50 empresas mexicanas de clase mundial

RAÚL OLMEDO GUTIÉRREZ

Si transitas por alguna de las ciudades de América Latina, en una calle concurrida, es probable que te encuentres con una tienda Elektra. Si caminas un poco más, podrás ver incluso una farmacia de Similares.

Más aún, si decides comer en un restaurante de la cadena mexicana Alsea, al mirar la televisión, notarás que los programas que se transmiten son de Televisa. Es decir, la presencia empresarial mexicana en América Latina es una realidad.

Las firmas mexicanas han conquistado el mercado latinoamericano. En el informe anual presentado por Alsea, su director general, Fabián Gosselin, comentó sobre las inversiones que la empresa ha realizado en América Latina.

“Las adquisiciones que concretamos nos llevaron a ampliar nuestros horizontes convirtiéndose el 2013 en año récord en este sentido, con una inversión total cercana a los 3,650 millones de pesos.

“Acordamos adquirir las participaciones de Starbucks en México, Argentina y Chile, por lo que ahora Alsea cuenta con el 100% de participación en dichos mercados, lo cual nos convierte en el mayor socio de negocio de Starbucks en la región”.

Por su parte Carlos Roja Mota, presidente ejecutivo y presidente del Consejo de Administración de Grupo Rotoplas, en su mensaje a los inversionistas, afirmó que se encontraban bien posicionados en un mercado valuado en 600 mil millones de dólares.

“Al cierre de 2014 teníamos 24 plantas instaladas en América y cinco centros de distribución estratégicamente ubicados en México, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua. A través de nuestra extensa red de distribución llegamos a cerca de 7 mil clientes y más de 23 mil puntos de venta. Con ello logramos reducciones importantes en los costos de distribución y transportación.

“Los resultados financieros para el 2014 son testimonio de las metas alcanzadas y del éxito que hemos obtenido en México, Brasil y el resto del continente americano para llevar nuestras soluciones del agua a las personas y las empresas que más las requieren”, externó el empresario.

Avances, pero…

Pareciera que en la actualidad la región preferida para inversión de las empresas es América Latina. Sin embargo años atrás, la salida natural de éstas era hacia Estados Unidos. Uno de tantos casos lo tenemos con Chedraui, que allá tiene presencia con 49 tiendas y un centro de distribución.

El director general de Chedraui, José Antonio Chedraui Eguía, en el informe anual 2014, comentaba al respecto:

“… el segmento de autoservicios en Estados Unidos, que da servicio a clientes mexicanos de primera, segunda y tercera generación en estados del suroeste de dicha nación, tuvo también excelentes resultados con un crecimiento de 2.3% a tiendas iguales. Durante 2014 expandimos nuestras operaciones mediante la apertura de cuatro tiendas. Estamos convencidos del potencial de este negocio, por lo que continuaremos creciendo de manera orgánica o vía adquisiciones en nuestra zona de influencia”.

En los distintos números en que hemos publicado este ranking, hemos observado cómo año con año cada vez hay más presencia de empresas mexicanas en el mundo. Sin embargo aún no es suficiente, debemos de tener más que un listado de 50 empresas, ¿qué nos limita? Al parecer la productividad.

Entre Rudos y Técnicos

En el mensaje del entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari dirigido a la nación con motivo de la culminación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el 12 de agosto de 1992, mencionó que con el acuerdo tendríamos un acceso amplio y permanente de nuestros productos al gran mercado de América del Norte, por tanto las empresas podrían aprovechar las ventajas que conlleva una apertura comercial. La lógica era producir más para bajar costos y ser eficientes.

La realidad es que después de más de 22 años no hemos podido mejorar la eficiencia. El reporte titulado “México, políticas prioritarias para fomentar las habilidades y conocimientos de los mexicanos para la productividad y la innovación” realizado por la OCDE, comenta que nuestra nación es el último lugar en materia de productividad entre los países afiliados a dicha organización internacional.

Más aún, nos encontramos 60% por debajo del promedio en productividad de estas economías. Gabriela Ramos, directora del Gabinete de la OCDE comentó que la productividad en nuestro país aumenta a un ritmo anual de 0.7%, en contraste con el 1.6% promedio del resto de los países que integran la organización. Agregó que el problema puede radicar en que sólo 20% de la población tiene educación de nivel medio superior y superior, y aún el sector de 24 a 64 años con un título profesional, no está enfocado en la productividad.

La educación mediocre ha generado una productividad mediocre. Entonces, las muy comentadas reformas estructurales están llamadas a ser vehículo en la construcción de un país con mayor productividad.

Pero en México el tema pareciera no querer tocarse; no se enseña en las escuelas. La reforma educativa tendría que ir en esa vertiente, en mejorar los conocimientos científicos y técnicos de los universitarios para que al egresar, esto se vea reflejado en las empresas.

Tareas sin revisar

Con la reforma energética México sigue esperando quien haga su primer movimiento pues la otra reforma que aumentaría la productividad, a largo plazo, sería la educativa. Pero el Gobierno Federal se ha centrado en una batalla contra el magisterio en la cual maestros, autoridades y la gente común perdemos al ver congestionadas las calles de tantas marchas que paralizan el comercio, y en sintésis conllevan sí, a una menor productividad.

En el mismo discurso arriba citado y hecho por Salinas de Gortari, comentaba sobre los beneficios de la apertura: “podremos especializar nuestra producción en aquello en que les llevamos ventaja por nuestro clima, nuestros recursos o nuestras habilidades, que son muchas, y podremos utilizar tecnologías que aprovechen mejor lo que tenemos”.

Después de 23 años no hemos podido porque no tenemos una especialización, seguimos reinventándonos en cada sexenio. El presidente en turno habla de un Plan Nacional de Desarrollo, pero no existe uno que sea transexenal, es decir a largo plazo, que trascienda el momento.