Atrévete a negociar en tu trabajo


Las consecuencias de no llegar a acuerdos laborales te pueden costar desde dinero, hasta mejores puestos, aprovecha tu inteligencia emocional ¡hazlo hoy mismo!
IVONNE MONTEAGUDO*

El  trabajo de tus sueños está al alcance de tu mano. Después de un largo y difícil proceso de entrevistas, estás en la oficina de Recursos Humanos para recibir la tan esperada oferta.

Te la entregan, la revisas, haces preguntas para entender bien todos los detalles, tal vez te la llevas a casa para revisarla con calma.

Por fin llamas y aceptas para enterarte semanas después, que al otro candidato (que no aceptó la oferta), le habían ofrecido más sueldo y más días de vacaciones. ¿Por qué le ofrecieron más? Fácil, porque “negoció”.

Estás absolutamente saturada de trabajo y entonces lees un correo urgente del director de finanzas donde avisa que necesita que prepares una presentación para dentro de una semana. Te molesta muchísimo que siempre hagan lo mismo, pedir cosas de último momento, pero te pones a trabajar, incluso el fin de semana y entregas a tiempo.

Después te enteras que tu colega de Monterrey consiguió una extensión de tres días y no trabajó el fin de semana. ¿Por qué le dieron la extensión? Porque lo pidió y tú no, te la hubieran dado.

No es difícil

Hace 10 años sucedió un incidente de este tipo en una universidad estadounidense, donde las candidatas a PhD se quejaron de que no tenían una clase propia mientras sus compañeros hombres sí. Cuando le preguntaron al director la razón, la respuesta fue simple: “ellas no lo pidieron y ellos sí”. De ahí se desprendieron una serie de investigaciones que demostraron que las mujeres no negociamos, no pedimos algo más. Y también concluyeron que este factor explica, en parte, por qué la diferencia en el sueldo y otras muchas disparidades de género, pues las mujeres en general ganan en promedio entre 20 y 25% menos que sus colegas hombres.

Hay investigaciones que demuestran que los hombres tienen cuatro veces más tendencia a pedir un aumento de sueldo que las mujeres. Esto es crítico porque el efecto se acumula en el largo plazo. De acuerdo con la economista Linda Babcock, de la Universidad Carnegie Mellon, un pequeño incremento al principio de tu carrera resulta en mayores aumentos anuales, mayores bonos por resultados y, si cambias de trabajo, te da una mayor base para la oferta de compensación.

Babcock dice a sus estudiantes universitarias “Si no negocian un sueldo más alto al principio de su carrera, están dejando de ganar entre 1 y 1.5 millones de dólares en ingresos a lo largo de su vida”, cifra impactante y una excelente razón para ser mejores negociadoras.

El que la negociación sea un reto para las mujeres es, en gran parte, resultado de la cultura. No nos enseñan a negociar de niñas; porque en las negociaciones se rompen reglas nos enseñan a ser buenas niñas, a seguir las reglas, a no buscar el beneficio propio, sobre todo, no a costa de otros. Y eso nos lleva a tener mala percepción de lo que es una negociación: aprovecharse de otros, que te vean como aprovechada y no es así.

En una buena negociación, todas las partes se benefician, incluyéndote a ti. Hay que aprender esta habilidad que tiene aplicación no sólo en el trabajo, también en casa, donde se negocia quién lleva a cabo las tareas del hogar o a dónde ir de vacaciones. Las mujeres tenemos una inteligencia emocional que nos permite ser excelentes negociadoras cuando nos lo proponemos. Muchos hombres van a cursos de negociación para aprender habilidades “femeninas”: cómo ser sensible al lenguaje corporal, saber leer emociones o tener empatía y ponerse en el lugar del otro.

Como ejecutivas, es importante que aprendamos la teoría del arte de la negociación ganar-ganar y la apliquemos en nuestra vida profesional y personal.

*Mujer Ejecutiva