Ser superviviente al cáncer de mama

“Probablemente por ahí ande un cancercillo”, dijo el doctor mientras observaba mi mastografía, y las lágrimas salieron automáticamente de mis ojos. Era martes, martes 28 de septiembre de 2010. Ese día comenzó mi historia con el cáncer de mama.

Después de una cuadrantectomía, seis quimioterapias y 25 radioterapias, la pérdida del cabello, el aumento de peso, la fatiga, la hinchazón en los pies y una batalla muy bien ganada de la que solo quedaron un par de cicatrices, todo parecía indicar que, al cabo de ocho meses, el cáncer había quedado atrás.

En mi caso, para bien o para mal, no fue así. El miércoles 13 de noviembre fue el día más frío de 2013 en el Distrito Federal, por eso para el quiropráctico no fue del todo raro que me presentara la tarde del 14 de noviembre en su consultorio con lo que pensábamos era una tremenda contractura en toda la espalda.

Sin embargo, después de tomar radiografías y hacer un PET (estudio de medicina nuclear capaz de rastrear células cancerígenas en cualquier parte del cuerpo), se confirmó lo que ningún sobreviviente de cáncer quiere escuchar: tenía una metástasis en varios puntos de la columna vertebral.

Metástasis, esa palabra que quiere decir que el cáncer inicial logró propagarse a otra parte del cuerpo, y que para quien la vive tiene más de un significado: que la primera batalla fue solo el entrenamiento y ahora sigue la verdadera lucha, la duda de saber si el cuerpo reaccionará por segunda vez a los medicamentos, la angustia de ver y sentir de nueva cuenta el cuerpo desgastado, y tantas cosas más.

Pero, paralelamente, se aviva también el compromiso de hacerle frente a la enfermedad, de no dejar que el miedo se declare vencedor, de aprovechar todas las oportunidades que sean necesarias para salir adelante, de no darse por vencida jamás, de volver a llenarse de fortaleza y entender que cada día es el mejor momento para hacer algo nuevo, que la vida sigue y que hay que seguir junto con ella.

Razones para vivir

Así, a lo largo de este nuevo camino de ya 10 meses, he vivido todo tipo de situaciones alrededor del cáncer, pero he decidido quedarme con aquellas que me han hecho crecer. Desde la primera vez que me enfermé supe que, como periodista, tenía la responsabilidad de hacer algo útil de mi experiencia y enfocar parte de mi trabajo a concienciar a otras personas sobre la importancia que tiene realizar un diagnóstico oportuno para poder darle la batalla al cáncer y aspirar a una buena calidad de vida después de superarlo.

El año pasado, antes de saber que estaba enferma de nueva cuenta, participé en el proyecto Amazonas Inmortales, una serie fotográfica del colectivo de fotógrafos Taco de Ojo (integrado por Patricia Aridjis, Grace Navarro, Luz Montero, Cecilia Larrabure y Érick Meza) en donde ocho mujeres sobrevivientes de cáncer de mama mostramos nuestros cuerpos y compartimos un mensaje positivo, de fuerza, vida, amor, salud y sensualidad.

Sé que el cáncer es y será siempre un tema constante en mi vida, y he intentado hacer algo útil con ello. Afortunadamente, en este camino he encontrado gente increíble que me ha enseñado a canalizar mi experiencia a través de ayudar a los demás. Me siento muy orgullosa de formar parte de Survivor Cancer Team, un grupo de sobrevivientes que tuvimos Twitter como punto de coincidencia y que hoy, dos años después, hemos logrado concretar varias acciones de apoyo a personas con diferentes tipos de cáncer.

También, desde hace un par de meses, comencé a construir Soy superviviente, un blog de contenido periodístico en el que pongo mi experiencia en común, pero además intento guiar desde el inicio del proceso a mujeres que sospechan que puedan tener cáncer de mama o ya han sido diagnosticadas.

Mi compromiso es ofrecer información actualizada sobre una enfermedad que se cree sobrevalorada, porque se habla mucho de ella, pero de la cual, finalmente, ignoramos aún muchas cosas o tenemos información caduca. Además, pretendo llegar más allá y tocar todos los ámbitos que el cáncer de mama sacude, desde la relación con la familia, el trabajo, la autoestima, la imagen personal, los derechos humanos, el acceso al sistema de salud, el acompañamiento psicológico, la reinserción de las sobrevivientes a la vida diaria, entre muchos otros.

Pero, sobre todo, quiero dar un mensaje de aliento, dejar saber que se puede “supervivir”, es decir, vivir de manera aún más plena que como lo hacíamos antes de enfermar, porque ahora sabemos y valoramos respirar día a día, y tenemos como motor todo lo que podemos hacer por quienes se inician en el camino de la enfermedad.

Hoy, en octubre de 2014, el 80 por ciento del cáncer se ha ido, pero aún quedan seis quimioterapias pendientes para desterrar de mi cuerpo el 20 por ciento restante. Sólo puedo agradecerle a la vida que me siga dando tiempo.

AUTOR: ANA LAURA MALDONADO