El Open Banking de dos velocidades

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El Open Banking tiene como obejtivo el empoderameinto de los usuarios y brindar servicios personalizados con base en los datos

Pablo Viguera
Co-fundador de Belvo 

Ante las nuevas reglas sobre el modelo de Open Banking o banca abierta impulsadas por la la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y publicadas el 4 de junio de 2020 en el Diario Oficial de la Federación (DOF) -en el que se indicaron las reglas para el intercambio de información entre entidades financieras referente a los datos abiertos, cabría destacar que la realidad de la puesta en marcha en México es aún muy incipiente.

El artículo 76 de la Ley fintech, establece que todas las entidades financieras están obligadas a compartir información por medio de Interfaces de Programación de Aplicaciones (APIs) los cuales pueden ser de tres tipos: i) los datos financieros abiertos, que son aquellos como productos y servicios que ofrecen, ubicación de cajeros y sucursales, etc.; ii) los datos financieros agregados, los que muestran una estadística generalizada de sus operaciones y; iii) los datos transaccionales, relacionados con la operativa de los productos y servicios por parte de los usuarios.

Si bien la publicación reciente de la normativa relativa a los datos abiertos es un gran paso y una buena noticia para el Open Banking en México, muestra que aún falta mucho para lograr un marco completo, eficaz y, lo más importante, que esté completamente implementado, en donde se incluyen también los datos financieros agregados y los datos transaccionales. El camino marcado y las intenciones son claras pero la realidad es que aún queda mucho camino por recorrer.

Datos financieros abiertos

Lo que se ha publicado recientemente sobre el intercambio de datos abiertos tiene un alcance muy limitado de productos que aportan un valor para los usuarios finales, ya que no los empodera a través de sus datos para obtener productos más eficientes y mejor adaptados a sus necesidades.

En el caso de los datos financieros abiertos, que son aquellos relativos a productos y servicios; ubicación de oficinas, sucursales, así como de cajeros automáticos, dicha información se puede encontrar en los propios sitios de los bancos y tener acceso a ella en cualquier momento, por lo que no suma un nuevo valor al usuario.

Luego debe llegar la publicación de los estándares de las APIs sobre los datos agregados que, aun así, siguen generando un valor muy limitado a los usuarios finales, puesto que se trata de datos generales, resumen, en términos absolutos y más orientados a la estadística.

Sobre los datos transaccionales, que se refieren a la información operativa de una persona, donde específicamente un usuario comparte – con su consentimiento –  con el banco en qué gasta, cuánto gasta, cómo gasta, que movimientos tiene en sus productos financieros, etc. es aquí donde se tiene que poner mayor velocidad, puesto que lo que persigue la banca abierta es empoderar a los usuarios finales con sus datos y poder compartirlos con terceros para poder tener acceso a diferentes y mejores productos en un campo de juego más democratizado, donde los datos personales y transaccionales actúen como carta de presentación.

Open Banking y su valor

El verdadero valor del Open Banking va más allá de la ubicación de un cajero o de los productos que ofrece una entidad o cuántas transacciones hacen al día – es brindar servicios personalizados con base en sus datos y, así, agilizar o crear servicios de acuerdo a sus necesidades y eso, no se contempla hasta la tercera fase – que, al día de hoy, no se sabrá cuándo llegará.

Más allá de esta normativa en varias velocidades existe la incógnita de la implementación. Los estándares están, pero, ¿cuándo se pondrán en práctica?, ¿las entidades tienen los incentivos y los recursos técnicos para llevarlo a cabo?, ¿qué sucede ante un incumplimiento de publicación de APIs abiertas?

Aún quedan muchas dudas, no sólo en la velocidad de la norma, si no en la implementación por parte de las entidades financieras que podrían resultar aún con mayores retrasos en un uso generalizado y práctico del Open Banking para los usuarios finales.

Ejemplos para México

En muchos sentidos, México podría mirar a algunos países de su entorno para planificar la puesta en marcha real del Open Banking.

Por ejemplo en temas de velocidad en implementación de normativas y ejecución de las mismas es Brasil, a pesar de la pandemia, ya que la regulación de dicho país tiene un alcance más amplio y un fuerte enfoque en las cuentas (agregación de datos) y funciones de pago y depósito (iniciación de pago), muy cerca del enfoque europeo y de U.K, de ahí su hincapié en crear un organismo de gobierno que dé forma a la banca abierta desde una perspectiva estratégica, administrativa y técnica.

Aunque la regulación de dicho país consta de 4 fases, Brasil está muy comprometido con las fechas límites, incluso llegando a publicar antes de las fechas establecidas.

Asimismo, el cumplimiento de los tiempos que se han planteado desde la implementación del Open Banking dentro de la Ley Fintech en México, se habían informado con unos tiempos muy concretos, desde la publicación de las APIs hasta cuándo tienen los bancos y/o entidades que implementar, y han existido notables retrasos en varios frentes.

Esto contrasta con lo visto en Brasil donde con una agenda que engloba un mayor elenco de datos y funcionalidades (p. ej. pagos instantáneos) los tiempos, de momento, se han cumplido.

Una puerta con gran futuro

Sin duda, el Open Banking promete un gran futuro para el sector financiero en el país y la oferta de productos con base en el intercambio de información, sólo que para que sea una realidad, será necesario un compromiso por parte de todos los jugadores para poner el pie en el acelerador y agilizar la implementación por fases, para que los datos por transaccionalidad sean el paso a la verdadera evolución. Para ello estará Belvo con la infraestructura lista para que sea una realidad.

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