Una mujer que se salió del Mundo “Pro”

KEIKO SASHIDA ARANDA

Mi idea de vida siempre había sido dedicarme enteramente a mis hijos durante sus primeros años de vida, disfrutaría mucho de su compañía, no quería perderme sus momentos de descubrimiento de sensaciones y servirles de guía para poder apoyar interpretaciones de realidad de la manera para que encontraran una vida más sorprendente y amigable.

Como todo, esto tiene sus consecuencias. Aquí quiero plasmar mi experiencia y compartir en algún sentido mi vivencia. Esto para que, si tiene alguien un tipo de empatía conmigo, ya sabrá que andamos en una misma sintonía.

El ser “profesional”

Después de haber cursado una maestría en dirección de empresas, entré a trabajar en una tienda departamental con mucho prestigio, terminando en el Departamento de Compras. Antes de haber tomado este puesto, pensaba que los compradores sería la gente más echada a perder y más caprichosa que existe. Eso no está fuera de la realidad. Pensaba que lo único tenían que tener buen gusto para comprar. Totalmente fuera de la realidad. Yo sí era caprichosa y exigente, los proveedores me consentían mucho, pero la responsabilidad que uno carga en es totalmente justificada. Lidiar con los inventarios, las ventas, las compras, los proveedores, las rebajas, los catálogos, los vendedores, la bodega, las tiendas, los desfiles, las tendencias, los displays, el sistema.

La decisión de salirse

Esa complejidad era parte ya de mi vida. Veía también a mis desenfadados clientes, viviendo lo que yo alguna vez haría, jubilarme de ese tipo de vida estresada y convertirme mejor en mi propio cliente. Después llegó el momento en el que tenía que tomar la segunda decisión más importante de mi vida: la de ser mamá. Tenía que llegar porque, para esta decisión, como para otras no tantas, se tiene caducidad.

Sería ahora mujer libre, sin ataduras ni horarios. Sería una mujer ligera como mis clientes, con la vida resuelta, cuidando a mi bebé, visitando a mis papás, a mis hermanas, viendo crecer a mis sobrinos, teniendo todo el día para mí, ir a las tiendas, en el otro sentido. Otra consecuencia de esta decisión: no seguir con mi carrera profesional, (que por supuesto ambicionaba una Dirección de Compras), tomar las decisiones más globales e interesantes de la compañía, donde podían ser testigos del nacimiento de las mejores marcas, donde hubiera proyectado mi estilo de dirigir y ser líder.

Las despedidas que me hacían mis proveedores me hacían sentir que el departamento que yo manejaba se partiría en dos y que nadie lo iba a poder reconstruir. Estuve un mes con la persona que se quedaría en mi lugar, heredando todo el conocimiento que yo pudiera compartirle y presentándola a todos mis proveedores ya arraigados en mi departamento.

¿¡Mis vacaciones!? No creo

Desde que nació mi primera hija, las cosas han sido un poco (¿un poco?) distintas de cómo yo las imaginaba. No sería una gran vacación. Éste trabajo es el más duro trabajo que he tenido en la vida. Soy muy feliz aunque trabajo 18 horas al día.

Pensaba que tendría tiempo para tomarme una taza de café. Muchas veces no tengo tiempo ¡ni a la hora de comida! y para mi sorpresa, tampoco existe hora de salida. Los hijos son las personas más demandantes en la tierra.

A pesar de mis senos craquelados y sangrados, la bebé insistía en seguir succionando y mis amigas de la Liga de la Leche me decían, no claudicar, ya que si le daba algo de fórmula, entonces no iba yo a poder satisfacer la demanda (tema por más conocido).

La moda ha desparecido de mi vida. Mi ropa, de embarazada por más de seis meses. Para mí fue falso ese tema de poder salir de pantalones de mezclilla del hospital después del parto. Todas mis blusas, salpicadas de grasa de leche materna mezclada con vómito neonatal. Ya después de que crecen un poco más, la vestimenta mayormente son jeans, playera y tenis. Mi ropa “ejecutiva” se fue de mi armario.

Mis cajones eran colecciones de cosas útiles y exquisitas, ahora contienen nosequé revuelto y desordenado. Piezas perdidas de juguetes pequeños y piezas rotas de objetos que alguna vez fueron valiosos.

Mi auto, bodega de vestuario, juguetero, biblioteca y escritorio de trabajo. Donde se escucha, desde las canciones infantiles de un preescolar, hasta la música más popular que existe en la FM.

Y, ¿qué tal cuando me toca estar del lado del cliente-ama-de-casa en alguna tienda? Los vendedores me hablaban como en otro idioma, con toda la lentitud: “d í g a m e s e ñ o r a , ¿ e n q u é p u e d o s e r v i r l e ?” ¡La gente que se mueve en el ámbito profesional piensa que los que estamos en el otro lado tenemos menos neuronas! Qué locura. ¡Es verdad! Vas caminando por ahí y los vendedores te ven como presa para las trampas de la mercadotecnia. ¿O esos vendedores de puerta en puerta, que venden libros, aspiradoras y soluciones de limpieza? Imaginan que no sabemos de márgenes de venta, de comisiones ni de presupuestos. Se equivocan.

La hora de la comida también es diferente. Se trata de corregir modales en la mesa o no cortar la carne en pedazos pequeños al vecino para que se los pueda comer con más facilidad.

Mi Identidad

Desde que soy mamá, mi nombre ya no tiene importancia, pasa a segundo término. Ahora soy “la mamá de _____”. Esto pasa desde que sales del hospital, desde que tu bebé va al doctor, desde que entra a la escuela. Yo lo pensaba así, si mi vida fuera una obra de teatro, pasé de ser primer actor, a ser la tramoyista de segunda categoría. Giro a partir de mis hijos y la gente me ubica como la madre que está detrás de su crío.

El descanso del que provee a la familia

Hace poco leí en un blog algo que me pareció muy gratificante y creo que es muy cierto. El hecho de adoptar el papel de “la que se queda a cuidar a los hijos” le brinda mucha tranquilidad al “que se encarga de conseguir los ingresos de la familia”. Sin esta tramoyista, el compañero podría estar muy estresado de tantas cosas, que seguramente no sabría ni por dónde empezar. Hay que encargarse de tantas cosas, de esas que parecen transparentes hasta el momento en que alguien hace falta.

Mi reflexión

A éstas se le pueden agregar otras anécdotas y actividades más que finalmente generan una pregunta en mi mente: ¿No soy profesional? Por supuesto que sí. Ser madre es desgastante, pero definitivamente es un tema muy profesional. Se viven con gran amor, cuidando que cada momento se aproveche para que se vayan educando y formando personas buenas para que ellos a su vez sean felices. Esto ha sido así desde entonces y hasta hoy, siempre mi propio espacio para encontrar un lugar en esta que es mi vida.