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El Espejo de Líbano

Por: Colaborador 26 Ago 2020

Lo que en un principio parecía un ataque terrorista, está revelando algo incluso peor: Una tragedia de proporciones cataclísmicas causada por corrupción y negligencia gubernamental […]


El Espejo de Líbano
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Lo que en un principio parecía un ataque terrorista, está revelando algo incluso peor: Una tragedia de proporciones cataclísmicas causada por corrupción y negligencia gubernamental

Armando Nuricumbo
Miembro del Consejo Editorial de Mundo Ejecutivo y socio director de la firma de consultoría Nuricumbo + Partners
www.nuricumbo.com

“El primer deber del gobierno es proteger a los débiles de los poderosos”
Código de Hammurabi

Los sucesos en Beirut son un triste recordatorio de lo que puede llegar a pasar cuando un gobierno -junto con el resto de los actores políticos de un país- dejan de ser eficientes en su operación al grado de no poder llevar a cabo las funciones más básicas de seguridad.

Lo que en un principio parecía un ataque terrorista está revelando algo incluso peor: Una tragedia de proporciones cataclísmicas causada principalmente por corrupción y negligencia gubernamental. ¿Cómo es posible que una carga de casi 3 mil toneladas de nitrato de amonio nunca haya sido transferida a algún lugar más seguro después de ser incautada de un barco ruso hace más de seis años? ¿Qué lleva a un gobierno a alcanzar tales niveles de ineficiencia y pasividad?

Según un informe de The Guardian, personal del puerto de Beirut advirtieron varias veces por escrito del enorme peligro de mantener esta mercancía en sus bodegas. Esas advertencias llegaron incluso al poder judicial, pero nunca nadie hizo nada.

Transparencia, aún hay trabajo por hacer

Existen varias similitudes entre los retos que enfrenta Líbano y los que enfrentamos aquí en México: En temas de transparencia, por ejemplo, Líbano ocupa el lugar 137 mientras que México ocupa el lugar 130 en la lista de Transparency International. Según esta misma lista, en México 34% de la población reporta haber tenido que pagar a algún servidor público para poder obtener un servicio en los últimos 12 meses, mientras que en Líbano ese porcentaje es del 41 por ciento.

Aunque la economía de Líbano es mucho más pequeña que la de México, sus ingresos per cápita a precios actuales (2019, nominal, Banco Mundial) son cercanos: 7 mil 784 dólares en Líbano contra 9 mil 863 dólares en México.

Finalmente, de acuerdo al listado del World Justice Project sobre Respeto al Estado de Derecho, Líbano ocupa el lugar 96 de 128 países, mientras que México está en el lugar 104. Dicho sea de paso, Dinamarca, Noruega y Finlandia ocupan los primeros tres lugares en esta lista, mientras que la República Democrática de Congo, Cambodia y Venezuela ocupan los tres últimos.

Economía en decadencia

El Banco Mundial estima que este año el 50% de la población de Líbano podría caer debajo de la línea de pobreza. Incluso antes de que comenzara la pandemia de Covid-19, la economía libanesa ya había entrado en crisis. La libra libanesa se ha devaluado 85% en los últimos doce meses y la inflación empieza a salirse de control, llegando a tasas de 50% mensual y quizás más de 600% anualizado. De ser la “París del Medio Oriente”, Líbano podría convertirse muy pronto en la Argentina o Venezuela de la región.

Beirut ya se ha acercado a instituciones financieras internacionales para solicitar financiamiento que ayude a resolver esta crisis. Sin embargo, instituciones como el Fondo Monetario Internacional han puesto como condición para iniciar el diálogo la implementación de reformas estructurales en el sector público, particularmente en la lucha contra la corrupción.

Líbano hoy nos enseña muchas cosas

Tener un gobierno eficiente y funcional no es un lujo, sino una cuestión que puede ser de vida o muerte. Construir la prosperidad de un país tarda muchos años, pero destruirla puede ocurrir en cinco minutos. Tener una sana competencia entre diferentes fuerzas políticas en un ambiente democrático es fundamental para premiar o castigar a través del voto a nuestros gobernantes.

La corrupción, la negligencia y el poder absoluto van de la mano. Como sector empresarial, tenemos la enorme responsabilidad de levantar la voz para señalar estos temas. No dejemos que estas lecciones pasen desapercibidas.

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