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La reputación de la ministra

Por: El Consejero 18 enero 2023
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La reputación de la ministra

La ministra no puede ser destituida, ni despedida. Las autoridades se pasan la papa caliente: la UNAM confirmó el plagio dado a conocer por Guillermo Sheridan, pero se declaró impedida para invalidar el título, y la SEP dice que debe haber una resolución judicial,

“No tengo de qué avergonzarme” fue lo mejor que se le ocurrió decir a Yasmín Esquivel Mossa al ser entrevistada por Milenio Televisión al llegar a la sede de la Suprema Corte, en su primera declaración cinco días después de que la Facultad de Estudios Superiores Aragón confirmó que su tesis de licenciatura de 1987 es un plagio de la de Ulises Báez de 1986. Muy ufana, apegándose a la legalidad, argumentó que ni siquiera le han notificado de dictamen alguno.

La ministra no puede ser destituida, ni despedida. Las autoridades se pasan la papa caliente: la UNAM confirmó el plagio dado a conocer por Guillermo Sheridan, pero se declaró impedida para invalidar el título, y la SEP dice que debe haber una resolución judicial, es decir, que la universidad denuncie los probables hechos constitutivos de delito que, en el caso específico de la tesis, ya prescribieron.

El presidente López Obrador ha defendido a medias a la togada -sabido desde antes de que llegara a la Corte que es esposa de José María Rioboó, su contratista favorito-, atribuyendo el descubrimiento del plagio a ataques de los conservadores, pero jamás negando que hubiera plagio ¿Algún otro personaje público defiende a la ministra?

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El pasado 11 de enero cuando la FES Aragón informó que su tesis era “copia sustancial” de otra previa, lo mejor que pudo haber hecho la ministra como control de daños era renunciar ese mismo día, irse a encerrar en su casa y aguantar el vendaval, que sería temporal.

Después de un tiempo vendrían los nombres de los probables relevos, la terna presidencial, la votación y el nueva ministra o ministro. Yasmín Esquivel quedaría en la anécdota, tal vez en el olvido o, quién sabe, reaparecer reconstruida y corregido el error de juventud.

Pero no ha sido así. La ministra ha optado por evadir su responsabilidad, negar la falta y hacerse la víctima. Yasmín Esquivel probablemente cree que con el tiempo se olvidará que hay una ministra de la Suprema Corte que se tituló con una tesis plagiada. De ese tamaño es la irrelevancia que da a su encargo y a su persona.

Entre los requisitos para ser electo ministro de la Suprema Corte enumerados por el artículo 95 constitucional, se encuentran contar con título de licenciado en derecho y gozar de buena reputación.

El primero parece factible que lo mantenga, pero la segunda ya no la tiene y, de aferrarse al cargo, irá de mal a peor de manera permanente, para desgracia de ella y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Una vergüenza que se apellida García Luna

Luego de tres años de espera, finalmente el otrora hombre fuerte en la seguridad de nuestro país durante el sexenio de Felipe Calderón, fue presentado ante una corte de Nueva York en donde enfrentará cinco acusaciones, cuatro de ellas que lo ligan con el trasiego de drogas hacia la Unión Americana y uno más por haber mentido a las autoridades migratorias de ese país cuando solicitó la nacionalidad estadounidense en 2018.

El panorama para García Luna se vislumbra lo que le sigue de negro. Enfrenta un juicio en el que se le vincula con el Cártel de Sinaloa, entonces encabezado por Joaquín el “Chapo” Guzmán, el cual a cambio de portafolios repletos de dinero habría comprado la buena voluntad del funcionario quien en correspondencia volteó para otro lado mientras la agrupación criminal desplazaba grandes cargamentos de drogas al otro lado de la frontera.

Un jurado integrado por 12 ciudadanos neoyorkinos será el responsable de determinar, a partir de las acusaciones de la fiscalía, el grado de responsabilidad de García Luna, de quien si nos atenemos a la información filtrada estaría sumido en un pozo sin fondo.

Un expediente con más de un millón de hojas, centenares de grabaciones interceptadas, fotografías, videos, así como información extraída de computadores y teléfonos recopilados por la parte acusadora daría cuenta de ello.

Es mucho lo que está en juego para el exsecretario quien, pese a la propuesta del Departamento de Justicia de Estados Unidos para convertirse en testigo cooperante, optó por ir a juicio, una jugada que de salirle mal podría conducirlo a una condena de cadena perpetua, lo que ha llevado a los analistas a especular que finalmente aceptará la propuesta recibida por parte de las autoridades, sólo que estaría buscando mejores condiciones.

Así como sus antiguos socios fueron los encargados de ponerle el dedo a García Luna, derivados del juicio al “Chapo”, las expectativas de la fiscalía es que este apunte a quienes se beneficiaron también de sus movimientos, funcionarios de ambos países que no le vendrían mal como trofeo a la alicaída administración de Joe Biden.

Nada le gustaría más a los “sabuesos” del Departamento de Justicia que el ex secretario de Seguridad involucrara a los entonces presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, algo que se ve difícil pero que de ocurrir ayudaría a García Luna a recobrar su libertad en un periodo cercano a los siete años.

Entre noviembre de 2018 y febrero de 2019 se celebró también en Nueva York el llamado “Juicio del Siglo”, Joaquín Guzmán Loera terminó siendo condenado a cadena perpetua más cincuenta años, el responsable de enviarlo a prisión fue Brian Cogan, el mismo juez al que hoy se enfrenta García Luna, difícilmente alguien conoce mejor que él todos los hilos del asunto. La suerte quien fuera el brazo derecho de Calderón está prácticamente echada.

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