EL LADO B: Hilda Téllez, defensora de los derechos 

0

La defensora de Derechos Humanos, Hilda Téllez habla de la maternidad, de su pareja y de su papel como activista social 

En pleno siglo XXI, donde se pensaría que las libertades son inherentes a todo ser humano, Hilda Téllez Lino, primera visitadora general de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, afirma que no hay cosa más maravillosa que visibilizar su amor con emancipación y experimentar su vida en pareja con plenitud y gozo.

“Quiero muchísimo a la persona con la que comparto mi vida. Mi esposa es un ser admirable a quien respeto como a nadie. Somos dos mujeres que se aman y que han logrado integrar una familia maravillosa. Mi mayor orgullo es vivir mi amor en libertad”.

Su familia, integrada por tres hijos y una nieta, por parte de su pareja, y un hijo más, por parte de Hilda, es diversa y recompuesta “no tiene nada de extraordinario y, sin embargo, busca sumar en la construcción de un espacio más equitativo”.

La también activista social es una mujer que no para de moverse, en continua transformación y con inquietudes diversas: equidad de género, feminismo y el respeto a los derechos humanos. Ha trabajado en causas sociales desde muy joven y se siente profundamente comprometida con la sociedad de la que forma parte.

“Es maravilloso el dinamismo con el que podemos reinventarnos. Además de altamente dignificante, saber que con tu trabajo y hacer lo que amas también estás sumando a un cambio,” comenta.

Un mundo donde la maternidad sea elección

La maternidad siempre tendría que ser la opción elegida y no la solución a un error en el método anticonceptivo, ni la consecuencia de un delito tras el cual, la víctima no tiene la oportunidad de acceder a la interrupción legal del embarazo. O bien, porque se cree que ya se está en “una edad” donde el reloj biológico está llegando a su fin y “debo embarazarme, pase lo que pase…”

Afirma que hay muchas maneras de vivir la maternidad, que ninguna es correcta o incorrecta, que es una idea personal y una manera en la que cada una de las mujeres “nos vamos construyendo de manera distinta”.

Hilda sabe que se puede no ser la madre perfecta y de hecho parte, de que no existe la perfección, sin embargo, comenta, “el mejor reflejo de mi actuar como madre es ver a mi hijo en su día a día, indignándose con las injusticias, luchando por los derechos de otros, con ganas de estudiar Sociología y viviendo en libertad. Me siento muy orgullosa del joven en que se ha convertido.”

Valentina y la esperanza

Más allá de su desarrollo profesional, Hilda disfruta los cambios que acontecen en su vida personal. Hoy se incorpora a su familia una nieta. Ha sido un proceso de aprendizaje impresionante, donde las preguntas no paran y la inquietud es fundamentalmente entender cómo ayudar a que se pierdan los miedos, sobre cómo hablamos a los niños y las niñas de la diversidad.

“Cómo le explicas a tu nieta y a sus amigos que tiene dos abuelas.”

Como abuela, narra Hilda “soy todo un caso, súper consentidora… Valentina vive con nosotras, junto con la hija de mi pareja y es el centro de atención”.

Me jala el dedo, voltea, como diciendo: deja tu celular y persígueme; y todo se torna en correr detrás de ella, jugar, enseñarle los colores. Tiene un año, nueve meses está en un ideal fenomenal, donde lo único que te regala es amor y energía.

Y yo, concluye Hilda, “me siento profundamente agradecida pues, después de trabajar con mucho dolor durante el día, llegar y ver su sonrisa es conectarme con la paz y con la esperanza. Mi parte de abuela la vivo con mucha esperanza”.