El sexo durante y después del embarazo

KARL LARA
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En los temas relacionados con la sexualidad existe mucha información y también posturas extremas respecto a su vivencia, recomendación y práctica. Y me refiero a extremas cuando, por un lado, se habla, practica y recomienda abiertamente, o cuando se limita, controla e incluso se prohíben tópicos relacionados con la sexualidad durante y después del embarazo.

La sexualidad está presente en todas las etapas del desarrollo humano y tiene fases en las que se vive activamente, y otras en las que transita de manera más pausada. Una de las etapas que se atraviesan como un evento de la esfera sexual femenina es el embarazo, y existen a su alrededor muchos mitos respecto a la práctica del sexo durante el mismo y los cambios que suceden después o durante el post parto.

Para muchas parejas resulta maravilloso saber que pueden tener relaciones sexuales durante todo el embarazo (si este es saludable), incluso hasta antes de que se rompa la fuente; a veces se recomienda el sexo hacia el final del embarazo para provocar la reacción hormonal que desencadene el nacimiento del bebé debido a la producción de oxitocina durante el orgasmo, que funciona como detonador del sistema neuro-endócrino-muscular de la mujer, y a la estimulación que pueden producir en el cérvix las prostaglandinas que se contiene el semen que facilitan la dilatación cervical.

Sin embargo; existen miedos y mitos alrededor del sexo durante el embarazo, la mayoría de ellos infundados y que se relacionan con:

  • Temor de dañar al bebé durante la relación sexual: no debe preocuparte ya que el cuello del útero está completamente sellado por una gruesa membrana mucosa que lo protege contra infecciones y el contacto con el exterior; se conoce como “tapón mucoso” y mantiene al bebé protegido dentro del útero hasta su nacimiento.
  • El orgasmo provoca contracciones: cierto, pero son moderadas y no dañinas. Las sustancias encontradas en el semen llamadas prostaglandinas y la estimulación de los pezones también pueden causar ese tipo de contracciones, que incluso se recomiendan al final del embarazo para acelerar, o en su caso detonar, el trabajo de parto, pero los efectos benéficos del orgasmo para la mamá son mayores.
  • Otros temores que se afectan la conducta sexual son: la ansiedad o miedo por provocar el parto prematuro, perder el embarazo, sentirse fea, gorda y/o deforme; dolor provocado por el peso, incomodidad por el volumen, fatiga, malestar general y el miedo a ser creativa y sugerir posiciones sexuales nuevas a la pareja.

La mayoría de las dudas se pueden disipar con tu médico, a quien debes hablarle con toda la confianza y apertura sobre sus dudas y temores. En caso de tener una doula, apóyate en ella.

Pueden existir algunas circunstancias especiales en las que quizás el médico contraindique no practicar sexo en ciertas etapas del embarazo, o incluso durante todo el embarazo, pero éstas suelen ser muy específicas.

Muchas mujeres aseguran que las relaciones sexuales cambian con el embarazo, para algunas resultan más deseadas y placenteras, y para otras menos. Durante la evolución del embarazo en sus diferentes trimestres la pelvis tiene más riego sanguíneo, lo cual puede causar cierta hinchazón de los genitales y aumentar las sensaciones de placer o de incomodidad, y por efecto de las hormonas el flujo vaginal aumenta, lo que provoca mayor humedad en la vagina y que puede ser una ventaja porque te sientes más lubricada.

Por otro lado, los senos pueden llegar a estar muy sensibles y molestar al roce, especialmente durante el primer trimestre. Esta sensibilidad generalmente disminuye con el paso de los meses, pero a menudo los pechos siguen estando más sensibles de lo normal. A algunas mujeres esta sensación les parece agradable y placentera. Lo importante es que si algo te resulta incómodo, lo comuniques con tu pareja, incluso si es algo que antes hacían.

La sexualidad no es sinónimo de penetración. El embarazo es uno de los mejores momentos de la vida sexual para ser creativos y considerar otras actividades eróticas como el sexo oral o satisfacerse con la masturbación mutua. La intimidad física va mucho más allá del sexo y empieza con la comunicación, con las palabras y los deseos expresados. Si no tienes ganas de tener relaciones sexuales, o por alguna razón no es recomendado, siempre existe la alternativa de gozar con preliminares extendidos como besos, abrazos, caricias y palabras que los estimulen sexual y emocionalmente a ambos. Hablar sobre las respectivas necesidades y deseos de la pareja disminuye la tensión y los ayuda a disfrutar el uno del otro y a descubrirse en esta etapa para encontrar nuevos momentos de intimidad.

Durante el embarazo es normal que el deseo sexual o libido tenga altas y bajas, dado que se ve afectado por cambios hormonales, emocionales y/o físicos. Por lo general no es muy notable en el primer trimestre, pero aumenta en el segundo, para regresar con moderación durante el tercer trimestre; para entonces puede que no te sientas a gusto con el aspecto de tu cuerpo o estés preocupada por el nacimiento del bebé, que se acerca.

La mayoría de los hombres encuentran a sus mujeres tan atractivas como siempre, cuando están embarazadas, o incluso más, pero igualmente sufren cambios emocionales que pueden afectar su deseo sexual.

¿Qué posiciones sexuales usar durante el embarazo?

Algunos consejos para vivir plenamente tu sexualidad cuando estás embarazada:

Hablar. Sí, comunicar tus deseos, miedos y necesidades pero, también, por qué no, tus fantasías, tus propuestas y tus dudas, esto te acercará con tu pareja y facilitará el canal de comunicación.

Durante el embarazo, la fórmula es sencilla: buscar una intimidad basada en el cariño y la comunicación; poner especial atención al intercambio de caricias, dar y recibir ternura y buscar la pasión e intimidad de diversas maneras; estar de acuerdo en que el embarazo es una experiencia que comparten como pareja y que no es exclusiva de uno u otro. Así se puede construir una relación fuerte, madura y confiable.

Es importante estar conscientes que durante el embarazo se atraviesan profundos cambios y que la pareja debe desempeñarse no sólo padres sino, todavía, como amantes, y esforzarse mucho para seguir comunicándose amorosa y sexualmente a pesar de los cambios. La paternidad hace más complicada la vida en común, pero también la hace más significativa.

Al momento del nacimiento, las cuatro claves que explica la sexóloga Yvonne K. Fulbright para lograr disfrutar al máximo del momento del parto son:

  • Superar los temores.
  • Asumir que el embarazo no es un obstáculo para la vida sexual
  • Estar dispuesta a abrazar la idea del placer sin límite durante el parto y
  • No poner barreras psicológicas a la llegada del momento. Si trasladamos estas recomendaciones al embarazo y al post parto pueden funcionar positivamente.

Retomar la vida sexual plena y en amor después del embarazo tiene mas que ver con lo emocional y la percepción de nuestra corporalidad, que con una indicación clínica. Es decir, depende mucho de cómo nos estamos sintiendo en nuestra piel, cómo y dónde están nuestras emociones con el nuevo bebé en casa, en qué momento de comunicación y apoyo nos encontramos como pareja para que realmente se dé el deseo genuino de intercambiar besos, abrazos, sexo… Los cambios en nuestro cuerpo son huellas de nuestra maternidad, no siempre resultan sencillos de aceptar pero es un gran recordatorio de nuestra vida actual y justo de eso estamos vivas, y eso tiene todo que ver con el amor y con el sexo.

Por último, entender que nuestra vida sexual es uno de los factores que nos recuerda nuestra vitalidad; los cambios y la evolución en nuestra vida nos pueden facilitar mucho nuestra manera de desarrollarnos frente a nosotras mismas y frente a nuestra pareja de una manera confiada y desinhibida, y por lo tanto positiva o, por el contrario, limitada y reservada y que quizá no nos deje recuerdos gratos.

Mi recomendación es inclinarse por la primera opción, saber que nuestra sexualidad se transforma y que no por ello es menos placentera o satisfactoria, que el sexo tiene muchas formas y momentos, que depende en gran medida de la comunicación en la pareja; que la concepción, la gestación, el nacimiento, la lactancia y el post-parto son eventos naturalmente sexuales de la mujer y que deben, en el mejor de los casos, hacerla sentir segura y empoderada para vivir y atravesar esas etapas con los respectivos cambios en su sexualidad; que hay muchas formas de prepararse para los mismos con la ayuda de externos o, bien, vivirlos simplemente al ritmo que marque el instinto y el deseo y las necesidades de cada mujer y su pareja.

Es importante revisar nuestra concepción de la sexualidad y reconocer que forma parte de nuestra vida y que la manera en la que la vivimos y disfrutamos influye en otros aspectos y comportamientos. De forma simplificada, vale la pena saber que la libido es la pulsión que nos lleva a buscar el placer y la sexualidad: la vivencia del placer. Y lo mismo que cuando el cuerpo necesita comer, nos vienen las ganas de comer; cuando el cuerpo necesita placer (y toda la bioquímica que le acompaña) aparece el deseo. Algunos autores, como el biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana señalan que “biológicamente somos seres adictos al amor”, y Wilhem Reich que “la producción sexual es la producción vital per se”. Sin libido, perdemos el tono anímico, nos desvitalizamos, en alguna medida.

“La libido es una pulsión producida por nuestros cuerpos, y está prevista para la conservación y el mantenimiento de nuestro organismo. Como todo lo demás que ocurre en nuestro cuerpo, no ocurre porque sí, sino que tiene su sentido, su razón. El placer tiene una función orgánica benefactora y necesaria para la regulación de los sistemas orgánicos, que se puede definir en términos bioquímicos y neuroendocrinos; […]. Por otro lado, hace algún tiempo que sabemos que la función primaria de la sexualidad no es la reproducción, sino la regulación del propio organismo; la reproducción es una función secundaria de la sexualidad.[…] No obstante a todas estas constataciones del mundo de la ciencia, nuestra educación sigue haciéndonos adoptar una actitud racional crítica y negativa con respecto a nuestras pulsiones sexuales, que nos lleva en general a ignorarlas (la mayoría de las veces, y siempre que no son muy fuertes, inconscientemente), a no reconocerlas, o bien a inhibirlas. Es la socialización bajo la implacable presión del tabú del sexo, que de hecho, necesariamente, nos parte en dos, en cuerpo y mente”: Casilda Rodrigañez, “La maternidad y la correlación entre la libido y la fisiología.

El sexo es cambiante, igual que nosotras, igual que nuestros estados de ánimo, igual que las circunstancias que nos rodean. Aprender a adaptarnos y a vivir con aceptación y plenitud esos cambios en nuestra sexualidad nos puede dar un importante ingrediente para hacernos y mantenernos felices.