Lecciones políticas y económicas de Venezuela a México

ARMANDO NURICUMBO
Socio Director de la firma de consultoría Nuricumbo + Partners y Co-Chairman del Financial Executives Networking Group Capítulo México

La crisis en Venezuela es un claro ejemplo de qué tan rápido una democracia puede degradarse, destruyendo en poco tiempo las instituciones que ella misma ha construido a lo largo de años. Los causas de esta situación son diversas: la corrupción de sus gobernantes, los errores de política económica, la incapacidad para generar verdadera justicia social, la polarización política y el cinismo de sus élites. La combinación de todos estos factores establece las condiciones idóneas para la llegada de un "redentor mesiánico" que, convenciendo sin mucho esfuerzo a los sectores más desprotegidos de la sociedad, obtiene el poder para después convertirse en un dictador.

Esto refleja el agotamiento de un modelo político y económico; los cuales solo pueden mantenerse mediante el uso de la fuerza y de maniobras políticas sin sentido. Un ejemplo de estas maniobras políticas estériles es la apertura de la recientemente inaugurada Asamblea Constituyente cuyo único propósito es que el Presidente Maduro y su grupo puedan perpetuarse en el poder en el mediano plazo.

La ineficiencia del modelo económico y político ha generado deudas sociales que nadie ha atendido en mucho tiempo y que serán más difíciles de resolver. La OMS ha advertido sobre la crisis humanitaria progresiva que sufre Venezuela y denunciado una escasez extrema de medicamentos y alimentos al igual que la reaparición de enfermedades transmisibles. Los sectores más desprotegidos son quienes se llevan la peor parte y cargan con el costo social de las crisis políticas y económicas: El venezolano promedio ha perdido 7 kilos de peso en el último año, la gente no tiene qué comer. Esto generará todo tipo de problemáticas para la región, incluyendo una generación de exiliados venezolanos que buscarán refugio en otros países, dejando al país sin una parte importante de su capital humano productivo, generando un descenso en las exportaciones de productos y servicios a Venezuela debido a la incapacidad de cumplir con sus compromisos financieros.

Resulta paradójico que Venezuela, siendo uno de los países más ricos de la región y contando con algunas de las reservas probadas de petróleo más grandes a nivel internacional, se encuentre en tal estado de destrucción económica. El chavismo se encargó de terminar con la planta productiva del país a través de las más de mil expropiaciones llevadas a cabo en los últimos diez años. Esta experiencia ya la vivimos en México hace cuarenta años, cuando el Estado era dueño de todo tipo de empresas; desde armadoras de autos hasta fábricas de electrodomésticos y cabarets, todas ellas operadas con pérdidas financieras, con niveles de calidad bajos, y con un elevado costo social.

Los altos precios de hidrocarburos observados hasta el año 2014 mantuvieron con vida artificial al régimen de Maduro. Ahora en un ambiente de precios bajos del petróleo, la economía del país está al borde del colapso y el gobierno ha utilizado tácticas cada vez más autoritarias para mantenerse en el poder.

La implosión de la economía de Venezuela tendrá serias consecuencias para Latinoamérica y el mercado de hidrocarburos a nivel mundial. Ha sido lamentable observar la débil respuesta de la comunidad internacional, especialmente ahora que los abusos a derechos humanos son evidentes y están documentados. Sin duda el caso de Venezuela será objeto de estudio a profundidad en las carreras de Relaciones Internacionales durante muchos años por venir. Ninguna de las múltiples organizaciones multilaterales que operan en Latinoamérica ha podido generar un verdadero cambio. ¿Hasta dónde el respeto a la soberanía individual de los países obliga a la comunidad internacional a observar todos estos abusos sin tomar acción alguna?

Las perspectivas para la resolución de la crisis en Venezuela son poco alentadoras. Las sanciones recientemente dictadas por los Estados Unidos no tendrán un efecto profundo en el régimen de Maduro y, por el contrario, podrían cimentar la posición de los Estados Unidos como enemigo que busca la destrucción del estado socialista. Similar a lo que ha sucedido con Cuba o Corea del Norte, un programa de sanciones económicas "a medias" solo fortalece el status quo y puede ser utilizado por los dictadores para amplificar su poder.

Las sanciones de Estados Unidos deberían centrarse en el bien comercial más preciado que tiene el régimen venezolano: su petróleo. Esto podría tener implicaciones importantes tanto en el precio internacional del combustible como en las propias cadenas de abastecimiento de las economías más importantes del mundo, por lo que es muy probable que este tipo de sanciones no sean consideradas.

Esto nos debe llevar a una profunda reflexión sobre el perfil de los líderes que elegimos para ser nuestros gobernantes. Nunca debemos perder de vista uno de los riesgos más grandes de las democracias: no existe la certeza de que las mayorías elijan al líder correcto, por el contrario, las mayorías son altamente manipulables y capaces de llevar al poder al líder menos apto. Es un hecho que el gobierno venezolano actual, encabezado por un ex conductor de autobuses, no tiene las capacidades técnicas ni intelectuales para sacar a su país de esta crisis.

Lecciones para México

Para México, la lección debe ser clara: hay una enorme responsabilidad en la decisión que debemos tomar en el 2018. Llevar a un irresponsable a la Presidencia de la República puede tener consecuencias irreparables para nuestro país, destruyendo muchos de los avances logrados en los últimos años y, en un caso extremo, condenándonos a vivir lo que están viviendo países como Venezuela. No hay recetas mágicas ni rápidas para resolver los grandes problemas nacionales: Quién diga eso es un mentiroso populista.

Nuestra mejor oportunidad de vencer los rezagos es continuar por la ruta correcta, no perder la dirección, y seguir impulsando cambios estructurales al nivel más básico de la sociedad, que es la familia. Ofrecer acceso a más y mejor educación, preparación técnica de calidad en los jóvenes, acceso a servicios financieros que faciliten el crédito y la inversión, acceso a la salud, y creación de oportunidades laborales para todos. Esto no se construye repentinamente.

Veamos a Venezuela como un ejemplo de aquello que no debemos permitir que suceda en México y tomemos acciones pragmáticas para denunciar los terribles abusos que están siendo perpetrados en esa nación hermana. Los pueblos de Latinoamérica -los hombres y mujeres de bien- no debemos permanecer callados.