El impacto de la neuroplasticidad social

Las habilidades sociales tienen una importancia creciente dentro del mundo organizacional. Es muy frecuente encontrar personas altamente talentosas y con mucha capacidad en su área de especialidad, pero con carencias significativas en sus habilidades sociales, con poca capacidad para colaborar, para negociar, para generar valor en conjunto y muy limitados en su inteligencia socioemocional.

En pocas palabras, existen muchos profesionales con un excelente desempeño en lo individual pero con un deficiente desempeño en la colectividad.

En un entorno cada vez más interdependiente, y donde las organizaciones dependen cada vez menos del genio solitario y más de la innovación y creatividad colectiva, es imperante construir sistemas de trabajo que desarrollan socialmente a las personas. La tesis expuesta por el experto en desarrollo organizacional, Daniel Pink, en su libro “A whole new mind” en donde plantea que estamos en una era donde el cerebro derecho tiene supremacía sobre el izquierdo está siendo cada vez más una realidad. Las personas que llevarán a niveles superiores a las organizaciones son aquellas que desarrollan las llamadas “Habilidades suaves”.

Toda la información que se ha generado en los últimos 10 años sobre la neuroplasticidad, es decir, la capacidad que tenemos los seres humanos de modificar los acomodos neuronales, entrenar a nuestro cerebro y transformar nuestra mente, brinda una gran oportunidad a las organizaciones para generar sistemas de desarrollo de nuevas habilidades en sus colaboradores.

Ha quedado demostrado la funcionalidad de la neuroplasticidad social en los intensos entrenamientos a los que se ven sometidos las personas de las áreas comerciales. Típicamente en las empresas existe un presupuesto significativo para la capacitación de sus ejecutivos de cuenta. Estos profesionales en la actualidad tienen excelentes habilidades de comunicación, empatía, trabajo en equipo, negociación y generación de confianza.

Evidentemente no todos nacieron con ese conjunto de habilidades sino que las desarrollaron. Entrenaron su cerebro por medio de seminarios, cursos, dinámicas, “role plays”, práctica repetitiva y un enfoque individual en su desarrollo. Con todo esto lograron una interacción neuronal diferente, una sinapsis nueva, que trajo como consecuencia un cambio evidente en su habilidad social.

Ese mismo procedimiento se puede experimentar en todos los colaboradores. Hoy más que nunca las organizaciones necesitan un entrenamiento en habilidades sociales, que vaya más allá de impartir cursos o algunas actividades de team building o integración. Se necesita un programa serio y permanente de desarrollo del cerebro izquierdo, un sistema continuo de aprendizaje social, un enfoque consistente en las habilidades suaves. En definitivo las empresas que aspiren a la grandeza organizacional deben comenzar a desarrollar sistemas de la neuroplasticidad social.

ALEJANDRO NAVA
* Socio director de la consultoría Pro Management
E-mail: anava@promanagement.com.mx
En Twitter: @alejnava