Al considerar el futuro, muchos líderes de empresas familiares no piensan “cuando muera”; piensan “si muero”. Por su negación a que la muerte les sucederá, no hacen planes para lo que pasará cuando ocurra, pese a que esos planes podrían evitar o mitigar grandes pérdidas financieras y un gran dolor emocional.

Si deseas que tu empresa sobreviva 100 años, debes ver más allá de las preocupaciones relacionadas con la sucesión. Asegúrate que el esquema de acción diseñado no se convierta en una trampa para las futuras generaciones

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