Charlotte, sus tesoros a pie

Tener como destino Charlotte, Carolina del Norte, sonaría lógico si sigues a las Panteras de la NFL, o si tuvieras negocios con Bank of America o Wells Fargo Bank, basados allí, es la casa de los banqueros, pues recuerda que sólo Nueva York es sede central de más bancos en el país que Charlotte.

Si vas a la llamada Queen City te sorprenderá lo ordenada que es esta pequeña ciudad –ocupa un espacio equivalente a la Zona Rosa de la ciudad de México–, donde se aglutinan grandes hoteles, restaurantes, museos, inclusive el de la Nascar, una arena deportiva y un estadio de futbol.

Limpia pero bulliciosa por las noches, Charlotte es de esas urbes que atraen al hombre de negocios, porque todo lo interesante que hay que ver en ellas se puede hacer a pie, vaya, hasta una excursión (City Tour) por sus alrededores te llevará apenas un par de horas.

Queen City, como el condado, toma su nombre de Charlotte of Mecklenburg-Strelitz, quien se convirtió en reina consorte de la Gran Bretaña un año antes de la fundación de la ciudad.

Y de la Guerra de Secesión se creó la segunda denominación, producto de cuando el comandante Charles Cornwallis, quien había ocupado la ciudad, fue corrido por residentes hostiles y obligado a escribir que Charlotte era un “nido de avispas (hornets) de la rebelión”, resultando en The Hornet’s Nest. ¿Quién no se acuerda de los Hornest de Charlotte, que durante 14 años jugaron en la National Basketball Association (NBA) y apenas desaparecieron en abril del año pasado?

Tienes que estar en Biltmore

Un destino imperdible está a dos horas de distancia: Biltmore, donde se yergue la mansión más grande de Estados Unidos; y Ford, Carneggie, Morgan, Rockefeller y Vanderbilt fueron hombres que transformaron a Estados Unidos.

Cornelius Vanderbilt, de origen holandés y conocido como el “Comodoro”, amasó su fortuna en el negocio del transporte marítimo y ferroviario. A su muerte, la fortuna personal de Vanderbilt se estimaba en 100 millones de dólares, de los cuales dejó a su hijo William Henry 95 millones y sólo 500 mil dólares a cada una de sus hijas y a su esposa.

Así, fue William quien continuó con el legado de negocios y entre sus descendientes estaría George Washington Vanderbilt II, famoso por ser un refinado coleccionista de arte.

En 1895 se construyó la mundialmente famosa Biltmore House & Gardens, que requirió de la labor de mil trabajadores y seis años de trabajo, en sus pocos más de 16 mil m2, donde se distribuyen 250 habitaciones, 65 chimeneas, 43 baños, 34 recámaras y tres cocinas. El salón de banquetes tiene 25 metros de largo por 14 de ancho y a su mesa se pueden sentar hasta 64 personas.

Una colección de tesoros

La casa conserva gran parte del mobiliario original y está repleta de tesoros artísticos que te encantarán: candelabros, porcelanas, esculturas, gobelinos y marfiles, todo reflejo del coleccionista que era George Vanderbilt, aun cuando sus tesoros más preciados son las pinturas que todavía se pueden admirar; también es factible encontrar desde un Renoir y un Rembrandt, hasta una rica muestra de John Singer Sargent, que inclusive pintó in situ.

Un lugar aparte merece el Salón Raphael, donde hay grabados renacentistas que te permitirán realizar un magnífico viaje al pasado.

Es sabido que la familia Vanderbilt gustaba de recibir en su residencia a ministros, diplomáticos, políticos, artistas y escritores, a quienes ofrecía amenidades de la propiedad rural.

Llama la atención que una mansión de aquella época contara con un boliche, alberca techada e iluminada, vestidores privados y gimnasio, donde se incluía una pieza para secado de ropa.

La parte exterior también es impresionante, con sus jardines y especies típicas de la zona, coloridas flores y espejos de agua; un refugio para la reflexión, así como un invernadero para surtir a la propiedad de flores y plantas.

El recorrido podría culminarse en alguno de sus restaurantes, desde un café hasta un maravilloso bistró, sin olvidar probar algo de la cava, plena en deliciosos vinos de la región.

Hoy, Biltmore está convertido en un negocio familiar, propiedad de William A.V. Cecil, nieto de Vanderbilt, quien junto con sus dos hijos y mil 800 empleados preservan un auténtico tesoro ¡que no te puedes perder!

MANUEL ALONSO C.