Jardines verticales: una apuesta por ciudades más verdes

El rápido crecimiento de las ciudades ha traído consigo, además de desarrollo económico, un aumento considerable en la demanda de nuevos complejos habitacionales y de oficinas, así como de vías de comunicación (carreteras, autopistas). La expansión de la mancha urbana también ocasionó, principalmente en las décadas de los años ochenta y noventa, que las áreas verdes no fueran consideradas como espacios indispensables para cualquier entorno. Por tal motivo, en las principales ciudades del planeta dominaban los paisajes grises, donde el concreto era una de las materias primas con mayor presencia.

Como ejemplo de lo anterior, destaca el caso de la ciudad de México, que actualmente sólo cuenta con 5.2 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que cada persona debe disfrutar de entre 10 y 15 metros cuadrados.

En busca de una solución

Como respuesta a esta problemática, surgen los jardines verticales, que poco a poco aparecen con mayor frecuencia en escenarios citadinos, pintando de verde las que antes eran simples paredes. Se trata de una forma de agricultura o jardinería urbana, que se integra de manera armónica a las edificaciones.

El concepto se explica por sí mismo, es decir, el objetivo es “transportar” los jardines convencionales –ubicados en el piso, y más recientemente en techos– hasta los muros de cualquier construcción, a fin de maximizar el espacio disponible.

Su instalación requiere la asesoría e intervención de especialistas en la materia, ya que es necesario considerar las características propias del lugar, incluyendo zona (interior o exterior), presupuesto, dimensiones y mantenimiento. Además, resulta indispensable evitar riesgos como el reblandecimiento de la superficie o filtración del agua de riego.

Para asegurar el éxito de esta tendencia, la mayoría de los proyectos se basan en el método conocido como hidroponía o agricultura hidropónica, que consiste en utilizar soluciones minerales en lugar de suelo agrícola. Es una forma sencilla y de bajo costo para producir vegetales de rápido crecimiento.

Los jardines verticales han probado que ofrecen un gran número de beneficios. De acuerdo con el Taller Mexicano Especializado en la Experimentación, Diseño y Construcción de Paredes Activas (fundado en 2007 por Fernando Ortiz Monasterio Garza), sus principales ventajas son:

INTERIOR

  • Temperatura. Reducen hasta en 5 ºC la temperatura en el interior del edificio en temporadas calurosas; asimismo, durante el invierno, mantienen el calor del inmueble. En pocas palabras, funcionan como una especie de regulador climático.
  • Aislamiento acústico. Debido al recubrimiento vegetal de las paredes, el interior del inmueble es más silencioso, alejado de la contaminación auditiva del exterior. Expertos en la materia coinciden en que reduce la intensidad del sonido hasta en 10 decibeles.
  • Vacuna eficaz. Cuando los jardines verticales se instalan en el interior, sirven como píldoras contra el Síndrome del Edificio Enfermo (SEE), ya que contribuyen a mejorar la calidad de la ventilación de las estancias; es decir, purifican el aire que circula dentro de éstas.

EXTERIOR

  • Mayor rendimiento del espacio –o poco espacio– disponible. Esto significa que permiten colocar zonas verdes donde antes era imposible.
  • Refrigeradores al natural. A gran escala, reducen el efecto “isla de calor”. Así, absorben las altas temperaturas y ayudan a nivelar el ambiente.
  • Purificadores del aire. Un jardín vertical instalado en un edificio de cuatro pisos es capaz de filtrar anualmente 40 toneladas de gases nocivos (como el dióxido de carbono, CO2), asegura el Taller; además, atrapa y procesa hasta 15 kilos de metales pesados.
  • Pulmones en la metrópoli. Cada metro cuadrado de vegetación instalado genera el oxígeno requerido por una persona y capta cerca de 130 gramos de polvo por año.

FRIDA NOCETOMA