¿Cómo evitar el mobbing?

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El acoso laboral para las compañías donde se presenta se traduce en un perder-perder. La empresa porque permite que se genere una comunidad de odio y los involucrados por el impacto a nivel emocional y profesional

Asediar, molestar, humillar, sabotear, acorralar, hostigar, intimidar y perturbar; todos estos verbos se concentran en lo que conocemos como mobbing, un anglicismo que define al acoso laboral.

El término empezó a utilizarse en la década de los 80 cuando académicos suecos – entre ellos Kenneth West- Hues y Gary Namie – se interesaron por estudiar este fenómeno capaz de producir miedo, terror, desprecio, desánimo o hasta la muerte en el trabajador afectado.

El acoso laboral puede ser individual o en grupo. Se genera entre pares y desde las estructuras de alto rango hasta las áreas más operativas o de un equipo de trabajo a una sola persona.

Estudios recientes en Ciencias del Comportamiento revelan que entre 10 y 15% de los trabajadores de las empresas a nivel internacional han sufrido casos de mobbing, nada descabellado en un mundo en donde el 2% de la población tiene tendencias psicópatas y disfruta atacar a la gente, de acuerdo al libro Emotional Recovery from workplace Mobbing.

El medio ambiente del mobbing es la oficina. Los poderes fácticos: económicos, de conocimiento, de mando, entre otros; son factores que pueden generar estos problemas. Cualquier persona puede sufrirlo cuando se convierte en el objetivo de un interés particular o de una estrategia perversa.

El acoso laboral para las compañías donde se presenta se traduce en un perder- perder. La empresa pierde al permitir que se genere una comunidad de odio y los actores involucrados pierden al mismo tiempo a nivel emocional y profesional. Desde luego el que acosa o los que acosan quieren ganar algo, generalmente la renuncia del acechado para cubrir esa plaza con otra persona, o para evitar el pago de liquidaciones, por ejemplo, pero los líderes pierden reputación y a la larga esta forma de quitar de en medio a un trabajador termina por convertirse en un círculo vicioso al estilo de la Ley del Talión con su “ojo por ojo”, o bien, se podría aplicar
el dicho: “el que a hierro mata, a hierro muere”. Hay ganadores temporales, pero no absolutos.

Es difícil encasillar las modalidades del mobbing. Primero, es necesario determinar qué tan tóxica es la organización. Qué tanto lo permiten desde la cabeza, desde los líderes. Generalmente aquellas empresas cuyos valores se apegan a que el fin justifica los medios, son propicias para que se desarrolle este fenómeno.

Desde las grandes trasnacionales hasta las más modestas compañías familiares pueden y deben prevenir esta situación y tomar medidas enérgicas para erradicarlo. Todo parte de los propios valores fundamentales del negocio. Los líderes empresariales deben estar por todos lados, observando cómo se comportan sus empleados. Tienen que medir continuamente la productividad y buscar mejorar siempre el ambiente laboral. Se pueden aplicar evaluaciones de 360 grados o sociogramas. Deben tener agentes de cambio y embajadores que funcionen como emisarios de los valores de la empresa, que denuncien aquellos actos que contradigan los marcos o códigos éticos de la compañía. Asimismo, es necesario crear un órgano sancionador que aplique la ley dentro de la compañía.

Entre más armonía tenga una empresa para los que ahí laboran, más cuidarán su puesto y evitarán actos de acoso o agresión. Lo podrán pensar, pero será difícil que lo lleven a cabo. El atractivo de una organización inhibe el desarrollo del mobbing. No importa que sean trasnacionales o familiares, todo depende de sus valores.