Campo sano, sin proteccionismo que amenace

Hoy en día el campo es uno de los principales motores de la economía en México. Es capaz de producir el excedente indispensable para un desarrollo económico sostenido; poco a poco ha estado dejando atrás la asimetría que le caracterizaba para dar paso a niveles no imaginados de conocimiento y capitalización que le ubican a la par de sus competidores a nivel mundial y como una de nuestras fortalezas.

Para Eduardo Orihuela Estefan, presidente de la Confederación Nacional de Propietarios Rurales (CNPR), dicho desarrollo data de hace 23 años, fecha en que entrara en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y cuya continuidad hoy está en entredicho.

“Gracias a la estructura económica de nuestro país, a la capitalización del campo y al Tratado, fue posible la integración de otras economías, todas ellas muy importantes y de las cuales nos convertimos (México) en principales proveedores”

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, sus políticas proteccionistas y la evidente renegociación del TLCAN, a diferencia de muchos, Orihuela se muestra optimista, “es la oportunidad perfecta para generar reflexiones e implementar estrategias que fortalezcan el campo”, expresa.

Debido a que más de 80% de nuestras exportaciones agroalimentarias van hacia Estados Unidos es deseable, de acuerdo con Orihuela, reducir dicha dependencia, ampliar la perspectiva y encontrar nuevos mercados. En ese sentido, cree que los asiáticos son una excelente alternativa.

La coyuntura actual, prosigue Orihuela, representa una gran oportunidad para los productores que trabajan en el país y para los connacionales que regresan, principalmente de EU, quienes pueden invertir en el campo, generar productos con la mira en líneas de comercialización importantes y exportación para que el sector primario en México siga creciendo.

No todo el campo es pobre

Cuando se habla del campo en México es muy común que se caiga en el lugar común de calificarle como limitado e incapaz de competir, cuya pobreza es extrema y las posibilidades de romper con el círculo vicioso son nulas. Sin embargo, hay cifras que demuestran lo contrario, sobre todo en productos como el aguacate y las berries.

“El pequeño productor puede ser parte de cadenas de valor, acceder a la exportación, ganar dinero por estar en el sector, ser rentable y aspirar a tecnificarse y capacitarse”, afirma Eduardo Orihuela Estefan, presidente de la Confederación Nacional de Propietarios Rurales (CNPR).

El aguacate es uno de los productos estrella del país, debido a que es generador de trabajo y riqueza. Tan sólo en el marco del Super Bowl se publicó que en Estados Unidos se consumieron 100 mil toneladas de este fruto.

En Michoacán, principal entidad productora de aguacate, de la superficie total de dicho cultivo, 80% está en manos de productores de menos de cinco hectáreas, es decir en su mayoría son pequeños productores.

En lo que respecta a las berries, este es un mercado sui generis, nacido hace 26 años gracias a la iniciativa de Pepe Cacho, un empresario que identificó que había las condiciones necesarias para iniciar con las plantaciones. Hoy, México es el cuarto productor mundial de berries. Del total de la superficie de dicho cultivo, 75% está en un productor de 1.5 hectáreas.