Empoderar a mujeres ayuda a combatir la pobreza

Las mujeres son la columna vertebral en la agricultura, y en África y Asia suman hasta el 60% de la mano de obra en ese sector, por lo que empoderarlas es fundamental en la lucha contra la pobreza extrema y el hambre, aseguró la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

“Alcanzar la igualdad de género y empoderar a las mujeres no solo es lo correcto, sino que es un ingrediente fundamental en la lucha contra la pobreza extrema, el hambre y la malnutrición”, dijo José Graziano da Silva, director general del organismo.

Durante su participación en un evento organizado por la FAO, la Comisión Europea, la Presidencia eslovaca de la Unión Europea (UE), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y ONU-Mujeres, Graziano da Silva señaló la importancia de garantizar que las mujeres rurales cuenten con igualdad de oportunidades.

“Todo es cuestión de oportunidades. Las evidencias muestran que cuando las mujeres cuentan con oportunidades, los rendimientos en sus explotaciones aumentan y también sus ingresos. Los recursos naturales se gestionan mejor. Mejora la nutrición. Y los medios de subsistencia están más protegidos”, subrayó.

Por este motivo las mujeres rurales son actores clave en el esfuerzo para lograr todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero en especial liberando al mundo del hambre y la malnutrición, explicó Graziano da Silva.

La directora de Programas de ONU-Mujeres, María Noel Vaeza, recordó que eliminar las brechas de género en la agricultura “puede proporcionar múltiples dividendos para el desarrollo, incluyendo la igualdad de género para las mujeres rurales, la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza, una mejor gestión del clima y sociedades en paz.”

Datos de la FAO mostraron que en los países en desarrollo de África y la región de Asia y el Pacífico, las mujeres trabajan entre 12 y 13 horas más que los hombres por semana. Asimismo, reinvierten hasta el 90% de sus ganancias en sus hogares, dinero que se destina a nutrición, alimentos, atención médica, escuela y actividades generadoras de ingresos, ayudando a romper el ciclo de la pobreza intergeneracional.