Hong Kong o el encanto de la nueva Guerra Fría

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China, antepone sus prioridades y ambiciones por encima de compromisos multilaterales, y lo hace a través de Hong Kong. Las siguientes son algunas opiniones de Armando Nuricumbo

Armando Nuricumbo
Miembro del Consejo Editorial de Mundo Ejecutivo y socio director de la firma de consultoría Nuricumbo + Partners
www.nuricumbo.com

“¿Qué es la libertad si no el derecho de decir a otros lo que no quieren escuchar”
George Orwell

El pequeño territorio de Hong Kong, con sus mil 106 kilómetros cuadrados de superficie y  7.5 millones de habitantes, se ha convertido, en estas semanas, en la mejor representación de la nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China.

Hace 180 años, Hong Kong era la imagen de un proceso opuesto: China en declive y derrotada, debido a la corrupción interna, a la incompetencia administrativa de la dinastía Qing, y a un occidente imbatible (representado por Gran Bretaña), gracias a los avances tecnológicos de la Revolución Industrial y su rápida y eficiente aplicación para fines militares.

Después de salir victoriosos en la Primera Guerra del Opio (1839-1842), los ingleses toman posesión de Hong Kong. Más de 50 años después, el 9 de junio de 1898, las partes firman la Convención para la Extensión del Territorio de Hong Kong, mediante el cual, China cedía en arrendamiento gratuito Hong Kong y algunos territorios aledaños, por un período de 99 años.

Y como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, ese período de 99 años terminó y Hong Kong tuvo que ser regresada a China el 1 de julio de 1997. Sin embargo, las partes establecieron un acuerdo para garantizar la permanencia del status quo en Hong Kong, a pesar de su transferencia a China. El 19 de diciembre de 1984 se firmó en Pekín la Declaración Conjunta del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y el Gobierno de la República Popular de China sobre la Cuestión de Hong Kong.

Dicho documento establecía el concepto fundamental de Un país. Dos sistemas, bajo el cual Hong Kong se consideraría una Zona Administrativa Especial, en donde se respetaría el sistema capitalista, la propiedad privada, la libertad de empresa, así como ciertos derechos humanos y políticos básicos. El acuerdo era que, durante un período de 50 años (a expirar en 2047), China no haría ningún cambio de fondo en Hong Kong, en ninguno de estos aspectos.

Hace un par de semanas, el gobierno de la República Popular de China anunció la creación de una nueva ley de seguridad, emitida desde Pekín, ignorando totalmente el proceso legislativo local de Hong Kong, y rompiendo el acuerdo histórico de no provocar cambios importantes hasta 2047. Esta ley criminaliza cualquier acto que ponga en riesgo la soberanía nacional, la unidad territorial o la paz pública.

Como todas las leyes de seguridad, es suficientemente ambigua para poder aplicarse de forma selectiva a adversarios políticos, reducir la libertad de expresión e incrementar el control político. Se trata sin duda, de una acción perfectamente calculada por China, con el objeto de medir la reacción real, más allá de la pura retórica, por parte de occidente.

Este acontecimiento muestra una posición mucho más firme y asertiva de parte de China; anteponiendo sus prioridades y ambiciones por encima de compromisos multilaterales o de su reputación en la comunidad internacional.

China seguirá buscando formas de impulsar los cambios que le son convenientes, ante un Estados Unidos que ya no quiere o no puede ser el líder del mundo. Será interesante observar si algún otro país en occidente puede tomar ese liderazgo. Hong Kong es tan sólo una prueba y hoy parecen estar más solos que nunca.

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