Empresas exitosas piensan diferente

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Las organizaciones integradas por colaboradores tradicionales están destinadas al fracaso, por ello es deseable el pensamiento divergente, disruptivo, creativo e innovador

Raciel Sosa
Director general de Leadex Solutions

El pensamiento lineal nos lleva a tener una sola forma, natural o aprendida, de hacer las cosas, está muy acorde con el entorno social; es decir, proyecta lo que la gente espera, que se traduce en la manera “común” de hacer las cosas.

Al contrario, si nuestro pensamiento es divergente, se nos presentan múltiples opciones para llegar a un mismo resultado y, por tanto, se abre la posibilidad de hacer cosas totalmente nuevas, además de llegar a nuestra meta de manera más rápida y menos costosa. En este sentido, aunque el pensamiento lineal también suma, a largo plazo es el pensamiento divergente el que nos permite la evolución, el desarrollo y un crecimiento acelerado, ya que es un factor multiplicador.

No obstante, el primer prejuicio ligado a un pensamiento divergente es que genera incomodidad y “urticaria social”, pues, frecuentemente existe un rechazo hacia nuevas formas de hacer las cosas, lo cual daña el entorno social de quien lo posee. A pesar de que todos los grandes cambios han sido originados a raíz de un pensamiento divergente, las personas que los inician han pagado un alto costo social.

Quienes tienen pensamiento divergente no están adaptadas al entorno académico; justamente, no son los más brillantes en las escuelas ni los que obtienen las mejores calificaciones. Hacen cosas inesperadas, están orientados a la acción, son arriesgados, lo que llamaríamos comunmente los “bad boys” porque su apego a las reglas es realmente bajo.

Su valor en las organizaciones

En el terreno laboral, es de gran importancia que los colaboradores de una compañía tengan un pensamiento divergente. Las empresas deberían de promover que los empleados puedan empezar a generar alternativas que vayan por otro camino, sean disruptivos, creativos e innovadores. Hay personas que nacen con cierta disposición a tener este pensamiento pero todos podemos aprender. Existen muchas técnicas y métodos, además de varios modelos que enseñan a “mirar fuera de la caja”.

Aunque las compañías reconocen su importancia, frecuentemente, este tipo de pensamiento genera una discusión interna. Todas las compañías hablan de su importancia pero, en la práctica, la mayor parte de las empresas lo apagan porque atenta contra el status quo. Todos entienden su valor pero también lo amenazante que es. La excepción es cuando el presidente o la alta dirección está de acuerdo con dicho pensamiento, pero diría que este caso representa al 1% del mundo organizacional.

Las empresas exitosas del siglo XX destinadas al fracaso en el XXI

Todas las empresas que demostraron ser exitosas en el siglo XX están destinadas a fracasar en el XXI, a menos que promuevan un nuevo modelo de negocios y para eso requieren un pensamiento divergente, asertivo e innovador; es decir, ya no es conveniente, sino necesario para la supervivencia de su negocio.

Cabe mencionar que este tipo de pensamiento, actualmente, viene, en buena medida, de la mano de los Millennials. De hecho, buena parte de las organizaciones que han sido exitosas en el siglo XX en áreas como tecnología, están muy preocupadas porque las startups, que son las empresas nuevas que tienen a lo sumo 5 o 10 años de antigüedad, fundadas, en muchas ocasiones, por recién egresados, con un pensamiento divergente, han desafiado a los grandes monstruos organizacionales que hoy están en riesgo porque saben que les están “arrancando un pedazo del pastel” y que los rebasan con poca gente, mucha digitalización y con una gran orientación al mercado y al cliente.

¿Cómo desarrollar un pensamiento divergente?

1.- Educar a la gente en este tipo de pensamiento.
2.- Crear prácticas y procesos que fomenten el uso y la práctica de la divergencia.
3.- Reconocer, premiar o estimular este tipo de iniciativas; es decir, premiar la divergencia dentro de la organización.