Renovar con eficiencia

Ubicado al poniente de la Ciudad de Querétaro, el Colegio Nuevo Continente se une a la larga historia del legado arquitectónico destinado a la educación, con un lenguaje contundente, sobrio y perfectamente definido, esta obra ofrece instalaciones dignas para albergar a su comunidad estudiantil al tiempo que aporta con sutileza y respeto una nueva dimensión a la imagen urbana de su contexto.

Tiempo de renovar

Tras 25 años de iniciar su labor, el Colegio Nuevo Continente campus Querétaro, decide consolidar su historia y con ello, hacer más que una remodelación, una renovación del plantel a través de nuevas instalaciones con un lenguaje diferente en su arquitectura. Tal decisión llevó a la realización de un plan maestro donde se consideraría la sustitución de cada antiguo edificio por uno nuevo. Uno de estos edificios a renovar fue el plantel destinado a la atención de su comunidad a nivel preescolar.

La encomienda de su realización implicaba que éste no fuera un edificio más que sustituyera el existente, sino que se diseñara tomando en cuenta su cualidad de acceso principal a todo el conjunto escolar, por lo cual fue considerado el emblema y el nuevo rostro de la institución hacia la ciudad. Así surge este encargo arquitectónico diseñado por el arquitecto Miguel Montor.

El predio de casi dos hectáreas se encuentra sobre Avenida Zaragoza, una de las más simbólicas de la ciudad, y en él se ubican todos los edificios que alberga el programa escolar de la institución: desde maternal hasta preparatoria, así como las oficinas de dirección y una zona deportiva. El programa arquitectónico que debía cubrirse con la nueva construcción incluía: 18 aulas de clase, aula para yoga, cocina, música, dirección, biblioteca, módulo de sanitarios, informes conserjería, pabellón de usos múltiples y los accesos peatonales y vehiculares al conjunto.

Diseñar y dignificar

El arquitecto Miguel Montor, explica que:

la propuesta arquitectónica para este ejercicio partió principalmente de la idea de hacer un edificio que fuera lo más sencillo posible, que estuviera diseñado de tal forma que pudiera ejecutarse en el menor tiempo posible sin afectar la presencia que se buscaba tener, con un costo muy bajo y aprovechando al máximo de lo que ya existía en el sitio. Teniendo eso en mente, se logró un edificio que responde completamente a las necesidades del cliente, aprovechando al máximo los recursos tanto físicos como económicos de los cuales disponía el colegio, además de alcanzar la meta de ejecutar mil 700 metros cuadrados de obra en tan sólo cinco meses de construcción.

GREGORIO B. MENDOZA
El artículo completo fue publicado originalmente en HÁBITAT, Número 57, Abril - Mayo 2014