Ética y personalidad para los negocios

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Empresarios y emprendedores deben separarse del egoísmo actual en las relaciones personalesGERARDO MARTÍNEZ CRISTERNA*La primera experiencia que tenemos todos los seres humanos, una vez que nacemos, es el olvido. Nos falta conciencia para poder saber cómo fue nuestro advenimiento a la existencia; conciencia para poder sobrevivir.

Empresarios y emprendedores deben separarse del egoísmo actual en las relaciones personalesGERARDO MARTÍNEZ CRISTERNA*La primera experiencia que tenemos todos los seres humanos, una vez que nacemos, es el olvido. Nos falta conciencia para poder saber cómo fue nuestro advenimiento a la existencia; conciencia para poder sobrevivir. Recibimos cuidados por parte de los otros, ya sean nuestros padres, abuelos, parientes o servidores sociales.Al nacer, requerimos formas básicas de subsistencia, las cuales tuvieron que estar ya presentes para que la vida de cada uno de nosotros pudiera alcanzar las siguientes etapas de desarrollo. En esos instantes tan importantes de la existencia, necesitamos algo para comer, algo para vestir, algo para soportar el frío y algún espacio que tal vez pudimos llamar hogar; elementos que –en su conjunto– fueron el principio de lo que somos hoy.Sin duda, desde un inicio, la posibilidad de nuestra existencia se dio gracias a que había otros que se preocuparon por nosotros. No tuvimos conciencia de ello y tal vez sigamos sin tenerla, pero es necesario recordar de alguna forma a las personas que cuidaron de nosotros.En algún momento vendrían nuestras grandes preguntas, a las que trataríamos de responder con las pocas o muchas herramientas que tuviéramos; pero fue necesario adquirir una experiencia de vida inicial para darnos siquiera cuenta de que necesitamos de un “yo” para diferenciarnos de los otros; y es con ese “yo” con lo que nos identificamos.Esto demuestra que el “yo” es una conquista “secundaria” respecto de nuestra constitución existencial y que hemos necesitado de personas para subsistir. El “yo” nos sirve para tener un espacio de identidad al lado de las millones de personas que nos acompañan en el mundo; nos sirve para comprendernos.Pero todo ello ha sido posible debido a que primero fuimos atendidos por alguien que no éramos nosotros mismos; de ahí que no se conciba una conciencia madura que pueda decir que podemos existir de forma autónoma y que no hemos dependido de los otros para nuestra supervivencia. Nadie comienza por sí mismo, desde el principio somos más de uno; y al reconocer esto nos encontramos ante la necesidad de asumir una ética de responsabilidad en busca del bienestar general, y no solamente de un beneficio para nosotros como personas individuales.Aquel que piensa en los otros como seres que lo acompañan en el mundo, se separa del egoísmo que ha contaminado a las relaciones personales. Se está introduciendo en el “Bien”; en “algo que se eleva más allá de la esencia en cuanto a dignidad y potencia”, como ya lo decía Platón desde “La República”. Nos elevamos hasta el grado más alto del “yo”, y lo hacemos de manera radical para construir un futuro que valdrá la pena vivir.Toda persona se encuentra inmersa en una clara responsabilidad, pues al ejercer su capacidad de pensar, se tiene que ocupar de aquellos que están incluso más allá de su entorno de vida. Es imprescindible preguntarse constantemente: ¿A quién afectarán mis acciones?, es decir, ¿hasta dónde llegan las consecuencias de mis actos?Con estas preguntas morales, se atiende directamente el estado de la otredad: estamos sujetos a los demás, sujetos en un lazo ético y moral que nos compromete a revisar la situación en la que se encuentran todos los miembros de la sociedad, con seriedad y sin fanatismos.La ética a la que apelamos está siempre por efectuarse, pues requiere prestar atención a cada uno de los acontecimientos que ponen en peligro las relaciones humanas, y no atiende a los intereses personales del “yo”.Hablamos de modos de vida expresamente aterrizados en el bienestar de la humanidad. Nuestro pensamiento está dirigido a lograr que tanto los que habitamos hoy el mundo, como los que nos sucederán, tengamos un lugar en el que valga la pena vivir.*Fundador y presidente de la Fundación Ética Mundial de México