El objetivo de dejar tarea a los alumnos

KEIKO SASHIDA

En la sobremesa, conviviendo con mi familia, un amigo me escribió: “y es que todavía no llega el momento de hacer tareas”. En ese momento sentí lo liberados que estábamos al vivir las vacaciones y cómo dejamos, entre semana de tener estas convivencias. ¿Deberá ser normal? Recordé los apuros que vivimos muchas familias a partir de que empiezan la escuela. Horarios, clases extraescolares y tareas.

Las tareas. No estoy en contra de ellas, siempre y cuando tengan un objetivo. Educada con la idea de terminar primero los deberes y después los placeres, también estoy a favor de convivencias familiares, de actividades al aire libre, del deporte, la cultura, de tardes alegres y despreocupadas. Los profesores que, deberían ser responsables, deberían desear que sus alumnos tengan un desarrollo integral y por eso, se deberían plantear si deben o no dejar tarea y cuánta. No busco con precisión que México sea como Finlandia, con un sistema educativo muy distinto al nuestro, donde no tienen tareas en casa y pasan muy poco tiempo en escuela. Aunque lo correcto es cuestionarse y buscar mejoras educativas.

Dejo claro que con esto no quiero que los alumnos, sin tareas, se hagan débiles, ni flojos, ni desentendidos, ni irresponsables. Sólo pido tareas inteligentes y oportunas. Hay profesores de escuelas desconocidas a mí que dejan tareas inútiles. Pondré ejemplos: copiar a mano páginas enteras de libros (¿tal vez copiándolo se pueda aprender algo?), completar planas y planas escritas de caligrafía para entregar el libro lleno a final del año (en algún momento mejorarán su letra?), calcar mapas (¿para memorizarse la geografía?), maquetas comestibles (para carreras universitarias con manualidades), dibujar las portadas de los cuadernos (¿recreo mental?). Y, ¿qué tal las tareas donde compiten las habilidades de los padres de familia? Que los alumnos hagan sus tareas, no sus padres, y que profesores evalúen con objetividad, aunque sé que ese es otro tema. Y entiendo, se lee sencillo, pero al final quita tiempo, y el tiempo es un valor escaso y no renovable.

Una vez escrito lo anterior, me gustaría que los profesores, antes de dejar tareas, se hicieran las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuál es el objetivo de dejar esa tarea?
  2. ¿Las tareas que dejan en casa refuerzan lo que les enseñaron en la escuela?
  3. ¿Cuánto tiempo los alumnos deben ocupar haciendo la tarea?
  4. ¿Qué es lo que los alumnos van a dejar de hacer por hacer la tarea?
  5. ¿Esta tarea contribuye a repasar lo aprendido en el salón de clases?
  6. ¿La tarea mejora las habilidades de los alumnos?
  7. ¿Promueve el gusto, la curiosidad y el interés por investigar?

Los momentos de convivencia y de aprendizajes alternativos (no necesariamente escolares) no deben escasear en el año escolar por actividades fútiles. Sepamos aprovechar nuestro tiempo y el de nuestros hijos lo mejor que se pueda.