestionarlo ponen en riesgo lo que pudo haber tomado a varias generaciones construir no sólo el legado productivo, sino a los propios familiares y el empleo de otras familias.

Educar en la gestión del patrimonio resulta crucial para la transmisión del legado familiar y la trascendencia de la empresa familiar. La sucesión puede ser simplemente beneficiaria o asumir con responsabilidad los haberes, hacerlos producir y asegurar sus fines. Por ello se les va a preparar para ser administradores de inversiones o para el gobierno de las empresas como ejecutivos y directores, pero también para las labores filantrópicas y de responsabilidad social. En todos los casos, para producir y no sólo recibir.

Por eso educar la sucesión para la gestión de patrimonios es conveniente, pero es más importante la educación para el trabajo, el esfuerzo y la responsabilidad. La conservación y transmisión de patrimonios entre generaciones es un proceso en el que se recomienda que se prepare a la familia y que se conduzca como si fuera la primera generación.

Comportarse como la primera generación implica entender la importancia del trabajo esforzado y la capacidad emprendedora; con el fin de transmitirlo a las siguientes generaciones, es importante impulsar la creatividad y la pasión por lo que se hace.

Aun preparándose para el futuro, el riesgo de un quebranto siempre es posible, pero su probabilidad disminuirá si se toman algunas medidas y se convierten en prácticas prudentes de salud patrimonial familiar:

  • Tener claro el propósito de la familia, así como lo que significan los recursos económicos y el patrimonio.
  • Educar y clarificar los valores que son fuente de la unidad de la familia y su compromiso en el interior, con cada miembro y con la sociedad de la que son parte.
  • Actuar siempre con el ejemplo, transmitir la importancia del trabajo, la generosidad y la justicia.
  • Dar la suficiente importancia a la educación profesional de los hijos, para que alcancen el más alto nivel de aprendizaje acorde con sus capacidades y persigan su vocación, siempre con libertad en la elección de su camino profesional.
  • Identificar intereses y preocupaciones de los miembros familiares alrededor del patrimonio en común, para canalizar de mejor manera el patrimonio.
  • Impulsar el servicio a la comunidad con el propio patrimonio, inculcando el valor de la generosidad a través de la filantropía.
  • Crear una cultura financiera en la siguiente generación, al aprender desde pequeños que tiene que haber dinero para gastar, para ahorrar y para dar.
  • Diferenciar entre lo que se puede hacer con dinero y en lo que no ha de contarse con él.
  • Conversar sobre situaciones específicas en las que se haya experimentado algún problema con la gestión del patrimonio, si es que los ha habido.
  • Tomar decisiones de inversión a más largo plazo, eligiendo los riesgos adecuados.
  • Establecer las reglas de uso y disfrute de bienes patrimoniales y la manera como se pueden apoyar situaciones extraordinarias o impulsar proyectos emprendedores.
  • Establecer un sistema de gobierno familiar, que no es más que definir el proceso formal de toma de decisiones de la familia y cuando se den situaciones difíciles, siempre se utilicen los mismos criterios y se proteja a la familia de los conflictos entre sus miembros.

La formación del capital humano

El principal activo de una familia son sus integrantes. Por esa razón es muy conveniente que al tiempo de formar un patrimonio material, se dedique un mayor esfuerzo en la formación de la sucesión. Esa formación contempla no sólo los saberes y el intelecto, sino las capacidades y la voluntad, complementada con una amplia cultura, el fomento de sus habilidades de relacionamiento y una sólida formación moral.

Cada miembro de la familia tiene sus propios talentos, mismos que conviene conocer para impulsar y ayudar a cada uno a realizar su potencial. Esta promoción deberá hacerse siempre con oportunidad, en las diferentes etapas de la vida, con cuidado y respeto por la libertad individual y sin generar modelos inalcanzables que podrían generar una frustración innecesaria e inconveniente.

El reto está en la habilidad y conocimiento que los padres tengan de las posibilidades de los hijos. Es más fácil hacer dinero que formar hombres capaces de crear riqueza y que después sepan qué hacer con ella.

La formación de un patrimonio como acumulación de riqueza y bienes llega a ser un desatino si no establecemos un propósito para esos haberes. Establecer un propósito, sin embargo, requerirá de una visión clara y de la aplicación de talentos que permitan la realización de su fin y el logro de objetivos concretos.

No es posible abordar esta temática en las familias sin una concientización de lo que la educación y una amplia cultura beneficia a una sucesión. Por eso, la preparación debe partir de los mismos fundadores o cabezas de familia. Allí radica la fuerza de un legado cultural, educativo y moral.

Presidente de STF Consulting Group
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