¿Nosotros somos el cáncer del planeta?

0

“El equilibrio de la naturaleza estipula que la súper abundancia de sueños se paga con el aumento de las pesadillas.”
Peter Ustinov

Armando Nuricumbo
Miembro del Consejo Editorial de Mundo Ejecutivo y Socio Director de la firma de consultoría Nuricumbo + Partners
www.nuricumbo.com

Veo hacia fuera por la ventana de mi casa en la Ciudad de México y me encuentro con dos visiones totalmente contradictorias. Por un lado, los contagios y las defunciones causadas por esta pandemia están en su punto más alto. Los pronósticos son reservados. Las cifras oficiales y no oficiales son aterradoras. No hay ninguna certeza de que podamos desarrollar una vacuna en el corto plazo, ni de que vaya a ser realmente efectiva. Estamos destinados a entrar a una nueva normalidad muy diferente de la que teníamos hace tan sólo tres meses.

Por otro lado, por esa misma ventana, veo un cielo más azul que nunca. Un sol majestuoso y esperanzador. Un aire mucho menos contaminado. Escucho todo tipo de aves cantando sin cesar todo el día. Hay menos ruido y se respira menos estrés. Es como si la naturaleza tomara esta pausa de cinco minutos para mostrar las pruebas irrefutables de que nosotros, la actividad humana, somos causantes de un daño enorme a este planeta.

Nueva conciencia

En China, se estima que los niveles de contaminación descendieron alrededor de 25% durante la etapa de confinamiento. Pienso que dentro de las pocas cosas buenas que podrían surgir de esta pandemia sería, una nueva conciencia sobre cómo debemos reinventar nuestra relación con la naturaleza.

Podemos darle un buen empujón a la tendencia hacia el trabajo remoto; terminar de forma definitiva con nuestra adicción por juntas presenciales y enfocándonos más hacia objetivos y resultados concretos. Hoy, muchos de nosotros tenemos la fortuna de estar trabajando más que nunca desde casa, y quizás esa tendencia puede continuar. Estoy casi seguro de que millones de empleos en el mundo no regresarán en su forma tradicional, pero sí lo harán en versiones más flexibles, productivas y eficientes. Para las grandes metrópolis del mundo, las oportunidades son enormes. Menos automóviles. Menos horas perdidas en desplazarse al trabajo. Menor contaminación del ambiente. Servicios de transporte menos saturados. Mayor calidad de vida. Ese sería un sueño para un lugar como la Ciudad de México.

►TE PUEDE INTERESAR►ESTADOS UNIDOS Y CHINA, LA GUERRA QUE NADIE QUIERE

Sin embargo, si la historia nos indica algo, es que ese cambio de conciencia no se dará. O por lo menos, no se dará tan fácilmente. Somos una especie que se empeña en la autodestrucción. Vivimos la pandemia de 1918 y hoy cometemos muchos de los mismos errores. Vivimos la Segunda Guerra Mundial y hoy vemos florecer muchas de las mismas tendencias que nos llevaron a ese conflicto.

Impacto del Cambio Climático

Sabemos de nuestro impacto en la Tierra y vemos muchos líderes negando el calentamiento global. El tipo de disrupción que hemos presenciado en las últimas semanas ha sido inaudito. Millones de empleos perdidos. Industrias que no se recuperarán en años. Recesión y pobreza a la puerta. Sin embargo, este nivel de disrupción no es nada comparado con lo que podríamos estar enfrentando en veinte o treinta años debido al Cambio Climático. ¿Se imaginan el impacto de que algunas de las principales ciudades del mundo, como Nueva York, Londres o Hong Kong fueran inundadas por completo?

Tengo la esperanza de que esta pandemia ponga muchas cosas en su lugar: Nuestras prioridades. Nuestras familias. Nuestras obsesiones. Nuestros miedos. La importancia de la ciencia. Las mentiras de los líderes mediocres.

Quizás haya todavía una minúscula oportunidad para cambiar el inexorable andar de las cosas y demostrar, contra toda evidencia y pronóstico, que el cáncer en este planeta no somos nosotros.

►TE PUEDE INTERESAR►¿PODEMOS VIVIR REALMENTE SOLOS? NO DEJEMOS MORIR AL MULTILATERALISMO