Prision Art, talento de alto valor social

Un pedazo de pluma, una aguja de coser, el tubo de una pluma, el motor de una secadora de pelo y el resorte de un encendedor, son los instrumentos que utilizan algunos reos para crear máquinas de tatuajes.

Prison Art es una marca que ofrece carteras, bolsas, porta iPads, maletas, zapatos, cinturones, chamarras y muebles de producción artesanal pero con un rasgo muy particular: todas las piezas son de piel están tatuadas a mano en la cárcel.

Proyecto de Arte Carcelario (PROARCA) es un negocio que emprendió Jorge Cueto-Felgueroso bajo la idea de evitar la desintegración de las familias de los reos y dotarlos de un ingreso para su estancia en el penal.

“Somos una fundación enfocada en ayudar en la rehabilitación de presos que están en penales mexicanos, la fundación se fundó hace dos años y trabaja en 6 penales diferentes; lo que buscamos es rehabilitar y reintegrar a la sociedad a los presos a través de la capacitación y de este proceso de hacer las bolsas y los accesorios en este sistema que nadie más utiliza en el mundo que es tatuar la piel”, destacó Cueto-Felgueroso.

Todos los productos se comercializan bajo la marca Prision Art en diferentes tiendas de la republica ubicada en Playa del Carmen, San Miguel de Allende, el Aeropuerto de Cancún, una en el DF en Isabel la Católica y una en Mayacoba.

Esta idea nace de la necesidad de que los programas de rehabilitación sean reales, hoy en día los programas de rehabilitación que ofrece el gobierno están totalmente rebasado, contrario a lo que el gobierno nos dice, los penales son universidades del crimen y lo que consideramos es que se tenía que hacer una reforma desde el interior, hacer algo que le diera a la gente un proceso de rehabilitación y de capacitación interno para que cuando saliera realmente tuviera una opción de trabajo real”

Los precios de los productos van desde 1,500 pesos hasta 6,500 pesos, los trabajos más elaborados como muebles tienen un costo en dólares. Todos los productos tiene la característica de que son únicos e irrepetibles, en palabras de Jogue “es como llevar un tatuaje”.

Los ingresos de las ventas se destinan al pago del tatuador, también a la familia del preso, el proceso de maquila, la materia prima, renta de los locales y para continuar el trabajo de la fundación.

Más que un negocio de vender bolsas, esto es un programa de capacitación y rehabilitación y lo que nosotros buscamos es trasmitir eso al precio de los productos, la manufactura es de primer nivel, son productos que no tienen nada que envidiar a una marca de lujo y eso nos lleva a un precio por el diseño, la manufactura y el concepto”

A los tatuadores se les paga por trabajo entregado y pueden tardar desde una semana hasta un mes en entregar piezas. El proyecto total de la marca está pensado para tener 14 tiendas, ahora cuenta con cinco, buscarán abrir una más en México y las que faltan buscarán abrirlas en el extranjero.

Cada tienda que tiene la fundación está calculada para mantener a un número determinado de presos, “cuando abrimos la primera tienda estaba calculada para mantener a 50 personas aproximadamente, hoy en día la fundación tiene más de 200 personas trabajando en diferentes penales. La fundación es autosustentable y no busca ningún apoyo del gobierno”.

“Con la fundación y la marca queremos demostrar a México y al mundo que si tú das los elementos a la gente en esa situación, la gente responderá de manera favorable porque esto también es un proceso de sanación”, finaliza Jorge Cueto-Felgueroso