“Generation Me”: jóvenes narcisistas, un reto para las empresas


Forman parte de la "Generation Me" y demandan la disminución de monitoreo y control, pero recibir más capacitación, tutoría y retroalimentación
KARSTEN JONSEN*

Muchas generaciones han dicho “los jóvenes de hoy en día sólo piensan en ellos mismos”, pero esta vez, quizás tengan razón. Investigadores y sociólogos han identificado un enfoque progresivo del “Me” (yo) en las últimas generaciones. La “Generation Me”, como la llaman algunos, la conforman personas nacidas en las últimas décadas y hoy están o se preparan para entrar al mercado laboral. En todo el mundo, los hábitos y el comportamiento de la juventud tienen implicaciones en el futuro de los negocios, así como las interacciones entre jefes y empleados.

En Estados Unidos, durante las últimas décadas, los investigadores han medido el narcisismo o la visión exagerada de uno mismo, falta de empatía, necesidad de ser admirado y experiencias para mejorarse a sí mismo. Esto ha llevado a la preocupante conclusión de que los jóvenes se enfocan cada vez más en maximizar o pertenecer a una nueva era, donde muchas personas buscan sólo su propio bienestar, a menudo, a expensas de otros. Más aún, un creciente número de estudiantes son reportados con disturbio de personalidad narcisista (NPD, por sus siglas en inglés).

Pero ¿el comportamiento de los jóvenes es producto de sus mayores? Sin duda. El término “padre helicóptero” se usa para describir a los padres que sobreprotegen a sus hijos para evitar que se enfrenten a la realidad. De igual forma, en Escandinavia, se refieren a las generaciones nacidas en los años 80 y principios de los 90 como los “curling kids”, ya que sus padres barren en frente de ellos (como en el deporte del curling), ayudándoles a obtener máximos resultados con el menor esfuerzo.

Otra carcterística hoy es que los padres contemporáneos, a diferencia del pasado, ya no ponen al primogénito el nombre del papá, ahora buscan nombres únicos para que sus hijos sobresalgan desde el momento de su nacimiento. Es decir, buscan el estrellato en cada niño, muchos de los cuales crecen en pequeñas familias nucleares como hijos primerizos o únicos. Estos niños llegan al mundo con un sentido de ser parte de la “realeza” y tendrán dificultades con la obediencia y la autoridad. No es de sorprenderse que esto tenga un impacto en sus futuras vidas profesionales. Tal vez, a consecuencia del aumento del narcisismo, los vínculos y relaciones que la gente tiene con su comunidad disminuyen con rapidez. Las ideas y acciones se relacionan más con recibir que con dar y esto impacta en los sistemas sociales, así como en las empresas y organizaciones, lo cual puede causar diferentes problemas en todos los niveles. Por ejemplo, los investigadores han identificado que quienes creen que tienen privilegios especiales activan líneas de culpa y crean discordia entre sus grupos de trabajo.

¿Qué lo propició?

Los padres tienen en parte culpa, aunque existen diversos efectos positivos en la educación de los niños de hoy y el mejor es que hay mejor comunicación, comparada con generaciones anteriores. No obstante, también el entorno influye en el aumento del pensamiento y conducta narcisista. Los mejores ejemplos son los deportes y negocios: el entrenador del Inter de Milán, Rafa Benítez fue cesado debido a la falta de resultados, por lo cual recibió un cheque por más de 3 millones de euros, además de otros 3 millones de libras que el Liverpool le había pagado por renunciar poco tiempo antes. Esto es más de 6 millones por no dar resultados, situación estipulada en un contrato privilegiado. Mark Hurd de HP recibió inicialmente un paquete de indemnización de 35 millones de dólares después de haber sido despedido por violar el código ética. A parte de los padres y las prácticas empresariales, en muchas sociedades occidentales ciertas tendencias de vida parecen crear un empuje inercial hacia el narcisismo y creerse de la realeza; éstas son:

1. El concepto del trabajador que viaja mucho y vive en suburbios alejados de las grandes áreas industriales y de oficinas. Esta separación geográfica hace que la gente se aleje progresivamente de su comunidad, donde viven y sirven, de ahí que su involucramiento cívico disminuya con rapidez.

2. Desde fines de los años 60, se ha generado un enfoque aumentado de la auto expresión y el individualismo. Hoy, todos son tratados de acuerdo con sus gustos únicos y personalidad. En estos tiempos, el simple hecho de ordenar un café requiere de un enorme esfuerzo cognitivo dadas las múltiples variantes. La Internet ofrece aplicaciones para llegar a la individualización de cualquier tipo, con sitios de redes sociales que permiten a cualquiera lucirse todos los días y sin costo.

3. Existe un impresionante apetito por las celebridades, la riqueza y el materialismo superficial. La gente ahora se puede volver famosa prácticamente de la noche a la mañana y gracias a los servicios de Internet se sabe qué comen, dónde compran, qué hacen y en general dónde están en cualquier momento. Mickael Vendetta de Francia y la famosa Paris Hilton son ejemplos muy claros de la mercadotecnia y consumismo basado en el “Me”.

No todo es malo

Las consecuencias relacionadas con los recursos humanos y con los líderes responsables de administrar los corporativos del futuro son complejas y ambiguas. Si las nuevas generaciones que entran al mundo laboral son ciertamente más narcisistas y creen que se merecen mayores incentivos sin trabajar honestamente un día y sin hacer un esfuerzo a largo plazo, entonces hay muchos retos, conflictos y actitudes de “paso encima de cualquiera”. Y como en algunas partes del mundo existe mayor demanda que oferta laboral, ¿quién decidirá?

Los trabajos se moldearán con un enfoque individual ¡generado por el mismo empleado! Y por aquellas organizaciones que comprendan por completo la personalización de carrera. Las fronteras entre el trabajo y la vida se verán mas opacas y casi inexistentes ya que la gente está conectada 24 horas, siete días a la semana. Incluso, el cambio entre jefes y proyectos aumentará exponencialmente; un nuevo trabajador en el mercado laboral se espera que tenga tres veces más jefes (sino es que más) en su vida, comparado con las generaciones anteriores.

¿Pero todo son malas noticias? No. Siempre y cuando se minimicen los efectos negativos, por ejemplo, enfocarse en metas e incentivos grupales. Las nuevas reglas deben establecerse de manera que impongan cero tolerancia cuando se trate de intimidación, avaricia o cualquier forma de comportamiento narcisista. El equilibrio entre el jefe y sus empleados cambiará y las corporaciones deben estar alertas para estimular continuamente a su fuerza de trabajo e inventar formas flexibles de interactuar y comunicarse con sus empleados. Esto se traduce en roles más interesantes y dinámicos de los gerentes de recursos humanos, quienes deben promover la disminución de monitoreo y control, pero dar más capacitación, tutoría y discusión. Es una ardua labor después de una crisis financiera.

Aunque algunos de los efectos de creerse privilegiado pueden ser inquietantes, asociales e inapropiados, las nuevas generaciones vienen con muchas ventajas: empleados comprometidos, propensos a tomar la iniciativa y vivir más de sus valores que de las normas grupales. Las empresas pueden contar con que recibirán gente conectada globalmente, conocedora de la tecnología y que puede servir como mentores a la inversa. En muchas formas, por primera vez en la historia de la humanidad el estudiante está mejor capacitado que el maestro. Lo más importante es que esta generación buscará empleos con un nivel alto de autonomía, donde obtendrán el aprendizaje dinámico y experimental, así como el desarrollo continuo como individuos.

Por paradójico que parezca en el contexto del narcisismo, las generaciones más jóvenes buscan organizaciones social y ambientalmente responsables y empresas que enfaticen y operen con valores, es decir, practicar con el dicho. La yuxtaposición presenta un concepto de preocuparse por algo universal, distante e intangible, enviado diariamente por los medios y con poca atención al respeto y al entorno más cercano. Algo como donar en caridad pero no hacerlo para ayudar a los familiares más lejanos o a la comunidad. Por extraño que parezca, esto representa una combinación simultánea de alto individualismo y elevado colectivismo. Para los negocios y organizaciones del mañana puede que haya una sola oportunidad de “reparar” esta falla canalizando las necesidades individuales, y agregando altruismo colectivo y comunal. El autor es investigador invitado en el IMD y se especializa en comportamiento organizacional.

Mujer Ejecutiva*