CEOs, “obligados” a cursar posgrados en negocios

En los mercados lo único permanente ha sido el cambio y lo que hacen los ejecutivos es buscar estrategias para reducir el riesgo; pongamos el caso de moda: el oro, la caída libre en su precio durante las últimas semanas ha acaparado titulares en los diarios y, cómo no, si fue el refugio predilecto de muchos inversionistas en la última década, dado que les generó ganancias seguras. Pero recién se ha vuelto vulnerable y la gente se pregunta si es el fin de la etapa de bonanza o una caída coyuntural y, por tanto, momento para comprar.

La respuesta sólo el tiempo la dará, ésta es una de tantas decisiones que tienen que tomar los ejecutivos y que requieren conocimientos técnicos, información precisa y capacidad para analizar y tomar la mejor decisión.De ahí la urgencia de que el ejecutivo esté mejor preparado y curse un posgrado en negocios; la elección del programa para seguir en plano ascendente es fundamental. Hoy existen muchas opciones, tanto de programas como de instituciones, por lo que la elección debe basarse en el retorno de inversión.

Muchos se preguntan cuál es la mejor maestría de negocios; en la práctica no hay una respuesta única, porque cursar un posgrado es como elegir un fondo de inversión para el retiro o un seguro de vida: no hay uno que se adapte a todos.

Siempre se tiene que ver como una inversión, dice Fabián E. Basabe Peña, director de Posgrado de la Escuela de Negocios de la Universidad Regiomontana, dice: “Los procesos formativos son una inversión y aumentan los beneficios si están sistematizados; la concepción de qué es el aprendizaje, ya sea por conocimientos o por competencias, da un valor que permite la obtención de objetivos concretos. En los últimos años ha dominado la idea de que las instituciones educativas no han dado respuestas idóneas a las necesidades de la sociedad, pero este reclamo lo podemos observar en las tablas de arcilla del pueblo sumero (2000 a.c.)”

Covadonga Sánchez Victorero, coordinadora de Posgrados de la Facultad de Negocios de la Universidad Anáhuac, cita: “Alrededor de 2% de la población del país tiene la oportunidad de cursar una maestría, es un grupo de élite. Por tanto, sus oportunidades a nivel profesional son más atractivas en cuanto a retos profesionales y sus responsabilidades son mayores. Por ello se exige al profesionista con maestría que cuente con conocimientos y habilidades gerenciales que le permitan tomar las mejores decisiones para la empresa en el aquí y ahora”.

“En cuanto al cómo, existe una escasez en la demanda laboral de puestos de gerencia general y dirección, por lo que los futuros egresados aspiran a ocupar dichos puestos, con gran poder de negociación”, agrega.¿Cuál es la tuya?

Existen maestrías de negocios para todo tipo de ejecutivo: tiempo completo, parcial y en línea, con distintos costos, pues van desde los 5 mil hasta los 50 mil dólares y cuyas diferencias son grandes, desde una doble titulación (una en México y otra por la universidad en el extranjero), hasta las acreditaciones internacionales, como SACS (Southern Association of Colleges and Schools), AACSB (Association to Advance Collegiate Schools of Business), de las cuales no más de cuatro universidades en México tienen una. Algunas ofrecen cursar un año en el extranjero para terminar los estudios, y las diferencias van desde la calidad del profesorado hasta amenidades como grabar cada clase o estar disponible por Internet, si es que faltó un día.

Los programas de posgrado hoy están centrados en el conocimiento y en contar con excelencia y dominio de habilidades gerenciales. Basabe Peña comenta que estos se deben entender como una formación integral, con un abanico de posibilidades “porque en un espacio y tiempo específico se obtienen conocimientos y habilidades, se sistematizan competencias, se establecen redes de relaciones, se comparten experiencias laborales, se establecen vínculos en el extranjero, contactos con incubadoras de negocios, con bolsas de trabajo, aprendizajes e interacción con personas de distintas nacionalidades, relación con doctores, empresarios, consultores, es decir, experiencias que difícilmente se pueden construir en otro lado”.

Más que pensar sólo en ejecutivos, los posgrados ayudan a redefinir competencias y estrategias específicas, y los benefician en la toma de decisiones, ya que parten de un marco de análisis y con sustentos experienciales y científicos.

Claro, para ello es necesario que las instituciones educativas estén al pendiente de las dinámicas sociales, un currículum flexible que contemple las dimensiones de la sociedad y que adquiera la velocidad de adaptación y brinde espacios formativos útiles.

México, con casi todo por hacer

Si nos enfocamos en México, la necesidad es más imperiosa, pues 95% de las empresas que quiebran lo hacen antes del tercer año de vida. Este dato muestra la escasa formación de cuadros que intentan consolidarse como empresarios. Si a ello le sumamos que menos de 2% de la población tiene formación de posgrado entenderíamos que queda mucho camino por recorrer para lograr la democratización educativa.

Si agregamos que los mercados son cada vez más competitivos y que las empresas necesitan cada día ejecutivos con mayor grado de preparación, en México alguien no está haciendo bien la tarea. Aunque avanzamos cinco posiciones en el Anuario de Competitividad Mundial 2013, elaborado por el Instituto para el Desarrollo Gerencial (IMD, por sus siglas en inglés), el país se ubicó en la posición 32 de 60 naciones evaluadas.

Muchos de los especialistas en reclutamiento comentaron que cuando los universitarios concluyen su licenciatura no están desarrolladas habilidades gerenciales como liderazgo, toma de decisiones, manejo de conflictos, trabajo en equipo y lejos de mantenerse actualizados para crecer como ejecutivo.

Por eso, hoy “los ejecutivos son profesionistas altamente especializados en su área de expertise y con conocimientos base de las diversas áreas del conocimiento que les permiten tomar decisiones más acertadas y con fundamento en hechos que se ven día a día en el mundo, tanto a nivel económico, como político, social y cultural”, mencionó Covadonga Sánchez.

“Al estudiar una maestría de negocios se potencian las habilidades gerenciales, dándoles las herramientas necesarias para ocupar posiciones de alta dirección, ser emprendedores en la empresa en que colaboran o, mañana por su cuenta”.

No obstante que falte mucho por hacer, existen instituciones mexicanas entre las mejores del mundo. El IPADE, por ejemplo, es una institución valorada a nivel mundial, según diversos rankings, y la EGADE Business School del Tec de Monterrey fue reconocida por quinto año consecutivo como la mejor escuela de negocios en América Latina, según el ranking elaborado por Eduniversal y el diario Financial Times. En éste, el ITAM aparece en segundo sitio.

RAÚL OLMEDO