¿Qué hay detrás del lazo entre un perro y su amo?

CLAUDIA CORATELLA

Los perros han sido compañeros del ser humano desde hace miles de años y ningún otro animal comparte una relación tan estrecha con nosotros.¿Quién no recuerda su historia de vida íntimamente ligada a algún cachorro? La mayoría de las personas tenemos anécdotas de cercanía, comprensión o amor incondicional mutuos.

Para ellos, vivir como parte de una familia o una manada en un hogar es parte de su instinto natural heredado de los lobos y, sin importar la raza, muestran una lealtad profunda a sus amos. No en vano se considera el mejor amigo del hombre.

Ese vínculo de amor a primera vista con nuestros fieles amigos se convirtió en objeto de interés para la ciencia. Un grupo de investigación de la Universidad Azabu en Japón ha confirmado, a través de varios experimentos, que los perros y sus dueños producen un lazo comparable a los de una madre y sus hijos; esto es sin dudarlo, un lazo que no se rompe fácilmente.

Entre sus experimentos descubrieron que a través del contacto visual entre los perros y los seres humanos se aumenta el nivel de oxitoxina, la hormona responsable entre otras cosas de la empatía y los lazos sociales entre parientes o amigos. También encontraron que ambos producen mutaciones similares en los sistemas de respuesta al estrés a través de la evolución. Con esta conclusión, crearon la hipótesis de porqué se dice que los perros se parecen a sus dueños, y es debido a que a través de la interacción, ellos también aprenden a ser tolerantes, pacientes o todo lo contrario.

De acuerdo con los científicos de esta Universidad, quienes han dado a conocer sus resultados en varias publicaciones científicas, este amor incondicional y lealtad que se genera en la relación es por un mecanismo de retroalimentación hormonal, similar al que existe entre una madre con sus hijos. Gracias a estas investigaciones, podemos comprobar que los perros son capaces de amar en distintas situaciones.

Sus sentimientos son evidentes y es imposible no reconocer su comportamiento de afecto verdadero y desinteresado. Ya sea moviendo la cola, mirándonos a los ojos, lamiendo nuestras caras o manos, invitándonos a jugar con ellos o hasta una sonrisa para darnos una bienvenida son muestras de amor que todos valoramos en ellos.