Malecón Tajamar, el otro lado de la moneda

ALAN RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ*

Llegué a vivir a Cancún en el año 2002, la ciudad era muy diferente a como es hoy en día, tenía una atmosfera de ciudad nueva, caracterizada obviamente por su belleza natural y por amplios espacios sin desarrollar. Por ese entonces Avenida Bonampak no tenía mucho, el centro comercial Las Américas era el lugar principal para pasar el tiempo, uno podía ver desde su área de comida rápida el frente que hoy ocupa el Malecón Tajarmar y era manglar completamente cerrado, al que no había ningún tipo de acceso.

Con lo años la ciudad atestigüé la transformación de ese paraje verde, específicamente en 2007 fuimos testigos de la construcción de calles y una gran avenida, muchos no se percataron si quiera del cambio, no era noticia las construcción que llevaban a cabo, salvo un feo monumento con el logo de Fonatur, no se veía más…

Entre el 2012 y el 2013 avenida Bonampak fue transformada completamente, el área del antiguo centro Comercial las Américas nos deslumbraba ahora con su nueva fase conocida como Malecón Américas la cual no solo ofrecía nuevas tiendas y restaurantes sino condominios de lujo visibles desde cualquier punto de la zona urbana de Cancún, y en frente por fin se abrió esa gran avenida denominada Malecón Tajamar, la cual conduce a un malecón que da hacia la laguna Nichupte.

Las avenidas, las calles y el malecón fueron recibidos con gran aprecio por los habitantes, cuando uno camina por la avenida ve parejas de enamorados recorriéndola, padres con niños en bicicletas o patines, familias enteras contemplando la hermosa vista de la laguna desde donde se aprecian a lo lejos los hoteles que se encuentran en la zona hotelera. En fin, ha sido una zona que se ha convertido en punto de reunión para las familias cancunenses, para deportistas, ya que es muy agradable correr mirando al horizonte, inclusive para mascotas que caminan acompañados de sus amos.

Ese malecón ha sido inclusive testigo diversos conciertos, yo una vez bailé y canté junto a miles de cancunenses hasta la media noche que duró el concierto, fue muy agradable y divertido, por lo tanto puedo decir que la población de Cancún ha disfrutado de las obras hechas en el manglar de diversas formas.

Por todo lo anterior me llama mucho la atención las protestas y los movimientos sociales que se han producido por la remoción de la vegetación colindante a las nuevas calles que conforman hoy Malecón Tajamar, ya que era más que evidente que algún día eso lo continuarían construyendo, lo cual al más puro estilo de Gabriel García Márquez lo puedo denominar como “Crónica de una muerte anunciada”, fue inocente el pensar que de por vida íbamos a ver los remanentes de manglar. Es inherente a la humanidad la destrucción de la naturaleza por su desarrollo, por citar ejemplos se puede citar cualquier ciudad en México o del mundo, la construcción de las ciudades que hoy nos maravillan como Las Vegas, Nueva York, Londres o la que me digan, se ha tenido que desbastar y modificar los ecosistemas existentes, esto el hombre lo llama “progreso y civilización”.

Tajamar: Las dos caras

Al día de hoy soy director de una firma de abogados especializados en legislación ambiental, por eso creo que entiendo y a través del presente ensayo me gustaría explicar de una manera más clara y desde una óptica completamente neutral lo sucedido con el proyecto Tajamar.

De acuerdo al artículo 28 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Medio Ambiente (LGEEPA) cualquier persona (sea particular o de gobierno) que quiera llevar a cabo una serie de actividades descritas en las múltiples fracciones del artículo citado deberán elaborar y poner a consideración de la Semarnat, un estudio denominado “manifestación de impacto ambiental” en el cual se deberá señalar de manera precisa los impactos o los desequilibrios ambientales que pudieran ocasionar en un ecosistema la realización de las obras que pretenda el desarrollador. Fonatur, en el 2006, presentó dicho tramite, parte del procedimiento que establece la ley es que se publique en periódicos con mayor circulación en el país o en el estado en donde se encuentre el proyecto para que la ciudadanía se entere de lo que se pretende realizar, y pueda acudir a la Semarnat a manifestar sus consideraciones respecto al proyecto, muchas veces si el promovente omitió señalar datos ambientales como la existencia de especies de flora o fauna, la Secretaría puede percatarse de su existencia gracias a las manifestaciones de los particulares. Es decir, con esto se puede concluir que la ciudadanía, las organizaciones proteccionistas del medio ambiente y el público en general supo de las pretensiones de Fonatur para esa zona de manglar, y al parecer nadie hizo caso al desarrollo del proyecto.

¿Quiénes son las autoridades que participan en este tipo de procedimientos de proyectos en zonas federales? Es evidente que autoridades federales, en este caso el promovente fue Fonatur y quien evalúo el tramite fue la Semarnat, por lo tanto no es de competencia estatal o municipal, a éstos últimos, la Semarnat puede pedirles su opinión pero nada más.

La MIA presentada por Fonatur para el proyecto Tajamar fue evaluada conforme a la LGEEPA y la anterior Ley General de Vida Silvestre vigente en el aquél momento, es decir, aquella que aun no contemplaba el actual artículo 60 TER el cual fue adicionado el 1 de febrero del 2007 y prohíbe cualquier actividades de obra civil dentro de los ecosistemas denominados como manglares, fue por ello que la MIA en su momento cumplió con lo que las leyes establecían para poder autorizar el proyecto.

Gracias a la autorización obtenida, Fonatur construyo la gran avenida, el malecón y las calles circundantes, a las cuales obviamente se les dotó de servicios públicos tales como drenaje y luz, esto quiere decir, que el ecosistema de manglar se interrumpió completamente con las obras realizadas, ya que dichas obras interrumpieron su ciclo hidrológico lo cual es lo más relevante en un sistema de este tipo y es lo que hace que sea un ecosistema extremadamente rico en vida, por lo que al afectarlo y cercarlo con calles, rejas y demás obra civil podemos entender que todos los relictos de manglar que quedaron en pie era ya pura y simple vegetación secundaria a la cual probablemente llegaban especies estacionales, pero en general, toda la riqueza de fauna que llegó a tener el manglar emigró desde aquél 2007 que iniciaron la construcción de las obras.

Hasta aquí vemos que el proyecto venía de la mano con la ley, el problema se centra en que no se ejecutó la totalidad del proyecto autorizado dentro del plazo que la propia Semarnat estableció para llevarlo a cabo, por lo tanto, cuando en 2009 se solicitó por parte de Fonatur una extensión del plazo para llevar a cabo la conclusión de la obra, es decir, el desmontar las fracciones resultantes de la lotificación, la Semarnat no podía otorgar dicha autorización, puesto que la ley ya había sido adicionada y se encontraba vigente para ese momento. Por lo tanto vemos un claro conflicto jurídico el cual se deberá analizar de manera profunda, puesto que es claro que una ley no puede aplicarse manera retroactiva, pero en este caso no estamos en ese supuesto, ya que en su momento se aplicó la ley en vigor y al momento de solicitar la renovación de la licencia, la Secretaría debió de aplicar la vigente en ese momento, no la anterior.

Hasta aquí quisiera hacer un alto y poner en perspectiva los supuestos que se pudieran originar en el proyecto, es decir, analizar los diversos caminos que puede tomar todo este embrollo: 1) Si la Semarnat hubiera negado la autorización de acuerdo a la nueva ley, hubiera traído fuertes consecuencias al erario federal, puesto que hubiera tenido Fonatur que devolver el dinero que obtuvo por las compraventas realizadas sobre las fracciones del proyecto a los particulares que compraron de buena fe, más intereses y todo lo que pudiera resultar, puesto que en los contratos de compraventa se estableció que de acuerdo a la vocación de uso de suelo de la zona de acuerdo al Programa de Desarrollo Urbana de Cancún, todo el proyecto cae dentro de un área urbana, por lo que en caso de que se revocaran 2) se hubiera perdido toda la inversión de calles y servicios públicos que ya se habían realizado, 3) El manglar no se regenerará, salvo que se destruya todo lo que ya esta construido.

Por lo tanto me imagino se tuvo que sopesar sobre los supuestos que se tenían: o se conservaba una vegetación que sí, es manglar, pero que ya no tiene relevancia biótica por que las obras que se realizaron interrumpieron completamente su ciclo hidrológico y terminó como si fuera vegetación de jardín trasero o llevaban a cabo la conclusión del proyecto la cual en efecto traerá un beneficio a la ciudadanía en inversión directa, desarrollos de proyectos y demás.

Muchos se rasgan las vestiduras al hablar de desarrollo en zonas vírgenes urbanas, pero debo decir que es mil veces preferible que se afecte una zona que esta dentro de una mancha urbana porque esto ocasionará un optimo aprovechamiento del terreno, a que se afecten ecosistemas vírgenes en las áreas rurales, piensen en cuanta gente del campo viene a las ciudad a buscar una nueva forma de vida, esto ocasiona que esas personas en lugar de desmontar, talar y destruir manglares y selvas, como es el caso de la Península de Yucatán, mejor vienen a la industria de la construcción o a la hotelería, por lo tanto, el desarrollo de un área virgen urbana salva millones de kilómetros de zonas naturales.

Para los que hemos podido ver cual es el resultado de los remanentes de vegetación virgen dentro de las áreas urbanas, podemos decir que éstas se convierten en basureros furtivos, problema que tienen ciudades como Cancún, Playa del Carmen e incluso lo he visto en la Ciudad de México, en la zona de Santa Fe o el Ajusco, por lo tanto debemos de pensar de una manera inteligente cual es el beneficio mayor de cada circunstancia y sobre ello tomar decisiones, en efecto, estas decisiones pueden llevarnos a vivir como un país de primer mundo o pueden dejarnos en las eternas “vías de desarrollo”.

Mediante las redes sociales he visto varias personas que conozco y aprecio que se fueron a manifestar por las obras de Tajamar, son personas buenas y que sueñan con un mundo mejor, pero me temo, que son manejados por los intereses ocultos de pseudoecologistas que solo buscan su beneficio económico mediante el buen corazón de la gente y así obstaculizan proyectos en zonas en donde saben pueden ganar algo, ya sea político, ya sea económico, pero son grupos que no se manifiestan por la destrucción ecológica en zonas que no tienen relevancia económica, como es el caso de la tala furtiva que vive Puerto Morelos, José María Pino Suárez, Felipe Carrillo Puerto y tantos municipios de nuestro querido Quintana Roo.

Antes de subirnos al tren emocional de la opinión pública creo que es importante meditar sobre las variantes que se tienen sobre una cuestión, ya que si se lesiona el nombre del destino, en este caso, Cancún, los únicos que salimos perdiendo somos los que vivimos aquí, recuerden el efecto catastrófico en nuestra economía que tuvimos con la influenza en 2009, todo este manejo que se le ha dado a Tajamar a trascendido al plano internacional, lo cual puede desencadenar en un castigo del turismo internacional a nuestra ciudad y ahí sí todos sucumbiremos por igual.

*Socio director de Negocios e Inversiones en Q. Roo