¿El e-commerce es una obligación para las marcas?

RODRIGO MARTÍN
Director de Contversion

Reza el dicho que las prisas no son buenas consejeras. Esta frase popular, escuchada habitualmente por casi todo el mundo, es apta para casi cualquier ámbito de la vida, desde lo cotidiano hasta lo profesional. En el mundo digital, y más concretamente en el sector del ecommerce, también aplica.

Vivimos en el mundo de la urgencia. Los gerentes de ecommerce y agencias vivimos marcados por la ansiedad del cortoplacismo y la dictadura de los resultados. La inversión se ha de rentabilizar hoy y si consigues amortizar tu inversión en el segundo mes, ya es tarde, y corres el riesgo de perder tu puesto de trabajo.

La paciencia, una virtud poco consagrada en el mundo de la mercadotecnia, muchas veces se identifica erróneamente con la dejadez y la inactividad. Decía Rousseau que la paciencia es amarga pero el fruto es dulce, algo también extrapolable a los negocios digitales. Y es que no se trata de dejar escapar el dinero, sino de elaborar un plan a medio plazo que permita crecer y plantear un futuro próspero aunque en el inicio se sacrifiquen ciertas cosas.

Un porcentaje alto de las empresas que le invierten mucho al ecommerce quieren el retorno y la rentabilidad inmediatas. Las que invierten menos pretenden obtener unos resultados poco acordes a lo que realmente se puede alcanzar. Aquellas otras, más valientes y creyentes del sector digital, lo ven como una inversión desmedida. Sin embargo, muy pocos se han parado a pensar que esa inversión es irrisoria sobre todo si se compara con el costo de mantener una tienda física en una plaza o vía céntrica de una gran ciudad.

El lanzamiento de un ecommerce siempre es complejo porque se ha de tener presencia en muchos frentes, todos ellos importantes, y en los que se requiere de inversión y recursos. Es básico contar con el talento que permita una buena dirección del negocio, o con un servicio de atención al cliente que solucione la desconfianza del usuario, aún muy latente en México. Tampoco se puede descuidar la infraest,,mmructura web o un buen servicio logístico que sirva de engranaje. A esto hay que sumarle la necesidad de incluir promociones y ofertas como gancho para ser atractivos, generar la confianza y la fidelidad del usuario. Ante esa tesitura, para muchos, todo son desventajas.

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Sin embargo, la oportunidad que nos brinda el ecommerce es infinita. Primero porque nos permite llegar a toda la República sin grandes desembolsos y sin estar lastrados por una ubicación determinada. Segundo porque el público online cada vez está más acostumbrado a realizar compras en línea y además porque es una buena forma de rejuvenecer las marcas. Es, por tanto, una nueva forma de pensamiento con miras en el futuro y que debe ir más allá del ahora.

No es descabellado, por tanto, en esa primera fase, invertirle a generar un incremento de la notoriedad de marca. Tampoco ha de ser una utopía sacrificar ligeramente el margen para conseguir mayor volumen de ventas. La ecuación está clara: a mayor volumen de compras, mayor data que analizar y, por tanto, mayor entendimiento de los patrones de la gente que te compra.

Si somos capaces de comprender cómo es y cómo se comporta nuestro cliente, la forma de llegar hasta él será más efectiva, más amigable, más barata y la posibilidad de éxito es mayor. Es entonces cuando el retorno de la inversión comienza a crecer y se aumenta la fidelidad con la marca del cliente, lo que te permite crecer la recurrencia de compra, algo básico para la rentabilidad de un negocio.

En México el negocio digital aún es opción, aunque no queda mucho para que sea una obligación. Las empresas deben adaptarse y hacer frente a este cambio de paradigma que ya es imparable a través de una transformación interna. El usuario cada vez pasa más tiempo consumiendo videos o redes sociales. El uso de internet en general cada vez es mayor, y pocas veces antes hubo este área de oportunidad. Además, tenemos las herramientas para medir cómo se comporta y adecuar los mensajes y medios publicitarios a cada uno de ellos.

De las empresas depende disfrutar de un futuro mejor. Entre todos, vayamos plantando la semilla antes de que sea demasiado tarde. Si no es hoy, será mañana, y para muchos, será desaparecer.